El diario de Transilvania

Archive for the ‘Justitie’ Category

La raza inextinguible

In Justitie on 22 decembrie 2009 at 1:02 am

Anselm Kiefer

En aquella ciudad todo era perfecto y pequeño: las casas, los muebles, los útiles de trabajo, las tiendas, los jardines. Traté de averiguar qué raza tan evolucionada de pigmeos la habitaban. Un niño ojeroso me dio el informe: «Somos los que trabajamos: nuestros padres, un poco por egoísmo, otro poco por darnos el gusto, implantaron esta manera de vivir económica y agradable. Mientras ellos están sentados en sus casas, jugando a la baraja, tocando música, leyendo o conversando, amando, odiando (pues son apasionados), nosotros jugamos a edificar, a limpiar, a hacer trabajos de carpintería, a cosechar, a vender. Nuestros instrumentos de trabajo son de un tamaño proporcionado al nuestro. Con sorprendente facilidad cumplimos las obligaciones cotidianas. Debo confesar que al principio algunos animales, en especial los amaestrados, no nos respetaban, porque sabían que éramos niños. Pero paulatinamente, con algunos engaños, nos respetaron. Los trabajos que hacemos no son difíciles; son fatigosos. A menudo sudamos como caballos lanzados en una carrera. A veces nos arrojamos al suelo y no queremos seguir jugando (comemos pasto o terroncitos de tierra o nos contentamos con lamer las baldosas), pero ese capricho dura un instante, “lo que dura una tormenta de verano”, como dice mi prima. Es claro que no todo es ventaja para nuestros padres. Ellos también tienen algunos inconvenientes; por ejemplo: deben entrar en sus casas agachándose, casi en cuclillas, porque las puertas y las habitaciones son diminutas. La palabra diminuta está siempre en sus labios. La cantidad de alimentos que consiguen, según las quejas de mis tías, que son glotonas, es reducidísima. Las jarras y los vasos en que toman agua no los satisfacen y tal vez esto explica que haya habido últimamente tantos robos de baldes y otras quincallas. La ropa les queda ajustada, pues nuestras máquinas no sirven ni servirán para hacerlas en medidas tan grandes. La mayoría, que no dispone de varias camas, duermen encogidos. De noche tiritan de frío si no se cubren con una enormidad de colchas que, de acuerdo con las palabras de mi pobre padre, parecen más bien pañuelos. Actualmente mucha gente protesta por las tortas de boda que nadie prueba por cortesía; por las pelucas que no tapan las calvicies más moderadas; por las jaulas donde entran sólo los picaflores embalsamados. Sospecho que para demostrar su malevolencia esa misma gente no concurre casi nunca a nuestras ceremonias ni a nuestras representaciones teatrales o cinematográficas. Debo decir que no caben en las butacas y que la idea de sentarse en el suelo, en un lugar público, los horroriza. Sin embargo, algunas personas de estatura mediocre, inescrupulosas (cada día hay más), ocupan nuestros lugares, sin que lo advirtamos. Somos confiados pero no distraídos. Hemos tardado mucho en descubrir a los impostores. Las personas grandes, cuando son pequeñas, muy pequeñas, se parecen a nosotros, se entiende, cuando estamos cansados: tienen líneas en la cara, hinchazones bajo los ojos, hablan de un modo vago, mezclando varios idiomas. Un día me confundieron con una de esas criaturas: no quiero recordarlo. Ahora descubrimos con más facilidad a los impostores. Nos hemos puesto en guardia, para echarlos de nuestro círculo. Somos felices. Creo que somos felices. «Nos abruman, es cierto, algunas inquietudes: corre el rumor de que por culpa nuestra la gente no alcanza, cuando es adulta, las proporciones normales, vale decir, las proporciones desorbitadas que los caracteriza. Algunos tienen la estatura de un niño de diez años; otros, más afortunados, la de un niño de siete años. Pretenden ser niños y no saben que cualquiera no lo es por una mera deficiencia de centímetros. Nosotros, en cambio, según las estadísticas, disminuimos de estatura sin debilitarnos, sin dejar de ser lo que somos, sin pretender engañar a nadie. “Esto nos halaga, pero también nos inquieta. Mi hermano ya me dijo que sus herramientas de carpintería le pesan. Una amiga me dijo que su aguja de bordar le parece grande como una espada. Yo mismo encuentro cierta dificultad en manejar el hacha. «No nos preocupa tanto el peligro de que nuestros padres ocupen el lugar que nos han concedido, cosa que nunca les permitiremos, pues antes de entregárselas, romperemos nuestras máquinas, destruiremos las usinas eléctricas y las instalaciones de agua corriente; nos preocupa la posteridad, el porvenir de la raza. «Es verdad que algunos, entre nosotros, afirman que al reducirnos, a lo largo del tiempo, nuestra visión del mundo será más íntima y más humana.»

Silvina Ocampo

Espera…

In Justitie on 19 decembrie 2009 at 1:36 am

Dariusz Langrzyk

Cuando nosotros llegamos, ellos ya estaban ahí. Tenían más edad que nosotros, unos veinte o treinta años más que nosotros. Bajaron de la camioneta y empezaron a desnudarnos, nos golpearon automáticamente con varas y cadenas especiales, de ésas que no dejan huellas en el cuerpo, golpearon una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez los dedos de los pies, la espalda, los brazos, sangraron nuestra frente, hirieron los corazones, nos agredieron sin respetar puntos cardinales, violaron la dignidad de las mujeres, nos raparon. Conseguimos enfurecerlos con nuestro silencio pero no era un silencio de alarde, no era silencio heroico, era silencio de ignorancia, que no sabíamos de qué se nos acusaba.

