El diario de Transilvania

Archive for the ‘Creatură’ Category

El fantasma periodista

In Creatură on 7 decembrie 2009 at 1:27 am

Wiktor Gorka
Wiktor Gorka

Un fantasma me acompaña a todas partes. No es nada del otro mundo porque no mueve objetos en las madrugadas ni arrastra cadenas por los pasillos ni hace acto de presencia ante las visitas ni atraviesa paredes ni apaga luces ni espanta a nadie. Al ente le da más bien por el periodismo y es afecto a atar y desatar mis notas. No me considera a la altura de su genio por lo que se permite revisarlas y corregirlas en prensa de tal manera que nunca les encuentro identidad propia cuando se publican. Me he pasado la vida entera rescribiéndolas y la muerte me sorprenderá en la misma tarea. Habiendo tantos fantasmas en el mundo, ¿por qué no me tocó el de Alfonso Reyes, por ejemplo? Con tantos espíritus descarnados que deambulan por todos lados, ¿por qué me fue a tocar un fantasma con buenas intenciones pero analfabeto?

El fantasma mordido

In Creatură on 27 noiembrie 2009 at 1:38 am

Janusz Taras

He aquí la historia que me contó Chen Lin-Cheng: Un viejo amigo suyo estaba echado a la hora de la siesta, un día de verano, cuando vio, medio dormido, la vaga figura de una mujer que, eludiendo a la portera, se introducía en la casa vestida de luto: cofia blanca, túnica y falda de cáñamo. Se dirigió a las habitaciones interiores y el viejo, al principio, creyó que era una vecina que iba a hacerles una visita; después reflexionó: «¿Cómo se atrevería a entrar en la casa del prójimo con semejante indumentaria?»

Mientras permanecía sumergido en la perplejidad, la mujer volvió sobre sus pasos y penetró en la habitación. El viejo la examinó atentamente: la mujer tendría unos treinta años; el matiz amarillento de su piel, su rostro hinchado y su mirada sombría le daban un aspecto terrible. Iba y venía por la habitación, aparentemente sin intención ninguna de abandonarla; incluso se acercaba a la cama. Él fingía dormir para mejor observar cuanto hacía.

De pronto, ella se levantó un poco la falda y saltó a la cama, sentándose en el vientre del viejo; parecía pesar tres mil libras. El viejo conservaba por completo la lucidez, pero cuando quiso levantar la mano se encontró con que la tenía encadenada; cuando quiso mover un pie, lo tenía paralizado. Sobrecogido de terror, trató de gritar, pero, desgraciadamente, no era dueño de su voz. La mujer, mientras tanto, le olfateaba la cara, las mejillas, la nariz, las cejas, la frente. En toda la cara sintió su aliento, cuyo soplo helado lo penetraba hasta los huesos. Imaginó una estratagema para librarse de aquella angustia: cuando ella llegara al mentón, él trataría de morderla. Poco después ella, en efecto, se inclinó para olerle la barbilla. El viejo la mordió con todas sus fuerzas, tanto que los dientes penetraron en la carne.

Bajo la impresión del dolor la mujer se tiró al suelo, debatiéndose y lamentándose, mientras él apretaba las mandíbulas con más energía. La sangre resbalaba por su barbilla e inundaba la almohada. En medio de esta lucha encarnizada el viejo oyó, en el patio, la voz de su mujer.

-¡Un fantasma! -gritó en el acto.

Pero apenas abrió la boca, el monstruo se desvaneció, como un suspiro.

La mujer acudió a la cabecera de su marido; no vio nada y se burló de la ilusión, causada, pensó ella, por una pesadilla. Pero el viejo insistió en su narración y, como prueba evidente, le enseñó la mancha de sangre: parecía agua que hubiera penetrado por una fisura del techo y empapado la almohada y la estera. El viejo acercó la cara a la mancha y respiró una emanación pútrida; se sintió presa de un violento acceso de vómitos, y durante muchos días tuvo la boca apestada, con un hálito nauseabundo.

P’ou Song-Ling

Querida Cuca

In Creatură on 19 noiembrie 2009 at 7:18 pm

Peter Dove

Desde los bajos fondos de una ensalada de lechuga y jitomate,

ataca cucaracha hembra, peluda, parda, adulta, incivil y hambrienta.

De buenas a buenas la ingrata devora mi merienda sin tomarme en cuenta.

Si por lo menos pidiera permiso con gusto la hubiera invitado.

No lo hizo. Pagará caro el atropello.

Perforo con tenedor implacable las entrañas del insecto.

Violento charco amarillo acaricia los alimentos. No importa.

A la ensalada le faltaba condimento. Levanto el arma asesina y llevo la presa a mis ojos.

¿A qué sabrán las cucarachas? Peores cosas nos comemos.

¿Qué será pertenecer a su reino? Infiernos, seguramente infiernos, como el amor mal correspondido.

Nadie las quiere. Conforman el linaje más sombrío y marginal de los insectos.

Dueñas de la tierra desde el principio de los tiempos,

herederas de la misma cuando todo haya muerto,

guardan con Dios un oculto secreto.

Por eso son indestructibles, amorosamente fecundas, omnipresentes.

No importa lo que hagas. Siempre vuelven.

Acaso son espías del Creador, encubiertas, disfrazadas, vigías de nuestros pecados.

Acaso son ángeles caídos que aguardan como todos el juicio final y la rebelión de los justos.

Sin duda deben tener conciencia del asco humano, lo que les daría la dignidad del marginado. Si, como dijo el poeta, un ser caído en desgracia es siempre una entidad sagrada, entonces soy un criminal abyecto. Tal vez la entierre.

Sí, tal vez la entierre y guarde un minuto sin remordimientos.

Concluyo la ensalada con los dedos. Está buena. Tiene aroma de cementerio.

Leo un poema de Eduardo Lizalde:

Ramo de Tigres era el amor, según recuerdo.”

Así era el amor. Es cierto.

Hoy, en cambio, tiene el sabor de los insectos muertos.

Y, sin embargo, te extraño. ¿Cuándo nos vemos?

El Chupacabras

In Creatură on 9 noiembrie 2009 at 1:11 am

El Chupacabras aparece en el equinoccio de primavera, justo en el inicio del Año Platónico, es decir, cada dos mil ciento sesenta años. Se alimenta del terror de los ganaderos mexicanos, lo que logra desangrando a sus vacas y borregos. Su aparición anuncia el advenimiento de nuevos profetas y de grandes transformaciones políticas.

La última aparición presagió la caída del partido oficial.

Maneras de hacer

In Creatură on 24 octombrie 2009 at 1:43 am

Killnoir Killnoir

Abro la puerta y los muertos están allí, esperándome. Uno a uno les dibujo en la frente el signo que aprendí hace tiempo, cuando los continentes tenían otras formas. Les doy órdenes, observo sus miradas vacías y sus colmillos amenazadores. Finalmente les enseño la fotografía. Salen fuera, a la oscuridad.

