El diario de Transilvania

Archive for the ‘Vampire’ Category

La Pesanta

In Vampire on 15 decembrie 2009 at 1:49 am

Xul Solar

Xul Solar

La Pesanta es la vampiresa del desorden. Habita en iglesias abandonadas. Cuando entra a las casas, revuelve todo lo que encuentra porque en el desorden recuerda el origen del mundo, cuando ella era la dueña y señora de todo. Le enferma que la contradigan. Cuando alguien ordena el caos, duerme sobre ella y le impide respirar, provocándole pesadillas aterradoras. A veces la víctima enferma de los pulmones y muere. El único remedio contra ella es no contrariarla. Si la hospedas debes vivir con el desorden como principio elemental.

Vampiros

In Vampire on 28 noiembrie 2009 at 1:04 am

Charles Burchfield

¿Es posible que haya vampiros en el siglo XVIII, después del reinado de Locke, de Saftersbury, de Trenchard y de Collins? ¿Y en el reinado de d’Alembert, de Diderot, de Saint Lambert y de Duclós se cree en la existencia de los vampiros, y el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con la aprobación de la Sorbona?

Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre a los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre, se quedaban pálidos y se iban consumiendo; y los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban completamente apetitosos. En Polonia, en Hungría, en Silesia, en Moravia, en Austria y en Lorena, eran los países donde los muertos practicaban esa operación. Nadie oía hablar de vampiros en Londres ni en París. Confieso que en esas dos ciudades hubo agiotistas, mercaderes, gentes de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo; pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupones no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Démostenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos del rito griego creían que los cuerpos de los cristianos del rito latino, que se enterraban en Grecia, no se pudrían, porque estaban excomulgados. Creían precisamente lo contrario que nosotros los cristianos del rito latino, que creemos que los cuerpos que no se corrompen son los que tienen impreso el sello de la bienaventuranza eterna, y en cuanto se pagan a Roma cien mil escudos por la canonización de cada santo, tributamos a éste la adoración de dulía.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El célebre Tournefort, emisario que mandó a Levante Luis XIV, lo mismo que otros aficionados, fue testigo de algunas jugarretas atribuidas a uno de los broucolacas y de la citada ceremonia.

Después de la maledicencia nada se comunica tan rápidamente como la superstición, el fanatismo, el sortilegio y los cuentos de aparecidos. Pronto hubo broucolacas en Valaquia, en Moldavia y en Polonia, aunque esta nación pertenece al rito romano y no le faltaba más que esta superstición, que se transmitió a toda la parte oriental de Alemania. Continuamente estuvieron ocupándose de los vampiros desde 1730 hasta 1735; los espiaron, les arrancaron el corazón y los quemaron; pero semejantes a los antiguos mártires, cuantos más quemaban más aparecían.

Calmet fue su historiógrafo, y se ocupó de los vampiros, como antes se había ocupado del Antiguo y del Nuevo Testamento, refiriendo fielmente todo lo que sobre esta materia habían dicho antes que él.

Debe ser una cosa curiosísima examinar los procesos verbales jurídicamente entablados a los muertos que salieron de sus fosas para chupar la sangre a los niños y a las niñas de la vecindad. Calmet refiere que en Hungría dos empleados que para este objeto nombró el emperador Carlos VI, con el bailío y el verdugo, fueron a formar causa a un vampiro, muerto seis semanas antes, que chupaba la sangre de los niños de la vecindad, y le encontraron cerrado en el ataúd, fresco, robusto, con los ojos abiertos y pidiendo de comer. El bailío dictó la sentencia; el verdugo arrancó el corazón al vampiro, y después de esta operación ya no chupó la sangre a nadie. Después de este caso nadie debe atreverse a dudar de los muertos resucitados que llenan las antiguas leyendas, ni de ninguno de los milagros que refieren Bollandus y el sincero y reverendo Ruinard.

Encontramos historias de vampiros hasta en las Cartas judías de Argens, a quien los jesuitas acusaron de incrédulo y que luego saborearon su triunfo, cuando el citado autor refirió la historia del vampiro de Hungría, y dieron gracias a Dios y a la Virgen por la conversión de Argena. He aquí lo que dijeron del referido autor: «El famoso incrédulo que dudó de la aparición del ángel a la Virgen, de la estrella que vieron los Reyes Magos, de que se curaran los poseídos, de que se ahogaran dos mil cerdos en un lago, del eclipse que hubo de sol en luna llena, de los muertos que se paseaban por Jerusalén; tocado por la divina gracia, se iluminó su espíritu, y cree en la existencia de los vampiros».