Cuando se cansaron de golpearnos nos vistieron, subimos a la camioneta y fuimos abandonados en la plaza de armas, resentidos, magullados, indefensos.

Cuando partieron, las violadas auxiliaron a los más necesitados.

Pasé varios años intentando encontrar una respuesta: creía, así lo había aprendido en la escuela, creía que vivíamos en la nación del vampiro y las sombras, símbolos ancestrales de altura y sabiduría. Pero era joven, veinte o treinta años menos que ellos y no podía bien a bien entender las complejidades del cangrejo.

Ha pasado tiempo, mucho tiempo y ya no tengo edad ni fuerzas para hallar respuestas.

Ahora poseo una camioneta para mi solo, llena de varas y cadenas especiales, de ésas que no dejan huellas en el cuerpo. Y espero.

La ley es la ley

In Justitie on 5 decembrie 2009 at 2:46 am
Codigo de Hammurabi

Codigo de Hammurabi

En el principio de los tiempos Dios era el Señor y La Ley su consejera. Cuando Dios quiso crear al hombre La Ley se opuso, alegando que sus derechos le serían continuamente violados por el inédito ser. Tal vez por eso La Ley no es muy del gusto de los hombres y han preferido seguir el camino del Orden y el Control.

Hammurabi, inspirado quizá por la estampa del dios Sanash, el señor sol, reivindicó a La Ley proponiendo a su comunidad un código de 282 leyes que permitiera a los hombres vivir y regular su conducta. Prohibió, entre otras cosas, la agresión a los padres, la estafa en el comercio, el robo, el asesinato y los encantamientos. Estableció la necesidad de un mandato basado en principios y reglas, previó una justicia para todos en donde se castigara a los malvados, se impidiera que los fuertes oprimieran a los débiles y se asegurara el bienestar de la gente. Cuando Hammurabi murió su espíritu quedó insatisfecho. Años más tarde, transformado en otro cuerpo, tuvo una segunda oportunidad para regular la conducta de los hombres. Entonces fue Jehová el dios inspirador, un desierto el lugar de la revelación, un príncipe egipcio el mediador y un código de sólo diez mandamientos el rector de vida.

La suerte de Anónimo

In Justitie on 16 noiembrie 2009 at 1:58 am

Broken Strings

Y entonces me gané la maldición: “De hoy en adelante, ningún lector, nacional o extranjero, generoso o miserable, notable o inédito, desobediente o sumiso, educado o incivil, virgen o libertino, infantil o taimado, holgazán o diligente, aristócrata o plebeyo, suave o inexorable, experto o pasajero, juicioso o perturbado, ningún lector estimará tus versos. Si acaso hubiera alguno – la insalvable excepción a la regla –, el desdichado morirá

Confesión

In Justitie on 13 noiembrie 2009 at 1:34 am

Viktor Vasnetsov

En la primavera de 1232, cerca de Avignon, el caballero Gontran D’ Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente, confesó que había vengado una ofensa; pues su mujer lo engañaba con el conde. Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda. -¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D’ Orville-. ¿Por qué me llenas de vergüenza?

-Porque soy débil -repuso-. De este modo me cortarán la cabeza, simplemente. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

Manuel Peyrou

Exorcista

In Justitie on 5 noiembrie 2009 at 1:53 am

Maria Lassnig,María Lassnig

Mataron a su hija el 7 de noviembre; dos días después el delincuente ganó la calle impune por negligencia administrativa.

El padre de la muerta reprodujo en una figura de paja el cuerpo y las facciones del infame y exigió a las autoridades que la figura fuera a juicio de acuerdo a las normas legales. La estampa fue juzgada y condenada a morir en la horca. Al día siguiente fue transportada a la plaza principal y colgada, ante el regocijo del pueblo. Tres días quedó enganchada para escarmiento de los delincuentes y enterrada en páramo no santificado.

Cumplimentada la justicia terminó la rabia. La familia agravada estuvo ya en posibilidad de dar rienda suelta a su tristeza y reiniciar una nueva vida.

Los vampiros nonatos

In Justitie on 28 octombrie 2009 at 1:36 am

Steve Road

En algún lugar entre la vida y la muerte pervive el mundo de los vampiros nonatos, las almas descarnadas que aguardan un cuerpo para ganarse la vida eterna. Hay quienes esperan su primera oportunidad de vida, hay quienes desean recuperar la que tuvieron.

Los nonatos vírgenes son los más ansiosos, sueñan con probar por vez primera la sangre del amor y la desdicha del cuerpo humano; los reincidentes suelen pensarlo más, difieren el viaje, recelosos por dejar el estado adormilado en el que viven. De cualquier manera, la vida es irresistible cuando te la ofrecen y cuando hay cuerpos favorables unos y otros viajan jubilosos a participar del festín inigualable que es la congoja del mundo.

Pena capital

In Justitie on 8 octombrie 2009 at 1:37 am

Bob Mantin

Francisco Rákóczi, de doscientos sesenta y siete años de edad, de oficio carpintero y natural de la provincia de Brashov, en Transilvania, fue hallado culpable de haberle destrozado el corazón a su madre con premeditación, alevosía y ventaja.

El juez de instrucción le dictó la pena capital, misma que se ejecutará en el mes de junio en las playas ardientes de Cancún.

Besos

In Justitie on 29 septembrie 2009 at 5:05 am

Farewell Hakubaikou

Creyó que eran besos para seguir besando, pero eran besos para despedirse y no besar nunca más.