Se que no es bonito, ni caballeroso, ni acorde con los días que hemos disfrutado, pero la vida no es justa, ni la muerte. Habría sin duda mejores maneras de dejarlo, pero al fin y al cabo tú tampoco eres humana. Miro la foto y sé que te encontrarán, querida.

Jordi Cebrián

Thanatopia

In Creatură on 23 octombrie 2009 at 1:38 am

Jean Jacques André 1

Jean Jacques André

Mi padre fue el célebre doctor John Leen, miembro de la Real Sociedad de Investigaciones Psíquicas, de Londres, y muy conocido en el mundo científico por sus estudios sobre el hipnotismo y su célebre Memoria sobre el Old. Ha muerto no hace mucho tiempo. Dios lo tenga en gloria. (James Leen vació en su estómago gran parte de su cerveza y continuó): -Os habéis reído de mí y de lo que llamáis mis preocupaciones y ridiculeces. Os perdono porque, francamente, no sospecháis ninguna de las cosas que no comprende nuestra filosofía en el cielo y en la tierra, como dice nuestro maravilloso William. No sabéis que he sufrido mucho, que sufro mucho, aun las más amargas torturas, a causa de vuestras risas… Sí, os repito: no puedo dormir sin luz, no puedo soportar la soledad de una casa abandonada; tiemblo al ruido misterioso que en horas crepusculares brota de los boscajes en un camino; no me agrada ver revolar un mochuelo o un murciélago; no visito, en ninguna ciudad adonde llego, los cementerios; me martirizan las conversaciones sobre asuntos macabros, y cuando las tengo, mis ojos aguardan para cerrarse, al amor del sueño, que la luz aparezca. Tengo el horror de la que ¡oh Dios! tendré que nombrar: de la muerte. Jamás me harían permanecer en una casa donde hubiese un cadáver, así fuese el de mi más amado amigo. Mirad: esa palabra es la más fatídica de las que existen en cualquier idioma: cadáver… Os habéis reído, os reís de mí: sea. Pero permitidme que os diga la verdad de mi secreto. Yo he llegado a la República Argentina, prófugo, después de haber estado cinco años preso, secuestrado miserablemente por el doctor Leen, mi padre, el cual, si era un gran sabio, sospecho que era un gran bandido. Por orden suya fui llevado a la casa de salud; por orden suya, pues, temía quizás que algún día me revelase lo que él pretendía tener oculto… Lo que vais a saber, porque ya me es imposible resistir el silencio por más tiempo. Os advierto que no estoy borracho. No he sido loco. Él ordenó mi secuestro, porque… Poned atención. (Delgado, rubio, nervioso, agitado por un frecuente estremecimiento, levantaba su busto James Leen, en la mesa de la cervecería en que, rodeado de amigos, nos decía esos conceptos. ¿Quién no le conoce en Buenos Aires? No es un excéntrico en su vida cotidiana. De cuando en cuando suele tener esos raros arranques. Como profesor, es uno de los más estimables en uno de nuestros principales colegios, y, como hombre de mundo, aunque un tanto silencioso, es uno de los mejores elementos jóvenes de los famosos cinderellas dance. Así prosiguió esa noche su extraña narración, que no nos atrevimos a calificar de fumisterie, dado el carácter de nuestro amigo. Dejamos al lector la apreciación de los hechos.) -Desde muy joven perdí a mi madre, y fui enviado por orden paternal a un colegio de Oxford. Mi padre, que nunca se manifestó cariñoso para conmigo, me iba a visitar de Londres una vez al año al establecimiento de educación en donde yo crecía, solitario en mi espíritu, sin afectos, sin halagos. Allí aprendí a ser triste. Físicamente era el retrato de mi madre, según me han dicho, y supongo que por esto el doctor procuraba mirarme lo menos que podía. No os diré más sobre esto. Son ideas que me vienen. Excusad la manera de mi narración. Cuando he tocado ese tópico me he sentido conmovido por una reconocida fuerza. Procurad comprenderme. Digo, pues, que vivía yo solitario en mi espíritu, aprendiendo tristeza en aquel colegio de muros negros, que veo aún en mi imaginación en noches de luna… ¡Oh cómo aprendí entonces a ser triste! Veo aún, por una ventana de mi cuarto, bañados de una pálida y maleficiosa luz lunar, los álamos, los cipreses… ¿por qué había cipreses en el colegio?…. y a lo largo del parque, viejos Términos carcomidos, leprosos de tiempo, en donde solían posar las lechuzas que criaba el abominable septuagenario y encorvado rector… ¿para qué criaba lechuzas el rector ?… Y oigo, en lo más silencioso de la noche, el vuelo de los animales nocturnos y los crujidos de las mesas y una media noche, os lo juro, una voz: «James». ¡Oh voz! Al cumplir los veinte años se me anunció un día la visita de mi padre. Alegréme, a pesar de que instintivamente sentía repulsión por él: alegréme, porque necesitaba en aquellos momentos desahogarme con alguien, aunque fuese con él. Llegó más amable que otras veces, y aunque no me miraba frente a frente, su voz sonaba grave, con cierta amabilidad para conmigo. Yo le manifesté que deseaba, por fin, volver a Londres, que había concluido mis estudios; que si permanecía más tiempo en aquella casa, me moriría de tristeza… Su voz resonó grave, con cierta amabilidad para conmigo: -He pensado, cabalmente, James, llevarte hoy mismo. El rector me ha comunicado que no estás bien de salud, que padeces de insomnios, que comes poco. El exceso de estudios es malo, como todos los excesos. Además -quería decirte-, tengo otro motivo para llevarte a Londres. Mi edad necesitaba un apoyo y lo he buscado. Tienes una madrastra, a quien he de presentarte y que desea ardientemente conocerte. Hoy mismo vendrás, pues, conmigo. ¡Una madrastra! Y de pronto se me vino a la memoria mi dulce y blanca y rubia madrecita, que de niño me amó tanto, me mimó tanto, abandonada casi por mi padre, que se pasaba noches y días en su horrible laboratorio, mientras aquella pobre y delicada flor se consumía… ¡Una madrastra! Iría yo, pues, a soportar la tiranía de la nueva esposa del doctor Leen, quizá una espantable bluestocking, o una cruel sabihonda, o una bruja… Perdonad las palabras. A veces no sé ciertamente lo que digo? o quizá lo sé demasiado… No contesté una sola palabra a mi padre, y, conforme con su disposición tomamos el tren que nos condujo a nuestra mansión de Londres. Desde que llegamos, desde que penetré por la gran puerta antigua, a la que seguía una escalera oscura que daba al piso principal, me sorprendí desagradablemente: no había en casa uno solo de los antiguos sirvientes. Cuatro o cinco viejos enclenques, con grandes libreas flojas y negras, se inclinaban a nuestro paso, con genuflexiones tardas, mudos. Penetramos al gran salón. Todo estaba cambiado: los muebles de antes estaban substituidos por otros de un gusto seco y frío. Tan solamente quedaba en el fondo del salón un gran retrato de mi madre, obra de Dante Gabriel Rossetti, cubierto de un largo velo de crespón. Mi padre me condujo a mis habitaciones, que no quedaban lejos de su laboratorio. Me dio las buenas tardes. Por una inexplicable cortesía, preguntéle por mi madrastra. Me contestó despaciosamente, recalcando las sílabas con una voz entre cariñosa y temerosa que entonces yo no comprendía: -La verás luego… Que la has de ver es seguro… James, mi hijito James, adiós. Te digo que la verás luego… Ángeles del Señor, ¿por qué no me llevasteis con vosotros? Y tú, madre, madrecita mía? my sweet Lily, ¿por qué no me llevaste contigo en aquellos instantes? Hubiera preferido ser tragado por un abismo o pulverizado por una roca, o reducido a ceniza por la llama de un relámpago… Fue esa misma noche, sí. Con una extraña fatiga de cuerpo y de espíritu, me había echado en el lecho, vestido con el mismo traje de viaje. Como en un ensueño, recuerdo haber oído acercarse a mi cuarto a uno de los viejos de la servidumbre, mascullando no sé qué palabras y mirándome vagamente con un par de ojillos estrábicos que me hacían el efecto de un mal sueño. Luego vi que prendió un candelabro con tres velas de cera. Cuando desperté a eso de las nueve, las velas ardían en la habitación. Lavéme. Mudéme. Luego sentí pasos, apareció mi padre. Por primera vez, ¡por primera vez!, vi sus ojos clavados en los míos. Unos indescriptibles ojos, os lo aseguro; unos ojos como no habéis visto jamás, ni veréis jamás: unos ojos con una retina casi roja, como ojos de conejo; unos ojos que os harían temblar por la manera especial con que miraban. -Vamos hijo mío, te espera tu madrastra. Está allá, en el salón. Vamos. Allá, en un sillón de alto respaldo, como una silla de coro, estaba sentada una mujer. Ella… Y mi padre: -¡Acércate, mi pequeño James, acércate! Me acerqué maquinalmente. La mujer me tendía la mano… Oí entonces, como si viniese del gran retrato, del gran retrato envuelto en crespón, aquella voz del colegio de Oxford, pero muy triste, mucho más triste: «¡James!» Tendí la mano. El contacto de aquella mano me heló, me horrorizó. Sentí hielo en mis huesos. Aquella mano rígida, fría, fría… Y la mujer no me miraba. Balbuceé un saludo, un cumplimiento. Y mi padre: -Esposa mía, aquí tienes a tu hijastro, a nuestro muy amado James. Mírale, aquí le tienes; ya es tu hijo también. Y mi madrastra me miró. Mis mandíbulas se afianzaron una contra otra. Me poseyó el espanto: aquellos ojos no tenían brillo alguno. Una idea comenzó, enloquecedora, horrible, horrible, a aparecer clara en mi cerebro. De pronto, un olor, olor… ese olor, ¡madre mía! ¡Dios mío! Ese olor… no os lo quiero decir… porque ya lo sabéis, y os protesto: lo discuto aún ; me eriza los cabellos. Y luego brotó de aquellos labios blancos, de aquella mujer pálida, pálida, pálida, una voz, una voz como si saliese de un cántaro gemebundo o de un subterráneo: -James, nuestro querido James, hijito mío, acércate; quiero darte un beso en la frente, otro beso en los ojos, otro beso en la boca… No pude más. Grité: -¡Madre, socorro! ¡Ángeles de Dios, socorro! ¡Potestades celestes, todas, socorro! ¡Quiero partir de aquí pronto, pronto; que me saquen de aquí! Oí la voz de mi padre: -¡Cálmate, James! ¡Cálmate, hijo mío! Silencio, hijo mío. -No -grité más alto, ya en lucha con los viejos de la servidumbre- . Yo saldré de aquí y diré a todo el mundo que el doctor Leen es un cruel asesino; que su mujer es un vampiro; ¡que está casado mi padre con una muerta!

