El destino que dios le reveló
Encerrado por un crimen que no cometió, asesinó de una puñalada rústica a su compañero de celda, mientras el infausto tomaba su baño diario. Podía ser víctima de una injusticia pero no desafiaría al destino. Si decían que era un criminal, se portaría como tal. Investigaciones posteriores demostraron su inocencia del delito por el que se le culpaba y lo dejaron en libertad, ofreciendo disculpas por las molestias. Ya en la calle el hombre preguntaba: ¿Soy un hombre bueno que se volvió malo por la incompetencia de las autoridades o siempre fui malo y ahora se me revela? Salió a la calle con una profesión. Y se dedicó a matar al azar, como dictara su instinto, dando rienda a un destino que dios le reveló.

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