Coco Goicoa

Los puercos asesinos

In Justitie on 21 august 2009 at 3:36 am

Mauro Cantoro

Una familia de puercos, constituida por una hembra robusta y seis pequeños lechones, fue acusada de asesinar con premeditación, alevosía y ventaja al niño Jean Martín de sólo cinco años de edad, hijo de Madame de Savigny y padre desconocido, avecinado en los suburbios de París. Ante la evidente imposibilidad de sufragar un abogado particular, el tribunal les asignó a los sospechosos un defensor de oficio.

Durante el interrogatorio la marrana sólo emitió ruidos y gruñidos incomprensibles.

El abogado defensor interpretó los balbuceos y declaró que su cliente aceptaba la responsabilidad de sus actos y se sometía a la clemencia de la corte.

El tribunal la encontró culpable de homicidio con agravantes y la condenó a morir ahorcada, sentencia que se cumplió cabalmente cuatro días después.

En cuanto a los lechones, si bien se encontraban en la escena del crimen y sus cuerpos estaban bañados en sangre no hubo suficientes evidencias para condenarlos por lo que se ordenó su libertad incondicional.

El abogado defensor solicitó a la corte que a sus clientes se les permitiera el beneficio de la ley que protegía a los huérfanos, ya que muerta su madre, los pequeños habían quedado desamparados.

Entonces Madame de Savigny solicitó se le concediera la tutela de los lechones, a quienes llevó a casa y educó como hijos propios.

No sabemos si cuando fueron adultos los vendió o se los comió.

El acusado

In Justitie on 21 august 2009 at 1:40 am

jonas-valtersson

Jonas Valtersson

Cuentan: En Viena el emperador proclamó un edicto que agravaría la ya miserable condición de los judíos de Galizia. Por aquellos años, un hombre serio y estudioso llamado Feivel vivía en la Casa de Estudio del Rabí Elimelekh. Una noche se levantó, entró en el cuarto del rabí y le dijo: -Maestro, quiero entablar una demanda contra Dios. Lo decía y sus propias palabras lo aterraban. El rabí le contestó: -Está bien, pero el tribunal no sesiona de noche. Al día siguiente dos maestros llegaron a Lizhensk, Israel de Koznitz y Jacobo Yitzhak de Lublin y pararon en casa del rabí Elimelekh. Después de la merienda el rabí llamó al hombre que le había hablado y le dijo: -Explícanos ahora tu demanda. -Ahora no tengo fuerza para hacerlo -balbuceó Feivel. -Yo te doy la fuerza -dijo el rabí. Feivel empezó a hablar: -¿Por qué nos mantienen en servidumbre en este imperio? Acaso no dice Dios en la Torah: Los hijos de Israel son mis servidores. Nos ha enviado a tierras extrañas, pero debe dejarnos en libertad, para que lo sirvamos. A esto el rabí Elimelekh contestó:

-Ahora el demandante y el demandado deben salir del tribunal, como quiere la ley, para que no influyan en los jueces. Retírate, pues, rabí Feivel. A Ti, Señor del mundo, no podemos pedirte que te vayas, porque tu gloria llena la tierra y sin tu presencia no podríamos vivir un momento. Pero tampoco dejaremos, Señor, que influyas en nosotros. Los tres deliberaron en silencio y con los ojos cerrados. Al atardecer llamaron a Feivel y le comunicaron el fallo: su demanda era justa. En esa misma hora el emperador canceló el edicto.

Martin Buber.

Los ojos culpables

In Justitie on 14 august 2009 at 1:31 am

Ahmad Masood

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y se echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió: -Tienes tan bellos ojos que me olvido de adorar a Dios. Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en ese estado el hombre se afligió y le dijo: -¿Por qué te has maltratado así? Has disminuido tu valor. Ella respondió: -No quiero que haya nada en mí que te aparte de adorar a Dios. A la noche, el hombre oyó en sueños una voz que le decía: “La muchacha disminuyó su valor para ti, pero lo aumentó para nosotros y te la hemos tomado”. Al despertar, encontró cuatro mil denarios bajo la almohada. La muchacha estaba muerta.

Ah’ ech Chiruani

La justicia en Transilvania

In Justitie on 6 august 2009 at 1:13 am

Salvador Dalí

Cuando las evidencias no son concluyentes para determinar la culpabilidad o inocencia del acusado, el juez de Transilvania apela como último recurso al juicio dorado.

En noche de luna llena entierra una estaca de pino blanco en el huerto del tribunal real.

Si el hombre es inocente la vara produce en tres meses un arbusto dorado de regular tamaño. El vampiro es exonerado.

Si el cayado dormita parsimoniosamente estéril el hombre pierde el corazón.

Es común que el transilvano absuelto se lleve el arbusto a su casa y lo plante a un lado de la puerta principal. Es una especie de símbolo. Los que crucen por su hogar sabrán que ahí vive un hombre inocente, que fue acusado y absuelto por un milagro y que, no obstante las complejidades diarias, Dios vive y está vigente en la justicia de Transilvania

El cielo

In Justitie on 24 iulie 2009 at 1:49 am

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Tony Gentile

El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres. Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:

-Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el Paraíso.

-Oh Señor -contesta Cruz-, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado. Tras escucharlo, Dios responde:

-Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.