Rubén Darío

Fin de fiesta

In Creatură on 25 septembrie 2009 at 1:59 am

Alexander Binder

Alexander Binder

La fiesta había terminado. Él la acompañó en la vereda, hasta que apareció un taxi.

La despidió con un beso casto, sin atreverse a más, como de costumbre. Ella le dio un abrazo tierno y ortodoxo, se tragó una pregunta, la habitual, y subió al auto.

Al cerrar la puerta, el alma de él tomó impulso y saltó hacia el asiento de atrás. El alma de ella hizo un esfuerzo y se lanzó a la vereda.

El taxi se alejó. Él se fue desalmado, pero acompañado.

No hay nada que hacerle; las almas siempre tienen más coraje que sus dueños

Gabriela Villano

Comegente

In Creatură on 21 septembrie 2009 at 1:02 am

A. Binder

A. Binder

Clandestino y viudo, el Comegente nació en la República Dominicana. Antropófago indiano, pelo amplio y estatura menor, aprendió en Haití el poder de la ubicación y el uso de la hierba amansa loco, muy efectiva para la educación de los rebeldes.

Elige a sus victimas por intuición y las elimina con el golpe de su garrocha.

Cuentan las crónicas –pero no nos consta– que finalmente fue atrapado por un campesino conocido como “seño Antonio”, quien el día de San Antonio, ató al Comegente y lo trajo a la capital dominicana, en donde se condenó y se ejecutó sin que quedaran registrados históricamente los detalles criminológicos del proceso.

Como quiera que sea, ya se trate de otro, ya se haya salvado, hay quien jura haber visto al Comegente deambular aún por tierras americanas esgrimiendo su garrocha.

El Taller Literario

In Creatură on 9 septembrie 2009 at 2:12 am

rosie-hardys

Rosie Hardy

El taller literario es un tormento para mí. ¿Por qué regla de tres todo me sale mal?

Ayer por ejemplo. El profesor Rubén Alvarado colocó sobre la mesa del salón una fotografía (paisaje en negro y blanco), una escultura (muchacha desnuda) y una manzana (verde) y nos dijo que escribiéramos un relato que incluyera a los tres objetos. Y ahí me tienen. Dale que dale diez, dale que dale veinte, dale que dale treinta minutos y nada. Solo borrones y tonterías. Leyeron sus cuentos todos los integrantes del taller y casi todos fueron buenos. Yo me quedé callado, en el rincón de la izquierda, escondido y apenado.

