El callejón de los ciegos

Wilhelm-Freddie

Una pareja de ciegos hace el amor de pie, en el callejón. El hombre se afana detrás de la mujer, como si tratara de coronar una montaña, sus dedos resbalan en la tierra del deseo. Paso en silencio. Tropiezo con un bulto, tal vez su equipaje de vagabundos. Los ciegos se detienen un instante, giran la cabeza como pájaros y en mi delirio creo que sus ojos alumbran como tizones. Luego reanudan su asunto. Acosado por los gemidos, me alejo.

Triunfo Arciniegas

El gesto de la muerte

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Helmut Newton

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

No fue un gesto de amenaza —le responde— sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Jean Cocteau

 

La magia sexual

Norman Engel

El primer habitante del planeta, un ser elemental, un hombre celestial llamado Adán Kadmon, era originalmente un ser andrógino. Tenía la facultad de propagarse mediante la imaginación mágica: era a la vez el amante y el amado.

Al elegir el árbol del conocimiento, Adán cambió el mundo de los sentidos por el mundo de las ideas, la inocencia original por la conciencia de sí mismo, la integración sexual por el matrimonio de los opuestos, el paraíso por el amor y la dignidad del desamparo.

Pero hay retorno.

Es función de la magia sexual, en la conjunción de los cuerpos, recuperar el mundo de los sentidos, la inocencia, la reconciliación de los contrarios, el restablecimiento de la unidad original, y una vez conquistado el paraíso, terminar con el mito que hay dos sexos, cuando en realidad se trata de uno solo.

 

 

Inconciencia

Es muy simple. Fue Eva y no Adán quien probó primero del fruto del conocimiento; fue ella y no él quien tomó por vez primera comprensión de su propio ser y compartió la sabiduría con su pareja; fue la mujer y no el varón el primer ser humano consciente del planeta. Adán y sus hijos y los hijos de sus hijos jamás se lo perdonarán

Querida Cuca

Peter Dove

Desde los bajos fondos de una ensalada de lechuga y jitomate,

ataca cucaracha hembra, peluda, parda, adulta, incivil y hambrienta.

De buenas a buenas la ingrata devora mi merienda sin tomarme en cuenta.

Si por lo menos pidiera permiso con gusto la hubiera invitado.

No lo hizo. Pagará caro el atropello.

Perforo con tenedor implacable las entrañas del insecto.

Violento charco amarillo acaricia los alimentos. No importa.

A la ensalada le faltaba condimento. Levanto el arma asesina y llevo la presa a mis ojos.

¿A qué sabrán las cucarachas? Peores cosas nos comemos.

¿Qué será pertenecer a su reino? Infiernos, seguramente infiernos, como el amor mal correspondido.

Nadie las quiere. Conforman el linaje más sombrío y marginal de los insectos.

Dueñas de la tierra desde el principio de los tiempos,

herederas de la misma cuando todo haya muerto,

guardan con Dios un oculto secreto.

Por eso son indestructibles, amorosamente fecundas, omnipresentes.

No importa lo que hagas. Siempre vuelven.

Acaso son espías del Creador, encubiertas, disfrazadas, vigías de nuestros pecados.

Acaso son ángeles caídos que aguardan como todos el juicio final y la rebelión de los justos.

Sin duda deben tener conciencia del asco humano, lo que les daría la dignidad del marginado. Si, como dijo el poeta, un ser caído en desgracia es siempre una entidad sagrada, entonces soy un criminal abyecto. Tal vez la entierre.

Sí, tal vez la entierre y guarde un minuto sin remordimientos.

Concluyo la ensalada con los dedos. Está buena. Tiene aroma de cementerio.

Leo un poema de Eduardo Lizalde:

Ramo de Tigres era el amor, según recuerdo.”

Así era el amor. Es cierto.

Hoy, en cambio, tiene el sabor de los insectos muertos.

Y, sin embargo, te extraño. ¿Cuándo nos vemos?

La vidente

Charles Hermans

- ¿Quieres casarte conmigo?