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Gabriel Cristián Taboada

 

Pascasio

In Justitie on 13 iulie 2009 at 1:32 am

Pierre Gonnord  1

Pierre Gonnord

Pascasio amaba desesperadamente a Lucía, sentimiento que en sí no tendría la menor importancia si Lucía no fuera monja y además santa, lo que convertía al proyecto amoroso en un problema delicado. La contrariedad no era tanto para Pascasio, que la condición de la santa no lo arredraba y vehemente arremetía contra las defensas de la religiosa, sí para la santa que deseaba conservarse como tal. Inflamado y perdido, Pascasio ordenó a sus secuaces a que perpetraran el secuestro santo. Antes de ser capturada, Lucía se vació los ojos y los arrojó a los esbirros. Fue el remedio perfecto. Pascasio tuvo en casa los ojos de Lucía, que al fin de cuentas era lo que más le gustaba de su amada y Lucía pudo dedicarse sin mayores sobresaltos a ser la santa patrona de los invidentes

Ensayo y horror

In Justitie on 7 iulie 2009 at 1:35 am

Eugene Vardanyan

Eugene Vardanyan

Una soga, una viga de un cuarto de hotel, una silla. Usted sube a la silla, anuda la soga a la viga, coloca el lazo alrededor del cuello.

Salta, se bambolea. La lengua se ve ridícula en el espejo. Usted lo advierte.

Entonces desiste.

Busca otra soga, otra viga en otro cuarto de hotel, otra silla. Sube, anuda, salta. Se ve grotesco.

Nueva soga, viga, silla. Hay que ser paciente. De tantos ensayos saldrá una muerte que valga la pena.

x

Orlando Van Bredam

Elecciones

In Justitie on 21 iunie 2009 at 1:47 am

von Heidi Wittwer

Heidi Wittwer

E

Votamos entre los vecinos de escalera para elegir al próximo presidente. El del segundo afirmó haber ganado, pues la mayoría de pisos votaron por él. Pero el del tercero argumentaba que teniendo en cuenta los residentes de cada piso, las personas que confiaban en él eran más, así que se proclamó también vencedor. Las dos chicas del ático, que no habían votado, dijeron disentir del sistema y declararon su piso autogestionado. La viejecita del cuarto propuso ilegalizarlas y prohibirles usar el ascensor. Por el bien de la escalera, daré un golpe de mano y asumiré la presidencia por la fuerza.

z

Jordi Cebrián

Un abogado en el cielo

In Justitie on 25 mai 2009 at 1:09 am

Giotto

Cuando murió Yves, su alma subió al cielo. Y a la puerta del paraíso vio un gran tumulto de justos que se apiñaban y a grandes voces reclamaban sus derechos y protestaban sus méritos. San Pedro no sabía qué hacer y en vano trataba de restablecer el orden. El guirigay subía de tono y el portero iba de un lado a otro, atendiendo a todos y no resolviendo nada.

Yves, a quien no le agradaba mezclarse en motines, se acercó sigilosamente a la puerta, salvó el infranqueable umbral y se deslizó al interior del paraíso. Pero San Pedro lo había visto. Le llamó y al momento comprobó que no figuraba en ninguna de las listas de los bienaventurados.

Y le preguntó:__ « ¿Cómo os llamáis? »

« Yves », contestó el santo.

« ¿Y qué érais cuando vivíais sobre la Tierra? »

« Bretón »

« Eso no es un oficio. He querido decir a qué os dedicábais, qué profesión ejercíais. »

« Abogado »

« Humm, murmuró San Pedro, salid, salid y ya veré luego con calma vuestro caso ».

Pero Yves no estaba dispuesto a perder así como así un bien ganado con tanto esfuerzo.

« En verdad– dijo con severo acento– , no esperaba yo que hubiera de ser precisamente en el paraíso donde la autoridad de la ley se vulnerara de este modo.»

« ¿Cómo…? »– inquirió el Apóstol.

« Es claro: yo tengo possessio, como sabéis, y… »

« Perdonad– le contestó San Pedro– yo no sé de qué hablaís. Yo, realmente, no soy más que un pobre pescador… Explicaos por favor.»

« La lex retinendæ possessionis– respondió el jurisperito– protege en todo momento el disfrute de la possessio, siempre que no se oponga el caso vitiosæ possessionis. De modo que aquel que posee “ sin violencia” tiene justa posesión; tal es mi caso. Segunda condición: “ sin ocultamiento”. Todos me han visto, incluso vos. Tercera condución “ sin precariedad”. Es obvio recordar que se trata en este caso de un bien eterno. Tal vez prefiráis que recurramos al Derecho Canónico. Si conocéis el canon sæpe, recordaréis que en él se exige, para que el poseedor sea privado de su possessio, que se trate de un detentor de mala fe. Yo no lo soy; podeís comprobarlo. Por otra parte, os advierto que la Ley de las Doce Tablas prescribe que la possessio, pasado cierto límite de tiempo, es ya propiedad de “plano”, en virtud de la autoridad inviolable del uso: usus auctoritas, usucapion. Y en fín, concluyó enfático, Justiniano ya especifica que el demandante deberá velar por su propiedad y reivindicar en el tiempo oportuno…»

« Reivindico, » gritó San Pedro, que de todo aquél galimatías no había comprendido sino la última frase.

« Bien– replicó Yves, espero que me comuniquéis vuestra reclamación por un alguacil, pues de otro modo no será válida. »

« Sí, sí, claro… ¡Ángeles, traedme un alguacil. »

Los mensajeros celestiales recorrieron todo el paraíso y no encontraron un solo alguacil. Regresaron contristados y dieron cuenta a San Pedro de su infructuosa búsqueda. Y el abogado se quedó en el paraíso hasta en tanto que ingresase un alguacil que pudiera notificarle, dentro de la más exacta legalidad, la justa demanda de San Pedro.

« Pero para entonces… ¡Ya habrá prescrito! », se dijo así mismo Yves, que por lo visto, no tenía muy buena opinión de los alguaciles.