¿De qué me sirvió aprenderme de memoria el manual del perfecto cuentista del perfecto Quiroga o estudiar la gramática estructural de Ana María Maqueo o el diccionario de la Moliner que tanto trabajo me costó conseguir?

De nada. Para nada.

Es una lástima, una verdadera pena, pero la literatura es una de tantas actividades que no se nos da a los fantasmas.

Dekerto

In Creatură on 13 august 2009 at 1:27 am

michael_dweck

Michael Dweck

Dekerto, la sirena asiria, tuvo una hija a quien debió abandonar en el bosque por mandato divino. La niña fue amparada primero por unas palomas torcaces, quienes la protegieron alimentándola con leche y pan y posteriormente por unos pastores que la cuidaron hasta que fue mayor de edad. Le pusieron por nombre Semíramis, que significa paloma. Creció y fue esposa de soberano. Al morir el monarca fue reina y señora absoluta. Cuando se dio cuenta que su hijo quería destronarla abdicó del reino, se convirtió en una paloma y salió al mundo a promover la paz.

Los huérfanos rusos

In Creatură on 12 august 2009 at 3:26 am

Arnold Boclkin

En la segunda guerra mundial, en un pueblo ruso, una bomba cayó en un hospicio, matando a cientos de niños. El espacio se pobló de espíritus que jamás fueron despedidos de acuerdo a la costumbre.

Los muertos no tenían a dónde ir. Huérfanos, añoraban la tierra que les dio vida. Amaban todavía sus ríos y montañas, y por nostalgia o incertidumbre se quedaron a vivir entre las ruinas.

Años después el gobierno utilizó este lugar para construir un reactor nuclear, conocido como Chernobil.

Hermano loco

In Creatură on 30 iulie 2009 at 8:41 am

beast1

Killnoir

Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo.

- Es horrible lo que piensan y escriben – exclamó.

- No todos – dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las palabras que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender.

- ¿Dónde está ese santo?

- En el cielo.

- ¿En el cielo hay lobos?

El ermitaño no pudo contestar.

- ¿Y tú que haces? – preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba.

- Y cuando mueras ¿irás al cielo?- preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal.

- Hago lo que puedo por merecer el cielo – dijo apaciblemente el ermitaño.

- Si fueras mártir, ¿irías al cielo?

- En el cielo están todos los mártires.

El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus mandíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.

Manuel Mejía Vallejo

Persistencia

In Creatură on 23 iulie 2009 at 1:41 am

Cynopterus-Marginatus-IIX

Cuando la tierra ya no sea más que polvo de caminos solitarios, habrá vampiros. Beberán guijarros o sangre de vientos o del velo de la noche eterna. Cuando reine la muerte y los escombros y las colinas yermas sean los únicos habitantes vitales, no lo dude, habrá vampiros.

El príncipe y el mago

In Creatură on 10 iulie 2009 at 5:47 am

Mathew Huron

Mathew Hurón

Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos en tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.

Pero un día el príncipe se escapó de palacio. Y llegó al país vecino. Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas. Y, en esas islas extrañas, criaturas a las que no se atrevió a dar su nombre. Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:

__ Eso que hay ahí, ¿son islas de verdad?

__ Claro que son islas de verdad – dijo el hombre de traje de etiqueta.

__ ¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?

__ Son todas ellas princesas auténticas.

__ Entonces, ¡también Dios existe! – exclamó el príncipe.

__ Yo soy Dios – repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.

El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.

__ De modo que has regresado – le dijo su padre, el rey.

__ He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios – le dijo el príncipe en son de reproche.

El rey no se conmovió en absoluto.

__ Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni Dios de verdad.

__ ¡Yo lo he visto!

__ Dime cómo iba vestido Dios

__ Dios iba vestido con traje de etiqueta.

__ ¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?

El príncipe recordó que, efectivamente, así era. El rey sonrió.

__ Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.

Al oir esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.

__ Mi padre el rey me ha dicho – dijo el joven príncipe con indignación – quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora se que eso no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.

El hombre de la playa sonrió.

__ Eres tú, muchacho, quién está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.

El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.

__ Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?

El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.

__ Si, hijo mío, no soy más que un simple mago.

__ Entonces, el hombre de la playa era Dios.

__ El hombre de la playa era otro mago.

__ Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.

__ No hay ninguna verdad más allá de la magia – dijo el rey.

El príncipe se quedó muy triste.

__ Me suicidaré – dijo.

El rey hizo que por arte de magia apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció. Recordó las bellas aunque irreales islas y las bellas aunque irreales princesas.

__ Muy bien – dijo -. No puedo soportarlo.

__ Lo ves, hijo – dijo el rey – También tú empiezas a ser mago.


John Fowles

Lágrima

In Creatură on 28 iunie 2009 at 2:09 pm

Bryan Baugh

Bryan Baugh

x

El desolado aullido del lobo transformó la silueta de la luna.

José Víctor Martínez Gil

El fantasma más viejo

In Creatură on 24 iunie 2009 at 1:58 am

Ash Sivils

Desorientado, no se encuentra entre los de su especie. El fantasma de un cavernícola muerto hace veinte mil años en Lascaux, en plena Edad de Piedra, no sabe nada de sábanas y cadenas.

Daniel Frini

El enano domador de vampiros

In Creatură on 22 iunie 2009 at 1:57 am

Juan Carreño de Miranda

En los barrios bajos de Transilvania vive un enano domador de vampiros, quien los alimenta y entretiene con la sangre de la fuente principal. Cuando está de humor, toca la gaita para atraer a jóvenes casaderos, a quienes alecciona sobre las virtudes de la vida y el amor desesperado. A los interesados les regala una copa de vino. Los que beben se vuelven pesimistas, enferman de melancolía y al poco rato contraen matrimonio, lo que les significa invariablemente la muerte.

Mario Benedetti, muerto

In Creatură on 23 mai 2009 at 4:12 am

Iaia Gagliani

Historia de fantasmas.- Los dos fantasmas, uno azul y otro blanco, se encontraron frente a la caverna consabida. Se saludaron en silencio y avanzaron un buen trecho, sin pisarse las sábanas, cada uno sumido en sus cavilaciones. Era una noche neblinosa, no se distinguían árboles y muros, pero allá arriba, muy arriba estaba la luna.

- Es curioso – dijo de pronto el fantasma blanco -, es curioso cómo el cuerpo ya no se acuerda de uno. Por suerte, porque cuando uno se acordaba era para que sufriésemos.

- ¿Sufriste mucho?- preguntó el fantasma azul.

- Bastante. Hasta que lo perdí de vista, mi cuerpo tenía quemaduras de cigarrillos en la espalda, le faltaban tres dientes que le habían sido arrancados sin anestesia, no se habían olvidado cuando le metían la cabeza en una pileta de orina y excremento, y sobre todo se miraba de vez en cuando sus testículos.

