Cuando deje el mundo de los vampiros

Felix Bracquemond

Cuando deje el mundo de los vampiros llegaré a las puertas del cielo y el portero me preguntará:

___ ¿Respetaste puntualmente los mandamientos de Dios?

Naturalmente contestaré que no.

___ ¿Cumpliste tu deberes familiares y sociales?

Volveré a contestar que no.

___ ¿Viviste para el bien, dejaste detrás de ti un mundo mejor, enriqueciste tu espíritu y alabaste a la Creación?

No, responderé finalmente.

Y entonces el portero no tendrá más remedio que abrirme las puertas del cielo porque Dios premia siempre y sin excepción a todos los que dicen la verdad.

Monólogo del mal

Annie Brigman

Annie Brigman

Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó:

“Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no despreciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él si hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Bien está bien y lo que hace el Mal está mal.”

Y así el Bien se salvó una vez más.



Augusto Monterroso

El Chupacabras

El Chupacabras aparece en el equinoccio de primavera, justo en el inicio del Año Platónico, es decir, cada dos mil ciento sesenta años. Se alimenta del terror de los ganaderos mexicanos, lo que logra desangrando a sus vacas y borregos. Su aparición anuncia el advenimiento de nuevos profetas y de grandes transformaciones políticas.

La última aparición presagió la caída del partido oficial.

Poética

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Misha Gordin

Los hombres, en cuatro patas, ladraban a la luna mientras los perros le escribían poemas. Sobra agregar que ni los perros entendían los ladridos ni los hombres los poemas. Batían la cola ante el papel que el amo les sacudía como un trozo de carne, corrían alrededor y acezaban, ladraban. Amarrados a un árbol, veían en la ventana el perfil inclinado del perro que escribía.

Triunfo Arciniegas



Exorcista

Maria Lassnig,María Lassnig

Mataron a su hija el 7 de noviembre; dos días después el delincuente ganó la calle impune por negligencia administrativa.

El padre de la muerta reprodujo en una figura de paja el cuerpo y las facciones del infame y exigió a las autoridades que la figura fuera a juicio de acuerdo a las normas legales. La estampa fue juzgada y condenada a morir en la horca. Al día siguiente fue transportada a la plaza principal y colgada, ante el regocijo del pueblo. Tres días quedó enganchada para escarmiento de los delincuentes y enterrada en páramo no santificado.

Cumplimentada la justicia terminó la rabia. La familia agravada estuvo ya en posibilidad de dar rienda suelta a su tristeza y reiniciar una nueva vida.

Raskshara

Alexander Binder

Alexander Binder

Raskshara, el vampiro indio, merodea los barrios periféricos de la ciudad en busca de ganado, de quien se alimenta. Es un medio vampiro: tiene un lado bueno, el izquierdo; el costado derecho es invisible a la especie humana. Es en todo como un vampiro pero justo por la mitad: un ojo, un brazo, una pierna, un costado, media vida. Frecuenta los cementerios, interrumpe los sacrificios, molesta a los devotos, reanima a los cadáveres, atrapa y devora a los humanos. Su aspecto es variado: algunos tienen largos brazos, otros son obesos, delgados, enanos, jorobados, gigantes, gallardos. Hay una especie mohosa y sin esqueleto. Su respiración asemeja el ruido del viento y detectan a su víctima por medio del olor.

Vive en las tierras llanas, en los sitios húmedos, y le agrada luchar con los que se encuentra. Si Raskshara es vencido convierte al triunfador en un hombre práctico y juicioso, apto para los negocios y las finanzas; si vence, la víctima se convierte en poeta, condenado irremediablemente a buscar toda su vida el lado oscuro de las cosas.

El angel y el vampiro

Xenia Garciax

Xenia García

Pasé la vida entre vampiros y ángeles

libando con paciencia los unos mi energía

los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:

al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego

y en el tránsito hacia el cenit, perdido.

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,

el timbre de su voz me subyugaba,

la miel de su sonrisa me encendía,

y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro

y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.

Leopoldo Alas