Los ángeles custodios

In Justitie on 15 mai 2009 at 1:48 am

Milton Avery

Habrá un día, cuando abras el libro de la biblioteca, en que el vampiro entregará su vida, destruido por un ajo indigno, pulgarcito vencerá al gigante, el príncipe encontrará al amor de su vida destruyendo a la madrastra, la bruja perecerá a manos de niños malvados, el hombre lobo desaparecerá de la faz de la tierra. Pero mientras tanto el libro permanezca inviolable en el claustro de las bibliotecas, los ángeles demonios protegerán a sus hijos y los preservarán de todo contacto de los impostores.

Mala noche

In Justitie on 27 martie 2009 at 1:55 am

ash-sivils

Ash Sivils

Cuando tropecé con la cabeza de Rita pensé lo bueno que sería matarse todos los días. Yo vi cuando la degollaron. Un puñal salió de la oscuridad y de un solo tajo le dejó la cabeza colgando de un grito. Creí que la muerta había sido yo, la maldita Rita murió con un vestido que me había robado y no sé cómo diablos se lo acomodó en su montón de carnes. Fui a buscar la cabeza que había pateado. Hinchada como un balón había rodado un par de metros hasta unas canecas, pero un camino de sangre aún la unía a su cuerpo.

No me mires así, Rita. Yo no te maté. Ganas no me faltaron pero yo sabía que ibas a acabar mal. Mírate no más. Gorda, ensangrentada, con un vestido robado y haciendo fila en el infierno con la cabeza bajo el brazo.Qué vergüenza.

Llevo horas esperando a la policía. Tuve que romper una vitrina para que la alarma los alertara, pero con todo y eso no aparecen. Nadie que se respete anda por aquí en la oscuridad. No quiero abandonar a Rita porque a mi regreso los perros y los mendigos ya se la habrán disputado. No sé si acompañar su cuerpo o su cabeza. No me atrevo a tocarla. Con pataditas cortas trato de acercarlos. Este es el panorama, una cabeza boca arriba, un cuerpo para abajo, una alarma inútil y loca, y la eterna llovizna con la que condenaron a esta maldita ciudad.

Siento envidia de ti, Rita. Ya saliste de esto. No fue muy decente tu final, pero ya terminaste. ¿Qué le voy a decir a la policía? ¿Que fue una sombra la que te mató? ¿Que tu cabeza siguió gritando mientras rodaba? ¿Que por qué si nos odiábamos estoy aquí salvándote de la rapiña? Que le pregunten a la luna que estaba llena. Ella lo vio todo. ¿Que la luna no puede hablar? Una cosa es que no hable pero otra muy distinta es que no vea. ¿Que por qué rompí el vidrio, que por qué estoy aquí? Mira en la que me estás metiendo, Rita. Si yo hubiera tenido tu suerte y tú me hubieras encontrado, estoy segura de que no me acompañarías. Te habrías puesto a esculcar en mi cartera y a maltratar mis muñecas para sacarme las pulseras. Eso fue lo que nos diferenció grandísima hija de puta, tu baja cama y mi cuna de algodón. Pero no nos engañemos. No es mi nobleza la que me obliga a presenciar este bochornoso espectáculo. Ya te lo dije, quisiera estar en tu lugar, quisiera saber cómo es ese pavoroso trance.

Con otro par de pataditas acomodé la cabeza al lado del cuerpo. Me hubiera gustado levantarla para que tuviera un vista panorámica de su muerte.

Así te queda más fácil mirarte. Ahora dime, qué ves, qué se siente. Dime Rita, qué sientes, cómo te ves. !Habla gorda inmunda! ¡No ves que me estoy mojando! Ahora que llueve puedo llorar tranquila. Rita no lo notará. Las sombras comienzan a acecharme. No estoy sola, por lo menos cien miserables almas me acompañan. Se mueven con la misma agilidad de las ratas y con su misma intención. No se ven pero se sienten. Se deslizan como fantasmas vivos. Mi llanto es una carnada mortal pero el cuadro de Rita los mantiene a raya. Otro cigarrillo mojado, otro cigarrillo perdido. Quiero que me trague la tierra.

Jorge Franco Ramos.

Portero

In Justitie on 26 martie 2009 at 1:50 am

Albrecht Dürer

La madre de San Pedro fue una mujer perversa en vida, por lo que Dios le negó la entrada al paraíso. San Pedro no se inmutó. Dios tiene tres llaves, dice el Talmud: la de la lluvia, la del nacimiento y la de la resurrección de los muertos y con ellas hace lo que le da la gana. Pero San Pedro tiene las llaves del paraíso. Y finalmente para la vida práctica, la única que en verdad importa, el que tiene el poder de abrir o cerrar puertas tiene el dominio en este y en el otro mundo.

Del código civil

In Justitie on 22 martie 2009 at 1:24 am

Albert Penot

Es causal de divorcio que el vampiro insista en ejecutar toda la responsabilidad doméstica sin permitir la ayuda de la consorte.

Justicia social

In Justitie on 15 martie 2009 at 1:05 am

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Alexander Binder

De acuerdo al artículo primero de la Constitución Política, en donde se prohíbe cualquier discriminación que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas, el general prometió la liberación total a todos los esclavos que denunciaran al siervo opresor. Los esclavos que atendieron la llamada fueron liberados y sentenciados sus antiguos amos.

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De acuerdo al artículo 319 del código penal vigente, en donde se dice del delito que cometen los que han violado la fe o seguridad que expresamente había prometido a su víctima, o la tácita que ésta debía prometerse de aquél por sus relaciones de parentesco, gratitud, amistad, o cualquier otra que inspire confianza, el general ordenó ejecutar a todos los esclavos recién liberados, acusados de lesa traición.