- Oh – fue la única sílaba que pronunció o pensó o suspiró el fantasma azul.

- ¿Y vos? – preguntó a su vez el otro – ¿También tu cuerpo te transmitía sufrimientos?

- No tanto mi cuerpo sino el de los otros.

- ¿De otros? ¿Acaso eras médico?

- No precisamente. Yo era el verdugo.

El fantasma blanco recordó que allá arriba, muy arriba, allá estaba la luna. La miró sólo porque tenía necesidad de encandilarse. Pero la luna no es el sol.

Con una punta de su sábana impoluta se limpió la brizna de odio. Luego se alejó, flotando, blanquísimo en la niebla protectora, en busca de algún Dios o de la nada.

Mario Benedetti (14 de  Septiembre  1920 – 17 de mayo  2009)

Cuento de hadas

In Creatură on 13 mai 2009 at 6:45 am


Mark B Bartosik

Una rana que lleva una corna en la cabeza le dice a un señor: “Béseme, por favor”. El señor piensa: “Este animal está encantado. Puede convertirse en una hermosa princesa, heredera de un reino. Nos casaremos y seré rico”. Besa a la rana. Al instante mismo se encuentra convertido en un sapo viscoso. La rana exclama, feliz:“¡Amor, mío, hace tanto tiempo que estabas encantado, pero al fin te pude salvar!”.

Alejandro Jodorowsky

Caos

In Creatură on 29 aprilie 2009 at 1:03 am

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Michal Macku

Los amigos de Caos lo amaban por todas sus bondades. Quisieron agradecérselo. Discutieron entre sí y llegaron a una conclusión.

Observaron que Caos no tenía órganos sensoriales para distinguir el mundo exterior, por lo que decidieron dotarlo de los sentidos primordiales. Un día le dieron los ojos, otro día la nariz y en una semana lograron transformarlo en una persona tan sensible como ellos.

Mientras festejaban por el éxito de su empresa, Caos murió

Chuang-Tzé

Semana santa

In Creatură on 21 aprilie 2009 at 1:03 am

alena-adamenkoAlena Adamenko

Una vez al año, los hombres casados salen a las calles a buscar vampiras por quienes dejarse seducir. De aquellos encuentros fortuitos aprenden a desempeñar con eficiencia las labores de la casa.

El Reem

In Creatură on 24 martie 2009 at 1:54 am

Arnold Bockin

El fuego y el asombro y el vacío y el espanto se reunieron al principio de los tiempos para crear al Reem, el último rumiante sobreviviente de la gloria primordial. Para asegurar el equilibrio sólo existen dos Reems en la tierra, uno vive en el este, el otro en el oeste. Cada setenta años los dos se reúnen en la antigua Babilonia y copulan durante cuarenta noches; víctima de sus ardores, la hembra mata al macho. Once años después del ayuntamiento, da a luz a dos terneros gemelos, macho y hembra, y en el acto cae, desfallecida.

Cada animal toma rumbos opuestos: el macho al oriente, la hembra al occidente. Setenta años después volverán a unirse para perpetuar la especie y permitir que el ciclo de la vida y la muerte sea. El día en que no se encuentren, la muerte ya no será y el día del juicio final habrá llegado.

Divorcio

In Creatură on 20 martie 2009 at 1:24 am

Dietmar Busse

Era bipolar, es decir, era uno y dos en él. Mientras uno estaba contento, el otro se enojaba, uno amaba y el otro odiaba, uno dormía mientras el otro velaba. Nunca se pusieron bien de acuerdo quién mandaba a quién, por lo que su matrimonio fue siempre muy complicado.

Cierta mañana el optimista agotó sus fuerzas, bien porque era el más sensato de los dos, bien porque sufría una depresión repentina y decidió divorciarse por completo. El hombre alegre se pegó un tiro. Uno descansa en paz. Es el otro quien no deja dormir al vecindario, el otro que golpea incesantemente el ataúd que lo aprisiona, el otro que desea proseguir su misión en la vida y se resiste a morir.

Usurpación

In Creatură on 16 martie 2009 at 1:10 am

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Angela Vicedomini

Hoy me dictó otro cuento y ayer fue otro y el domingo fue otro como tantos otros que nacieron hace una semana desde hace muchas semanas. Todos los días me encuentro con historias nuevas y diferentes. Me despierto y los cuentos me bullen en la cabeza, quieren salir, desean tomar cuerpo. A veces los escribo en lo que encuentro, un pedazo de periódico, una hoja de cuaderno, en una servilleta de papel. Pero a ella no le basta con mi esfuerzo y la enfermedad no cede y las fábulas me incomodan, me asaltan a bocanadas, como si quisieran cumplir con un destino que no entiendo y no es el mío.

La musa correspondiente debe estar enferma de histeria o quebrantamiento o vejez incurable y no hay forma de comunicarme con ella. Y es claro que usurpo el sueño de otro, que colmo las expectativas de otro, porque la literatura no me interesa. Tal vez en alguna casa vecina alguien delira el sueño que me pertenece, alguien imagina cientos y cientos de recetas de cocina por las que sí estaría dispuesto a dar la vida.

Los románticos infernales

In Creatură on 11 martie 2009 at 1:19 am

Hieronymus Bosch

Los románticos infernales añoramos aquellos viejos tiempos cuando llegaban al averno ánimas cubiertas de sangre gloriosa, muertas en combate por el amor a la patria o a los dioses, espíritus poetas que engrandecieron la historia escribiendo las gestas de los héroes y la tragedia de amores mal correspondidos. Hoy llegan al fondo de la tierra miserables caídos por accidentes de tránsito, dipsómanos perdidos, burócratas enfermos de males incurables y hediondos, algún que otro muerto por riña alcohólica a machetazos.

Y no hay derecho.

La puerta

In Creatură on 3 martie 2009 at 5:49 am

__ ¡Qué extraño! – dijo la muchacha, avanzando cautelosamente -. ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

__ Dios mío! – dijo el hombre – Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

__ A los dos, no. A uno solo – dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció.

I.A. Ireland

El síndrome

In Creatură on 15 februarie 2009 at 1:24 am

Kelley Ryden

El síndrome, un grave trastorno genético ocasionado por un cromosoma de más en el par 21 en lugar de los dos normales, provoca retraso mental y ciertas deformidades físicas. La criatura guarda semejanza con ciertos grupos primates.

Los principales signos y síntomas son cabeza anormalmente grande, deformada, ojos, cara u otras partes del cuerpo de aspecto raro, orejas pequeñas, desdentados, hemofobia – intolerancia a la sangre -, manos cortas y anchas, con sólo un pliegue en la palma; dedos cortos, posiblemente con una articulación y, desde luego, incapacidad para remontar el vuelo.