La gran cuestión que hubo entonces fue averiguar si aquellos muertos resucitaron por su propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo. Los grandes teólogos de Lorena, de Moravia y de Hungría hicieron públicas sus opiniones y su ciencia. Recordaron todo cuanto antes San Agustín, San Ambrosio y otros santos dijeron más ininteligible respecto a los vivos y a los muertos. Trajeron a colación todos los milagros de San Esteban que están incluidos en el séptimo libro de las obras de San Agustín, y he aquí uno de los más curiosos. Quedó aplastado un joven en África en la ciudad de Aubzal bajo las ruinas de una muralla, y la viuda fue inmediatamente a invocar a San Esteban, de quien ella era devota, y San Esteban resucitó al aplastado, al que le preguntaron qué es lo que había visto en el otro mundo: «Señores, contestó a los que le preguntaban: cuando mi alma salió de mi cuerpo, encontró infinidad de almas que le hicieron la misma pregunta respecto al mundo. Yo iba no sé a donde cuando encontré a San Esteban, que me dijo: «Devolved lo que habéis recibido». Yo le repliqué: «¿Qué queréis que os devuelva si nunca me disteis nada?» Me repitió tres veces: «Devolved lo que habéis recibido». Entonces comprendí que quería hablar del Credo. Recé el Credo, y en seguida me resucitó.

Citaron además los referidos teólogos las historias que refiere Sulpicio Severo en la vida de San Martín, y probaron que entre los muertos que resucitó San Martín devolvió la vida a un condenado; pero todas esas historias, aunque sean verdaderas, no tenían nada que ver con los vampiros que chupaban la sangre de los niños y luego volvían a meterse en sus ataúdes. Buscaron también en el Antiguo Testamento y en la mitología algún vampiro que pudieran presentar como caso antiguo; no encontraron ninguno, pero probaron, sin embargo, que los muertos comían y bebían, fundándose en que algunos pueblos antiguos les metían alimentos en las fosas.

Cuestionaron también si comía el alma o el cuerpo del muerto, y quedó decidido que comían la una y el otro. Los platos más delicados y de poca substancia, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y el rost-bif y el bifs-teak se los comía el cuerpo.

Decían que los reyes de Prusia fueron los primeros que después de muertos se hacían servir alimentos, y que los imitaban casi todos los reyes de entonces, pero fueron los frailes los que se les comían la comida y la cena y los que se les bebían el vino; de modo que, hablando con propiedad, los reyes no eran vampiros; los verdaderos vampiros son los frailes, que comen a expensas de los reyes y de los pueblos.

Verdad es que San Estanislao, que había comprado gran extensión de terreno a un gentilhombre polaco y no se lo había pagado, perseguido por los herederos ante el rey Boleslao, resucitó a dicho gentilhombre; pero fue únicamente para pagarle la deuda, y no se dice que diera ni un solo vaso de vino al vendedor, que se volvió al otro mundo sin comer ni beber.

Se agita con frecuencia la grave cuestión de si puede absolverse al vampiro que murió excomulgado; no soy teólogo bastante profundo para decidirlo; pero por mi parte yo lo absolvería porque cuando hay que escoger entre dos partidos dudosos, debe elegirse el más benigno.

El resultado de todo es que una gran parte de Europa estuvo infestada de vampiros durante cinco o seis años, y que hoy ya no existen; que hubo convulsionarios en Francia durante más de veinte años, y que hoy ya no los hay; que resucitaron muertos durante algunos siglos, y que hoy ya no los resucitan; que tuvimos jesuitas en España, en Portugal, en Francia y en las Dos Sicilias, y que hoy ya no los tenemos.

Voltaire

 

Raskshara

In Vampire on 4 noiembrie 2009 at 1:35 am

Alexander Binder

Alexander Binder

Raskshara, el vampiro indio, merodea los barrios periféricos de la ciudad en busca de ganado, de quien se alimenta. Es un medio vampiro: tiene un lado bueno, el izquierdo; el costado derecho es invisible a la especie humana. Es en todo como un vampiro pero justo por la mitad: un ojo, un brazo, una pierna, un costado, media vida. Frecuenta los cementerios, interrumpe los sacrificios, molesta a los devotos, reanima a los cadáveres, atrapa y devora a los humanos. Su aspecto es variado: algunos tienen largos brazos, otros son obesos, delgados, enanos, jorobados, gigantes, gallardos. Hay una especie mohosa y sin esqueleto. Su respiración asemeja el ruido del viento y detectan a su víctima por medio del olor.

Vive en las tierras llanas, en los sitios húmedos, y le agrada luchar con los que se encuentra. Si Raskshara es vencido convierte al triunfador en un hombre práctico y juicioso, apto para los negocios y las finanzas; si vence, la víctima se convierte en poeta, condenado irremediablemente a buscar toda su vida el lado oscuro de las cosas.

El angel y el vampiro

In Vampire on 3 noiembrie 2009 at 1:28 am

Xenia Garciax

Xenia García

Pasé la vida entre vampiros y ángeles

libando con paciencia los unos mi energía

los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:

al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego

y en el tránsito hacia el cenit, perdido.

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,

el timbre de su voz me subyugaba,

la miel de su sonrisa me encendía,

y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro

y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.