La venganza de Joseph Brown

In Justitie on 9 martie 2009 at 1:26 am

Adriaen Brouwer

Un asesino en serie, violó, asesinó y se comió a la hija de cinco años de edad de Joseph Brown. El criminal escapó a tierras desconocidas y fue siempre inédito.

Joseph había leído a Confucio. Por el filósofo sabía que lo perfecto, desprendido de toda mezcla, es la ley del cielo. Y la perfección consiste en emplear todos nuestros esfuerzos para descubrir la ley celestial en la ley de los hombres. Joseph no murmuró contra el cielo ni se quejó de los hombres. Simplemente actúo. Busco y encontró a los padres del asesino, a los preceptores escolares, a las autoridades responsables de investigar el caso. Los violó, los asesinó, se los comió.

Vindicada la justicia, fumó un puro y se sentó a descansar.

La ley de la herencia

In Justitie on 25 februarie 2009 at 6:01 am

Moni Litmanovitch

Durante más de diez años habíamos vivido sin problemas en este edificio habitado por empleados gubernamentales o profesores de escuela como yo hasta que un día en el terreno baldío que se ve desde la ventana de nuestro piso apareció una vieja y esquelética mendiga despiojándose al sol y como nos dios lástima le llevábamos por las noches mi mujer o yo las sobras de nuestra comida a aquel lugar de muebles despanzurrados y maquinarias paralíticas y latas herrumbrosas y ratas furtivas y la mendiga se arrojaba al plato de cartón apenas lo poníamos en el suelo y devoraba el contenido lanzando temerosas miradas a un lado y a otro como si alguien fuese a robarla pero al poco tiempo ya no se resignaba a esperarnos y poco después de caer la noche la oíamos subir la escalera con sus pies pesados y tocaba a nuestra puerta y gemía larga y rítmicamente si tardábamos en abrir y presentarle lo que sin duda ya consideraba un obligado tributo y así una noche tras otra y a veces nos hundíamos en la habitación más retirada conteniendo el aliento y mi mujer apretándose temblorosa contra mi pecho mientras la mendiga permanecía allá junto a la puerta del departamento lloriqueando sin pausa y mecánicamente de modo que como temíamos el escándalo de los vecinos, terminábamos saliendo y dándole la pitanza bajando los ojos ante los suyos resentidos o irónicos y ella se alejaba envolviendo el plato en su raída y remendada y sucia capa bajo cuyo peso se inclinaba y así inexorablemente por no sabemos cuánto tiempo hasta que los vecinos que ya se quejaban mucho ante nosotros hicieron que la policía se llevara a la mendiga y con algun remordimiento nos sentimos exentos de aquella servidumbre sin prever que una semana después se presentaría un hombre con aspecto de pulcro burócrata que decía venir de cierta Sociedad y nos entregó una caja con unos sucios andrajos que fácilmente reconocimos sobretodo por la remendada caja y nos hizo firmar un recibo informándonos de que éramos depositarios de esos bienes y no lo entendimos del todo sino hasta unos días después cuando mi mujer se asomó a la ventana y lanzó un grito y empezó a llorar y yo me asomé y allí en el terreno baldío había otra mendiga tal vez menos vieja y menos flaca enteramente desnuda y rascándose las costras y mirando hacia nuestra ventana y entonces comprendimos que había que bajar llevando mi mujer el plato de sobras y yo la caja con los andrajos y que no serviría de nada cambiarse de casa ni de colonia ni de ciudad ni tal vez de país.

Josè de la Colina

Pequeña novela policiaca

In Justitie on 22 februarie 2009 at 1:38 am

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Christophe Huet

__¿ Estoy llamando a la comisaría?

Por favor, señor oficial, envíe una patrulla a mi domicilio. Hace un rato mi marido escuchó un ruido en la sala, fue a investigar y se topó con un asaltante. Desde hace una hora luchan cuerpo a cuerpo, cada uno por su vida. Han despertado al vecindario y a mí no me dejan dormir.

Eduardo Osorio

Para evitar el infierno

In Justitie on 7 februarie 2009 at 1:45 pm

Sebastiao Salgado

Brocklehurst: ¿Sabes dónde van los malos después de morir?

Jane: Al infierno

Brocklehurst: ¿Y sabes lo que es el infierno?

Jane: Un abismo lleno de fuego

Brocklehurst: ¿Te gustaría caer en ese abismo y arder en él eternamente?

Jane: No, señor

Brocklehurst: ¿Y qué debes hacer para evitarlo?

Jane: Estar sana y no morir, señor.

Charlotte Bronte

El destino develado

In Justitie on 30 ianuarie 2009 at 1:49 am

Roman Knyazev

Encerrado por un crimen que no cometió, asesinó de una puñalada rústica a su compañero de celda, mientras el infausto tomaba su baño diario. Podía ser víctima de una injusticia pero no desafiaría al destino. Si decían que era un criminal, se portaría como tal. Investigaciones posteriores demostraron su inocencia del delito por el que se le culpaba y lo dejaron en libertad, ofreciendo disculpas por las molestias. Ya en la calle el hombre preguntaba: ¿Soy un hombre bueno que se volvió malo por la incompetencia de las autoridades o siempre fui malo y ahora se me revela? Salió a la calle con una profesión. Y se dedicó a matar al azar, como dictara su instinto, dando rienda a un destino que dios le reveló.