El retraso mental puede variar entre leve y moderado, con un IQ de 100 como promedio. Cerca de la tercera parte de quienes sobreviven más allá de la adolescencia viven desdichados. Tarde o temprano todos mueren.

No hay tratamiento alguno, por lo que los padres gestantes deberán extremar sus cuidados.

Asmodeo

In Creatură on 13 februarie 2009 at 1:34 pm

Henry Fuseli

Antes que Dios ya era Asmodeo. Señor de las criaturas oscuras, de plumaje espumoso, Dios lo envió al fondo de los abismos para eliminar un rival incómodo.

Reina en la noche como señor de la eternidad y los amantes insociables. Fue en un tiempo consorte de Lilith, la primera mujer de Adán. Para evitar la propagación de una especie ingobernable y asegurar el poder del universo, Dios eliminó a su pareja y lo condenó a la viudez extrema y al ocasional onanismo. Vive actualmente en una cueva en las costas del Mar rojo, y ahí aguarda impaciente el día del juicio final, en donde su carne se utilizará para sustentar a todos los arrepentidos.

El museo

In Creatură on 10 februarie 2009 at 1:04 am

The National Museum of health and medicine

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En nuestro museo – al que visitamos los domingos -,

abrieron una nueva sala.

Nuestros niños abortados, pálidos, serios embriones,

están ahí sentados en pulidos jarrones de vidrio

donde se preocupan por el futuro de sus padres.

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Gunter Grass

La musa

In Creatură on 27 ianuarie 2009 at 11:54 am

Frans Floris

Y entonces me dijo: ¡ Ahora sedúceme tú ! …

Y así, mientras yo me encaramaba en el mundo de las ideas, la musa ganaba la calle y vivía con mi vida la obra maestra que no conocí jamás.

 

El canto de las sirenas

In Creatură on 20 ianuarie 2009 at 1:23 am

John William Waterhouse

Cuando llegué a la isla creí que las sirenas me esperaban desde siempre. Yo, que huía de mí, de una mujer, de los días de fracaso que caían en mi sangre como la luna en el mar, buscaba perderme en la espesura de su canto. ¿La causa? -preguntarán-. Fue desde aquella mañana de invierno cuando supe que el amor era un engaño de la sangre; cuando supe que la ternura o la piedad eran dos fieras inútiles en las selvas del hombre. Por eso quise perderme; por eso quise escuchar su canto, que aun siendo el más dulce, el más hondo, será para mí, de todos modos, un pretexto más para la tristeza. Yo quiero oírlo, ya…

Estoy cruelmente satisfecho. Me doy cuenta que incluso en la destrucción se puede hallar la felicidad. Sonrío al recordar el pasado, aunque en esa sonrisa -no hay remedio- haya el signo de la derrota. Pero qué importa, ¡bah!, me muero de tristeza y rencor.

Miro el atardecer: los dientes blanquísimos de las olas, las nubes que empiezan a calcinar con sus dedos las ramas del horizonte. ¿Las voces? ¿Las voces? ¡No se oyen ya las voces! Grito desesperadamente. El barco pasa.

Lloroso, impotente, lo evidencio: las sirenas no cantaron para mí…

Marco Antonio Campos


No soy un hombre real

In Creatură on 17 ianuarie 2009 at 1:05 am

Yusuf Karsh

__No soy un hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre con huesos y músculos, un hombre generado por hombres. Yo soy__ y quiero decirlo a pesar de que tal vez no quiera creerme__ yo no soy más que la figura de un sueño. Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal y trágicamente exacta. ¡Yo soy de la misma sustancia de que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña, hay uno que duerme y sueña y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que yo digo todo esto. Cuando ese uno empezó a soñarme, yo empecé a existir; cuando se despierte cesaré de existir. Y soy una imaginación, una creación, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de este uno es tan intenso que me ha hecho visible incluso a los hombres que están despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi verdadera vida es la que discurre lentamente en el alma de mi durmiente creador.

Giovanni Papini

Decreto Infernal

In Creatură on 28 decembrie 2008 at 1:18 am

Peter Paul Rubens

A partir de hoy y hasta nuevo aviso, los juicios sumarios quedan suspendidos hasta en tanto el infierno no termine la ampliación de sus instalaciones, por lo que todas las almas descarnadas gozarán de los privilegios de la Gloria Celestial.

El diablo lamenta profundamente las molestias que las reformas ocasionan.

La niebla

In Creatură on 27 decembrie 2008 at 1:09 am

Iaia Gagliani

Salía de los rincones más oscuros, inundaba el aire. Nuestro jadeo cesó ante la imagen de la lechosa niebla, tan espesa como el bosque que nos rodeaba.

Hermoso paisaje, ¿no crees? –musitó, y su piel se estremeció por el frío. Se cubrió con el chal de lana, mientras sus largas piernas se movieron en dirección a la ventana.

Miré los contornos de las contraventanas en donde comenzaban a dibujarse las primeras pinceladas de la niebla. Asentí con la cabeza sin gran entusiasmo. Estaba ardiendo y quería tenerla completa, sin las acostumbradas pausas.

Me levanté y me paré tras ella. Rodeé sus caderas con mis manos. Despacio seguí el camino de las curvas hasta llegar a los muslos. En ese momento su cuerpo se tensó y me empujó con suavidad.

¿Viste eso? –dijo inquieta mientras sus ojos buscaban algo tras el cristal.

No.

Creo que alguien está ahí. Mira.

La niebla avanzaba despacio devorando todo lo que había a su paso. Las siluetas de los pinos se perdían en ese mar blanco que pronto llegaría hasta aquí. La estreché y mis labios recorrieron su cuello.

Ven, ven conmigo –la jalé hacia la cama, pero ella se quedó inmóvil con las cejas arqueadas en un gesto de asombro.

Estoy segura de que hay alguien ahí.

No hay nadie en veinte kilómetros a la redonda –encendí un cigarro mientras el fuego consumía mi entrepierna. Estaba harto de hablar o de ver cosas que no existían. Sólo era la niebla y sus malas jugadas, la conocía demasiado bien para caer en sus engaños, y tampoco permitiría que estropeara la noche. Era mi noche.

No hay nadie ahí –insistí–. Mejor ven conmigo.

Abrió la ventana y un soplo helado castigó mi espalda. Sus desnudos pechos revolotearon con el aire.

Ahí está. Mira.

Nuevamente me acerqué sin quitar la mirada de sus senos. Los pezones se endurecieron por el frío. Los apretujé mientras mis ojos recorrían el paisaje. No había nadie. Sólo la espesa nata que ahora deslizaba su lengua blanca por la ventana. Cubría sus caderas, penetrando en los lugares que nunca me pertenecieron.

