Los silfos

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J.W. Waterhouse

Del agua nacen los silfos, más pequeños que los gnomos vegetales y agraciados como ellos con talento y ternura para apreciar el arte y las ciencias sociales.

Viven larga vida en el seno de trescientos lagos repartidos por la tierra; sobreviven de lo que el día les da y disfrutan el hábito de hallarse en el mundo sin culpas ni ambiciones por lo que están exentos de la ira de Dios.

Gobernados por un rey acuático, son concebidos sin goce y paridos sin dolor, y se apagan como una luciérnaga cuando se les entristece el alma.

Su libertad es divina porque pueden franquear sin obstáculos los cinco elementos de la naturaleza esencial.

 


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