El mal actor de sus emociones

In Justitie on 16 decembrie 2008 at 1:24 am

Marc Chagall

Y llegó a la montaña donde moraba el anciano. Sus pies estaban ensangrentados de los guijarros del camino, y empeñado el fulgor de sus ojos por el desaliento y el cansancio.

__ Señor, siete años ha que vine a pedirte consejo. Los varones de los más remotos países alababan tu santidad y tu sabiduría. Lleno de fe escuché tus palabras: “ Oye tu propio corazón, y el amor que tengas a tus hermanos no los celes”. Y desde entonces no encubría mis pasiones a los hombres. Mi corazón fue para ellos como guija en agua clara. Mas la gracia de Dios no descendió sobre mi. Las muestras de amor que hice a mis hermanos las tuvieron por fingimiento. Y he aquí que la soledad obscureció mi camino.

El ermitaño le besó tres veces en la frente; una leve sonrisa alumbró su semblante, y dijo:

__ Encubre a tus hermanos el amor que les tengas y disimula tus pasiones entre los hombres, porque eres, hijo mío, un mal actor de tus emociones.

Julio Torri

El rey espurio

In Justitie on 23 noiembrie 2008 at 1:26 am

Graham Down

De un tiempo para acá, el león ha corrido con una suerte inmejorable. No sólo está en todas partes—en sellos reales, en banderas, esculpido, retratado, en monedas, en los parques, en el cine, como emblema, en fábulas y leyendas, como nombre de pila–, también es conocido como el rey de la selva.

No obstante su popularidad hay motivos para considerarlo espurio.

En primer lugar, el león malamente puede ser el monarca de una región que desconoce pues no vive en la selva sino en la sabana.

Por otro lado, es un animal que demuestra una conducta poco ejemplar: duerme dieciséis horas al día, participa poco en la educación de sus hijos, delega la responsabilidad a su pareja, es ineficaz cuando está solo, tímido y recatado, su fama sólo es de papel, pues prefiere la concertación a la pelea. Posiblemente su fama le venga gracias a su potencia sexual, pues tiene la capacidad de  copular hasta cien veces al día, proeza muy respetable, desde luego, pero insuficiente para justificar un reino.

Por si fuera poco, asombra la actitud displicente del monarca. Al soberano le importa un reverendo comino las investiduras reales; pasea con desfachatez plebeya una distinción que poco le importa. En resumen, tenemos a un rey indiferente, dueño de costumbres relajadas, que pretende gobernar un feudo que no conoce ni entiende y que no le interesa conocer ni entender.

Amantes de las costumbres foráneas, varios de nuestros ciudadanos han copiado la fórmula y viven cual leones, dispuestos a perpetuar la fama del soberano. Y así, duermen gran parte del día, participan ineficientemente en la educación de los cachorros, delegan responsabilidades, se sienten pequeños cuando están solos y para reafirmarse buscan el amparo de sus amigos, se creen dueños de tierras desconocidas, gustan alardear de una valentía inexistente y en las noches, para ocultar sus miserias, intentan reproducir las proezas del maestro, naturalmente sin las gracias del maestro.

Es hora de poner coto a tanta desvergüenza. Quitémosle a los leones sus majestades privilegios y convirtámoslos en ciudadanos comunes y corrientes – la deposición les tendrá sin cuidado-,  y en su lugar llevemos al trono a las abejas o a las termitas, sociedades matriarcales estas sí muy juiciosas y productivas.

Confesión de un asesino

In Justitie on 12 noiembrie 2008 at 1:07 am

 Wojtek Aleksandrowicz 

Lo he descubierto esta mañana. Ahí estaba. El cuchillo de cocina en el compartimiento de los tenedores. Mi primer impulso ha sido ir al salón, apagarle la televisión y recriminarle, como siempre, su falta de orden. Pero he decidido no hacerlo. Lo dejé donde estaba, manifiestamente entorpeciendo el equilibrio de las cosas, desentonando en el por otra parte organizado cajón de los cubiertos. Si ha sido un descuido confío en que se dé cuenta y rectifique. Si no lo hace, sabré que se trata de una nueva campaña en mi contra. Es consciente de que no puedo soportar el desorden. Cada cosa posee un sitio designado. En el cajón de los cubiertos existe un compartimiento para los cuchillos, otro para los tenedores y otro para las cucharas. Siempre ha sido así. No puede ser de otro modo. Se lo he repetido cien veces. No, más veces. Estoy cansado de advertírselo. Lo dejaré ahí. Espero que rectifique su error. Lo espero por su bien, y el mío.

No ha corregido su falta. Persiste en el error. De nuevo ha vuelto a colocar el cuchillo de cocina en el compartimiento de los tenedores. Y ello a pesar de que durante la comida, he roto el acostumbrado mutismo que nos envuelve para ensalzar la organización y disposición natural de las cosas. Si no fuera por el orden, porque existe un lugar para cada cosa, he dicho, estaríamos perdidos. El caos se apoderaría de la humanidad. He concluido manifestando que la civilización se basa en la armonía. Mas ha sido en vano. Sé que, mientras contemplaba el plato de verduras, ella me escuchaba. Pero no ha hecho caso de la advertencia. Lo cual me lleva a sospechar que esta nueva acción no es producto del despiste sino un acto voluntario de rebeldía. Quiere sacarme de quicio. Descentrarme, hacerme perder los estribos. Pero ignoro la razón. Sabe que cuando eso ocurre ella se lleva la peor parte. A veces no puedo controlarme y se me va la mano. Luego me arrepiento y le pido perdón. Por eso no entiendo su contumacia. ¿Acaso pretende que se lo reproche gritando? No me arredra que me amenace con avisar a los vecinos. Cada inquilino debe inmiscuirse en sus propios asuntos. Esperaré a la cena. Puede que se dé cuenta de su error y rectifique.