El fuego subió lentamente desde mis genitales hasta la cabeza. Cerré de un empujón las contraventanas hasta escuchar el crujir de la madera.

¡Que vengas aquí! –procuré medir mi tono de voz, pero la furia logró perfilarse por mi garganta. El resultado fue que emití un gruñido que la volvió a la realidad.

¿Qué te pasa? No me grites –sacudió su negra melena que cubrió por un momento sus pechos. Las pinceladas de la niebla aún envolvían su vientre, ondulaban entre su vello deslizándose hacia abajo.

Perdón, no quise gritarte.

Ahí hay alguien, a lo mejor necesita ayuda, pero tú sólo puedes pensar en sexo.

Suspiré y contuve mi ira. Di una última ojeada a su cuerpo y me puse el pantalón.

Bueno, si quieres voy a averiguar para que estés más tranquila.

Se sentó en la cama recogiendo sus piernas hasta la barbilla, mientras su sexo se asomaba entre los muslos. Encendió un cigarro con la mirada clavada en el cristal.

Salí y de inmediato el aliento de la niebla entró en mi boca. Enredó su lengua en la mía. Escupí y avancé empujándola con el pecho. Se enredaba en mi vello, jaloneaba mis tetillas mientras yo recorría los alrededores de la cabaña. Tal como lo había dicho, no había nadie.

Regresé. Seguía sentada en la misma posición. Su cigarro estaba por consumirse.

Lo vi –murmuró sin mirarme–, estaba desnudo y sus ojos eran completamente blancos.

No entendía lo que me decía, pensé que estaba delirando por el frío. Quise cubrirla con la cobija, pero no me lo permitió. Se levantó y con firmeza abrió la puerta. Después extendió los brazos mientras la niebla envolvía su cuerpo. Antes de que pudiera acercarme, ella había desaparecido. La busqué hasta lo profundo del bosque, pero no encontré nada; sólo los jadeos, toda la noche escuché jadeos y risas. Era su voz. La policía tardó dos días en hallar su cuerpo. Sus pechos estaban surcados por las garras de algo que hasta la fecha los expertos no han podido definir, pero yo sé. Aún tengo el sabor de la niebla en mi lengua y los surcos de garras en mi pecho. Por las noches escucho sus jadeos, los gritos de placer que nunca me dio.

Agnieszka Kawecka

El auténtico fantasma

In Creatură on 23 decembrie 2008 at 11:57 am

Alberto G. Baccelli

¿Habría algo más prodigioso que un auténtico fan­tasma? El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajó a las bóvedas de las iglesias y golpeó féretros. ¡Pobre Johnson! ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto? ¿No se miró siquiera a sí mismo? Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo co­deaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos, ¿qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nos­otros? ¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?

Thomas Carlyle

El regalo del diablo

In Creatură on 22 decembrie 2008 at 4:07 pm

Jean Marc Anquenot

El día que cumplió cien años de edad, el diablo le obsequió a la santa abadesa de Monviedro un regalo. La cabellera sombreó, recuperó sus dientes, el cuerpo reconquistó dureza y flexibilidad, volvieron sueños perdidos.

La joven agradeció los dones recibidos, abrió las puertas del convento y dispuesta a no volver a cometer los mismos errores salió a pecar.

La hormiga

In Creatură on 20 decembrie 2008 at 1:42 am

Krister Hall

Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las nubes insecticidas. Como el número de las hormigas es una cifra que tiende constantemente a crecer, al cabo de un tiempo hay tantas hormigas bajo tierra que es preciso ampliar los hormigueros. Las galerías se expanden, se entrecruzan, terminan por confundirse en un solo Gran Hormiguero bajo la dirección de una sola Gran Hormiga. Por las dudas, las salidas al exterior son tapiadas a cal y canto. Se suceden las generaciones. Como nunca han franqueado los límites del Gran Hormiguero, incurren en el error de lógica de indentificarlo con el Gran Universo. Pero cierta vez una hormiga se extravía por unos corredores en ruinas, distingue una luz lejana, unos destellos, se aproxima y descubre una boca de salida cuya clausura se ha desmoronado. Con el corazón palpitante, la hormiga sale a la superficie de la tierra. Ve una mañana. Ve un jardín. Ve tallos, hojas, yemas, brotes, pétalos, estambres, rocío. Ve una rosa amarilla. Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después, relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata de explicarles lo que ha visto, grita: “Arriba…luz…jardín…hojas…verde…flores…” Las demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la hormiga ha enloquecido y la matan.

Marco Denevi.


Un hada en mis sueños

In Creatură on 18 decembrie 2008 at 1:27 am

Helmut Newton

En mi sueño, esa hermosa mujer, alta y esbelta, de sedoso cabello negro, misteriosa, acepta mi conversación. Hablamos de pintura. Al poco tiempo hacemos el amor. Luego, en un edificio extraño, bajamos por unas escaleras eléctricas muy largas. Avanza más rápido que yo. En la medida en que se aleja de mí presiento peligro y trato de alcanzarla. Entre nosotros hay dos jóvenes, uno saca el revólver y le dispara; la mujer cae al suelo e inútilmente trato de auxiliarla. El otro tipo también la balea. La sostengo en mis brazos y veo cómo desaparecen los criminales. Al despertar sé que ella me amaba y la echo de menos, necesito verla. No quiero averiguar por qué la mataron, tampoco siento ningún deseo de venganza. Tan sólo aguardo con ansiedad las noches para dormir y estar en posibilidades de soñar con la enigmática mujer, evitar que la asesinen y de tal forma extender nuestra pasión, que fue violenta y que fue dulce.

Rene Avilés Fabila

La casa de Asterión

In Creatură on 14 decembrie 2008 at 1:52 am

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Pablo Picasso

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

 

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Jorge Luis Borges

Odradek

In Creatură on 6 decembrie 2008 at 1:50 am

Odradek

Odradek

Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra. Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek.

A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.

Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar. Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra.

A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.

-¿Cómo te llamas? -le pregunto.

-Odradek -me contesta.

-¿Y dónde vives?

-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho. En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.

Franz Kafka

La elefantasma

In Creatură on 30 noiembrie 2008 at 1:55 am

Deambula por los circos que tanta gloria le dieron. Sus orejas, semejantes al celofán en transparencia, son enormes al igual que la trompa balanceante con la cual va recogiendo memorias y recuerdos: ya sea de la ocasión en que hizo la danza de los siete velos en el Ringling, ya de la vez de su salto a doble altura desde un trapecio del Barnum; ya del fatídico, último resbalón que dio en la cuerda floja del Atayde.

A la elefantasma no le molestan las nuevas generaciones que tratan de emularla con torpeza. Ella simplemente les observa desde una grada -siempre de tipo preferente- y meneando la cabeza desaprueba un titubeo, un error en el ritmo de la rutina, un movimiento innecesario.