La vidente tiró las cartas y entre picas y copas vislumbró los hábitos incipientes del joven enamorado, el régimen de vida, la ocupación, la edad, las maneras, sus silencios, los pensamientos, los sueños, los insomnios, las casualidades, las lágrimas derramadas, los excrementos, los vómitos, la naturaleza de sus enfermedades, sus amores y destiempos, la ruina del pasado y el éxito del porvenir, los sudores compartidos, el enfriamiento, la fe, la tos, los estornudos, los gases silenciosos, los domingos de televisión, la familia, sus regalos, las hemorragias y las hemorroides, los sueños húmedos y los cálidos y los secos.

­­­´- No

Personas sacrificadas

Philippe PastorPhilippe Pastor

El único antídoto contra el temor de la muerte es que la vida se nos vuelva intolerable. Xantipa, la mujer de Sócrates, preveía que su marido sería obligado a beber la cicuta. Se dedicó a hacerle la vida imposible sólo para que, llegado el momento de morir, Sócrates viese en la muerte una liberación y tomara la cicuta con la parsimonia que tanto iban a alabarle.

Marco Denevi

La suerte de Anónimo

Broken Strings

Y entonces me gané la maldición: “De hoy en adelante, ningún lector, nacional o extranjero, generoso o miserable, notable o inédito, desobediente o sumiso, educado o incivil, virgen o libertino, infantil o taimado, holgazán o diligente, aristócrata o plebeyo, suave o inexorable, experto o pasajero, juicioso o perturbado, ningún lector estimará tus versos. Si acaso hubiera alguno – la insalvable excepción a la regla –, el desdichado morirá

Confesión

Viktor Vasnetsov

En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero Gontran D’ Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente, confesó que había vengado una ofensa; pues su mujer lo engañaba con el conde. Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda. -¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D’ Orville-. ¿Por qué me llenas de vergüenza?

-Porque soy débil -repuso-. De este modo me cortarán la cabeza, simplemente. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

Manuel Peyrou

Ulrich von Lichtenstein

Ulrich von LiechtensteinUlrich von Lichtenstein, hijo de la nobleza alemana, eligió como profesión la de poeta y como vocación el servicio amoroso a damas difíciles. Participó en varios torneos para ganar fama y estatura y poder valer y merecer. Cuando creyó llegado el momento eligió dama y le escribió una sentida balada, declarándose esclavo perpetuo. La mujer se quedó helada; el galán le parecía particularmente feo y sin gloria. Ante el desaire Ulrich reconstruye su cara y es otro. Inventando nueva personalidad vuelve a la carga con arrestos renovados. Te faltan hechos heroicos, responde la dama, conquístame.

Ulrich acomete cuanto torneo encuentra en su camino, llegando a vencer a cien lanzas sin derrota y así hubiera seguido indefinidamente si en el verano de 1227 no hubiera recibido una herida que le dejó un dedo torcido. Regresó a su tierra a contar sus hazañas pero la señora lo consideró un embustero. Entonces se corta un dedo y se lo hace llegar como trofeo y prueba, junto a un poema en verso. La dama considera que lo que ha hecho lo hubiera hecho cualquiera; es decir, desea hazañas irrepetibles. Ulrich se viste de Venus y como la diosa del amor combate en Venecia, Lombardía, Friul. Cuando cae derrotado regala al vencedor un anillo de oro, si vence, el caballero debe inclinarse a los cuatro puntos cardinales, reconociendo la belleza de su amada. Vive como venus veintinueve días. Harto de la mascarada se disfraza de leproso y por medio de una criada que lo reconoce conviene una cita con la dama.

Ya en su habitación, se arroja a sus pies y suplica el favor amoroso. La señora le pide la última proeza. Debe descolgarse por los muros del castillo y desandar el camino. Si lo consigue sin matarse recibirá su merecido. Ulrich se lanza hacia los fosos del castillo, mas pierde el equilibrio y cae. Milagrosamente no muere, pero el golpe le desbarata un amor y de pronto ya no siente.

Trece años han pasado desde la inflamación amorosa hasta este momento.

Cuando el mensajero de la señora bajó para invitarlo a subir a la alcoba, no encontró a nadie.

Ulrich había partido definitivamente a Viena, en donde encontró a una mujer fea pero más afecta a dar sus amores sin tantas complicaciones.

En la quietud del matrimonio se dio tiempo para escribir “El libro de las damas “, inspirado libro pedagógico que versa sobre el dolor del amor cortesano. Acaso sólo entonces fue feliz.