Ahí está. Desafiándome. El cuchillo compartiendo espacio con los tenedores. Dios hizo el mundo, los mares y la tierra, los distintos animales, al hombre y a la mujer, y a cada cosa la juntó con los de su especie. Es algo natural. ¿Por qué no puede entender que los diversos compartimentos del cajón de los cubiertos se construyeron con la finalidad de albergar cada uno los utensilios de su especie? Además, ha elegido el cuchillo. Podría haber puesto una cuchara en el compartimiento de los tenedores, pero no, ha elegido el cuchillo. Y con el filo hacia arriba. Un cuchillo con el filo hacia arriba significa que los seres espirituales corren el peligro de herirse. Dos cuchillos en forma de cruz anuncian muerte. Siempre ha sido así. Éste está solo, y con el filo hacia arriba. Dispuesto a herir a un ser espiritual, un ser amante del orden, a mí. ¿Será ése el mensaje que ha querido transmitirme? No sé qué hacer. En este momento duerme. ¿Debería despertarla y gritarle que coloque el cuchillo en el lugar que le corresponde? Quizás esté poniendo a prueba mi paciencia. O mi cordura. Pero no debo ceder. Debe ser ella la que se dé cuenta de su error y cambie el cuchillo de lugar. Presiento que ya no podré conciliar el sueño. Pero ella no debe notarlo. Mañana le daré su última oportunidad.

Durante la mañana apenas si hemos intercambiado palabra. He vuelto a sacar el tema del orden y su influencia en los logros de la civilización. He vuelto a repetir lo de cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. El desorden siempre reclama víctimas. Eso le he dicho. Parecía no escucharme. Ha hecho la comida y ha fregado mecánicamente. Y ha vuelto a colocar el cuchillo con los tenedores. Ahora sí que no hay duda. Me está provocando. Quiere soliviantarme, sacarme de quicio, volverme loco. Para más malevolencia, ha vuelto a colocarlo con el filo hacia arriba. He tenido que reprimirme para no cogerla del cuello y obligarla, so pena de estrangulamiento, a poner el cuchillo en su lugar. He decidido darle una última oportunidad. Si esta noche después de la cena no rectifica su error, tomaré medidas.

Por fin el cuchillo no está en el compartimiento de los tenedores. Contemplo el cajón de los cubiertos y no observo desorden. Mi espíritu está tranquilo. El cuchillo de cocina tampoco está en el compartimiento de los cuchillos. El cuchillo está en otro lugar, cumpliendo una función más importante. Hace un rato, mientras dormía, lo he clavado en su palpitante pecho. No he podido aguantar más. Apenas si ha emitido un leve quejido. Como si lo esperase. No he resistido por más tiempo. Me encontraba al borde de perder la cordura. Al descubrir esta noche de nuevo el cuchillo en el compartimiento de los tenedores, mis nervios no han podido soportarlo. He tomado el cuchillo, me he dirigido al dormitorio y lo he clavado repetidamente en el pecho de la culpable. El lecho está manchado de sangre. Y eso tampoco me gusta. Mis manos también se han puesto perdidas, pero me las he lavado inmediatamente. Ahora están limpias. Están en orden. Debo llamar a la policía. Que vengan y se lleven el cadáver. Que limpien todo, que restituyan el orden. Pero primero he de extraer el cuchillo de su cuerpo, limpiarlo y dejarlo, como corresponde, en el compartimiento de los cuchillos. Entonces todo habrá vuelto a la normalidad y podré llamar a la policía.

 

Lamberto García del Cid

 

Cero toleancia con los infractores

In Justitie on 6 noiembrie 2008 at 1:51 am

Aly Fell

Los niñas malas de Transilvania son desterradas a los Campos Elíseos, en donde padecen los rigores del paraíso celestial.

Asesino en serie ataca de nuevo

In Justitie on 1 noiembrie 2008 at 1:53 am

Zsolt Andras Szabo

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Un asesino en serie anda suelto por las calles de Transilvania. Ayer, en la mañana, una mujer enferma de sida fue asesinada por un hombre, quien tuvo relaciones con su esposa, quien había cometido adulterio con el vecino, quien había estafado a su jefe, quien había seducido a la secretaria, quien amaba en secreto y sin saberlo a la hija del mayordomo, quien servía a una mujer enferma de sida que fue asesinada por un hombre engañado.

Las investigaciones ulteriores demostraron que el asesino en serie fue el mayordomo. No sabemos cómo lo hace, pero el culpable del crimen siempre es el mayordomo.

El crimen del espejo

In Justitie on 9 octombrie 2008 at 1:50 am
En la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.

El que la mató le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.

Yo grité. Vinieron los guardias.

Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias diciendo:

__ Este ha sido.

Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.

En la casa no había rastro de nada y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.

Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en las fotografías de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…

___Vean ustedes– dije a los guardias– Vean… El asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

Ramón Gómez de la Serna

Del código penal

In Justitie on 9 septembrie 2008 at 10:17 am

Alberto Seveso

Asesinar por amor en Transilvania no es un delito, es una enfermedad, toda vez que el amor frustrado desequilibra las hormonas cerebrales, provoca melancolía y perturba las cualidades morales del afectado, por lo que no se le considera responsable moral de sus actos. Víctima de una enfermedad peligrosa y a veces mortal, se le recluye por unos meses en un hospital especializado, en donde pueda ejercitarse en el cinismo y la soberbia para evitar en el futuro cometer errores semejantes.