De Sabinas, raptos y encantamientos
Los romanos estaban preocupados por la esterilidad de las sabinas raptadas. El oráculo les respondió que sólo un macho cabrío podría fecundar a las mujeres. Pidieron una segunda opinión. Un adivino etrurio reinterpretó el augurio y recomendó azotar los lomos de las mujeres con correas de piel de macho cabrío. Ciencia o coincidencia, lo cierto es que el remedio funcionó y las mujeres apaleadas pronto tuvieron familia.

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