La virtud perversa
El hermano Gaspar, del monasterio de Saint Lautier, en Picardía, vivió cien años, al cabo de los cuales entregó su alma a Dios, tras una vida sin corrupción. Pero, dice el profeta, no hay muerte sin pecado. Para merecer la redención, el hermano Gaspar tuvo una segunda oportunidad y regresó otra vez para vivir y pecar en otros soles, con otras gentes, conservando el mismo espíritu indomable. Cien años después el hermano volvió a morir, impecable. Pero entonces como siempre no hay muerte definitiva sin pecado. Dios le ha dado una tercera oportunidad. De nueva cuenta Gaspar encarna otro cuerpo, en otras tierras, con la esperanza de vivir como los hombres comunes y el dolor de padecer un espíritu fidelísimo a una virtud inmutable, perversa.

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