El, Ella
Pertenecían a dos mundos distintos. Ella, a la realeza. Él, a la labranza.
Las familias objetaban y, tal vez por eso, el amor enardecía.
Ella subía al balcón del palacio y cantaba su nombre en voz alta; Él araba la tierra y cantaba su nombre en secreto.
Él tenía una sola ambición: Ella. Ella guardaba un solo deseo: Él.
El rey llamó a magos y curanderos especialistas en mal de amores, pero fue en vano.
La madre llamó al médico y al sacerdote sin resultado.
En las fiestas del palacio, ella preguntaba: ¿Dónde está Él? En las verbenas populares Él preguntaba: ¿Dónde está ella?
Él y Ella se perdieron y de tanto pensar uno en el otro Él se convirtió en Ella y Ella se volvió Él.
Dios pregunta: ¿Quién es Él? ¿Él, que de tanto pensar en ella, en ella se ha convertido o ella que se ha convertido en Él?
¿Quién es Ella? ¿Ella que le pertenece a Él o Él que sólo piensa en Ella?
Ya lo dicen los maestros: El que percibe el sentido de sí mismo en la meditación y se funde en su deidad se transforma en la deidad.