Saciada una vez que está de memorias, lo único que la estrella sigue deplorando con añoranza, y antojo cada vez menor, es que los cacahuates carezcan de ánima.

Luis Felipe Hernández

El Homunculus

In Creatură on 21 noiembrie 2008 at 1:44 am

Pablo Picasso

El homúnculus es una vampiresa creada sin progenitores, transparente e insustancial cuando niña, nacida de la fecundación de una gota de esperma sazonada en deposición de caballo durante cuarenta días con sus noches.

Debe ser alimentada durante su juventud con sangre fresca no coagulada y mantenerla a temperatura cálida. Permanece célibe toda su vida.

El homúnculus es el arquetipo de la sabiduría; todo lo conoce sin necesidad de adiestramiento previo, frecuenta con facilidad los secretos de la Naturaleza, ayuda sin culpas a propios y extraños.

Si bien es capaz de realizar gestas prodigiosas, le basta con un oficio bien reconocido para ser feliz.

La noche de bodas

In Creatură on 5 noiembrie 2008 at 1:33 am

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 Novic Arman Zhenikevev

La hembra arácnida devora al macho consorte durante la cópula, leía aterrado el hombre araña mientras su esposa se acicalaba con deleite para gozar su primera noche de bodas.

 

 

 

Aracnofilia

In Creatură on 4 noiembrie 2008 at 1:22 am

Las arañas llevan cincuenta y cinco millones de años tejiendo telarañas, día tras día, sin descanso, porque dicen sus escrituras que su ltrabajo redituará y una de ella será la elegida y se convertirá en hombre, debutará en el cine y vivirá como dios manda. Y entonces la tierra será de ellas.

Los impíos

In Creatură on 2 noiembrie 2008 at 1:59 am

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Salvador Dali

De vez en cuando el vampiro baja a la tierra de los hombres disfrazado como mendigo y, criatura en brazos, solicita una limosna por caridad.

A los dadivosos los condena sin remedio pues los limpios de corazón no necesitan sobornar a Dios.

Los silfos celebran el año nuevo

In Creatură on 31 octombrie 2008 at 1:25 am
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Del agua nacen los silfos, más pequeños que los gnomos vegetales y agraciados como ellos con talento y ternura para apreciar el arte y las ciencias sociales.

Viven larga vida en el seno de trescientos lagos repartidos por la tierra; sobreviven de lo que el día les da y disfrutan el hábito de hallarse en el mundo sin culpas ni ambiciones por lo que están exentos de la ira de Dios.

Gobernados por un rey acuático, son concebidos sin goce y paridos sin dolor, y se apagan como una luciérnaga cuando se les entristece el alma.

Su libertad es divina porque pueden franquear sin obstáculos los cinco elementos de la naturaleza esencial.

 

El veredicto

In Creatură on 21 octombrie 2008 at 1:29 am

Brassai

La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.

__ No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?

__ No señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.

__ Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.

__ ¿Verdad que usted es el cobrador?

__ Sí– le dije resuelto a todo–, pero hablaremos hoy de otra cosa.

Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:

__ Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:

__ ¡ Qué fraude! Vas a condenarte por eso.

Pero el Diablo, que nos oia dijo:

__ No, se salvará

x

Alfonso Reyes

Patrimonio de la humanidad está deprimida

In Creatură on 3 octombrie 2008 at 1:55 am

Alvin Langdon


La esfinge de Tebas.   La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa asi desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único de su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos ingenuos, que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando van a visitarla a su morada, durante el fin de semana.

Rene Aviles Fabila

El último fantasma

In Creatură on 1 octombrie 2008 at 1:51 am

Francis Bacon

No hace ni un par de días que liquidé al último fantasma. Tres meses para acabar con un solo fantasma, lo sé, no es lo que podríamos considerar un éxito, pero si tenemos en cuenta que muchos de nuestros más competentes profesionales habían fracasado en el intento y que nadie daba un solo duro por mí, comprenderán que me sienta cuando menos orgulloso. Se trataba de un fantasma astuto, discreto, escurridizo, que gustaba volver tarumbas a sus perseguidores.

Informado de los antecedentes, me lo tomé con calma y, tras sopesarlo mucho, planteé mi propia estrategia, que consistía mayormente en ser yo quien tomase la iniciativa, no corriendo tras él, no poniendo trampas por las habitaciones, ni minas en el jardín, como habían hecho mis predecesores. Determiné, pues, una táctica de desgaste, de nervios, de hacer continuamente lo contrario de lo que se esperaba de alguien como yo.

Confieso, sin embargo, que no sé hasta dónde me corresponde el exclusivo éxito de la operación.

Lo maté mientras me ejercitaba en la ballesta, un arma que según todas las estadísticas ha sido relegada en el abatimiento de fantasmas. Comprendan mi estupor al ver que la flecha se detenía súbitamente en el aire, que al instante se formaba un charco de sangre en el césped.

Sólo tras observar con más detenimiento el charco me persuadí de que aquella flecha tal vez no había dado en su blanco por azar.

También -pensé-, también los fantasmas se suicidan.

Manuel Moya.

Irlandeses

In Creatură on 27 septembrie 2008 at 1:33 am

Cuenta la leyenda que los irlandeses son desconfiados por naturaleza. Para convencerlos del apremio del infierno, San Patricio le pidió a Dios una prueba contundente que pudiera convencer a sus feligreses. Dicen que el mismo hijo de Dios se apareció en el condado de Donegal, al norte de irlanda, y descubrió entre las rocas una puerta infernal de donde surgían los gritos de los condenados. San Patricio conmemoró el milagro construyendo junto a esa puerta un monasterio. El claustro se vino abajo en pocos años, los condenados siguieron quejándose, inalterables y los irlandeses, duros hasta la muerte, disfrutaron de sus vidas tan desconfiados como siempre.

La musa

In Creatură on 25 septembrie 2008 at 1:11 am

Alex Kazachok

La musa ya despliega sus alas de vampiro.

Su boca, una ventosa voraz, aplica al cuello

Del joven sacerdote, y el purpurino sello

Se ensancha mientras arde su amor en un suspiro

A cambio de su sangre, la musa lo alimenta

Con esa leche amarga que fluye de sus senos:

Dos péndulos albinos, dos péndulos obscenos

Que tienen un relente de cuerpo que fermenta

Entre los muslos grises, de vellos erizados,

Como gusanos fofos colgando de una ojiva

En torno de la vulva destilan su saliva

Infecta siete falos rojizos y atrofiados

Las alas membranosas repliéganse y acaba

El himeneo oscuro del joven con la harpía

Entonces los cuadernos se llenan de poesía

Que a la razón disuelve, que a la virtud socava.

Emiliano Gonzalez