Leopoldo Alas

 

Medidas severas

In Vampire on 21 octombrie 2009 at 1:57 am

Maya Kulenovic

Maya Kulenovic

Durante seis años la condesa asesinó impunemente. En el transcurso de esos años, no habían cesado de correr los más tristes rumores a su respecto. Pero el nombre Báthory, no sólo ilustre sino activamente protegido por los Habsburgo, atemorizaba a los probables denunciadores. Hacia 1610 el rey tenía los más siniestros informes –acompañados de pruebas– acerca de la condesa. Después de largas vacilaciones, decidió tomar severas medidas. Encargó al poderoso palatino Thurzó que indagara los luctuosos hechos de Csejthe y castigase a la culpable. En compañia de sus hombres armados, Thurzó llegó al castillo sin anunciarse. En el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior, encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. No es esto todo. Aspiró el olor a cadáver; miró los muros ensangrentados; vió la “Virgen de Hierro”, la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas –y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas… La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzó, declaró que todo aquello era su derecho de mujer noble y de alto rango. A lo que respondió el palatino:… te condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo. Desde su corazón, Thurzó se diría que había que decapitar a la condesa, pero un castigo tan ejemplar hubiese podido sucitar la reprobación no sólo respecto a los Báthory sino a los nobles en general. Mientras tanto, en el aposento de la condesa, fue hallado un cuadernillo cubierto por su letra con los nombres y las señas particulares de sus víctimas que allí sumaban 610…

En cuanto a los secuaces de Erzébet, se los procesó, confesaron hechos increíbles, y murieron en la hoguera. La prisión subía en torno suyo. Se muraron las puertas y las ventanas de su aposento. En una pared fue practicada una ínfima ventanilla por donde poder pasarle los alimentos.

Y cuando todo estuvo terminado erigieron cuatro patíbulos en los ángulos del castillo para señalar que allí vivía una condenada a muerte. Así vivió más de tres años, casi muerta de frío y de hambre. Nunca comprendió por qué la condenaron. El 21 de agosto de 1614, un cronista de la época escribía: Murió hacia el anochecer, abandonada de todos. Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces, ninguna compasión ni admiración por ella. Sólo un quedar en suspenso en el exceso del horror, una fascinación por un vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable. Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más alla de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.

Alejandra Pizarnik

Castillo de Csejthe

In Vampire on 20 octombrie 2009 at 1:52 am

Castillo de piedras grises, escasas ventanas, torres cuadradas, laberintos subterráneos, castillo emplazado en la colina de rocas, de hierbas ralas y secas, de bosques con fieras blancas en invierno y oscuras en verano, castillo que Erzébet Báthory amaba por su funesta soledad de muros que ahogaban todo grito.

El aposento de la condesa, frío y mal alumbrado por una lámpara de aceite de jazmín, olía a sangre así como el subsuelo a cadáver. De haberlo querido, hubiera podido realizar su “gran obra” a la luz del día y diezmar muchachas al sol, pero le fascinaban las tinieblas del laberinto que tan bien se acordaban a su terrible erotismo, de nieve y de murallas. Amaba el laberinto, que significa el lugar típico donde tenemos miedo; el viscoso, el inseguro espacio de la desprotección y del extraviarse.

¿Qué hacía de sus días y de sus noches en la soledad de Csejthe? Sabemos algo de sus noches. En cuanto a sus días, la bellísima condesa no se separaba de sus dos viejas sirvientas, dos escapadas de alguna obra de Goya: las sucias, malolientes, increíblemente feas y perversas Dorkó y Jó Ilona. Éstas intentaban divertirla hasta con historias domésticas que ella no entendía, si bien necesitaba de ese continuo y deleznable rumor. Otra manera de matar el tiempo consistía en contemplar sus joyas, mirarse en su famoso espejo y cambiarse quince trajes por día.

Dueña de un gran sentido práctico, se preocupaba de que las prisiones del subsuelo estuvieran siempre bien abastecidas; pensaba en el porvenir de sus hijos –que siempre residieron lejos de ella; administraba sus bienes con inteligencia y se ocupaba, en fin, de todos los pequeños detalles que rigen el orden profano de los días.

Alejandra Pizarnik

Baños de sangre

In Vampire on 19 octombrie 2009 at 1:47 am

halim karim hidden Halim Karim Hidden

Corría este rumor: desde la llegada de Darvulia, al condesa, para preservar su lozanía, tomaba baños de sangre humana. En efecto, Darvulia, como buena hechicera, creía en los poderes reconstitutivos del “fluido humano”. Ponderó las excelencias de la sangre de muchachas –en lo posible vírgenes– para someter al demonio de la decrepitud y la condesa aceptó este remedio como si se tratara de baños de asiento. De este modo, en la sala de torturas, Dorkó se aplicaba a cortar venas y arterias; la sangre era recogida en vasijas y, cuando las dadoras ya estaban exangües, Dorkó vertía el rojo y tibio líquido sobre el cuerpo de la condesa que esperaba tan tranquila, tan blanca, tan erguida, tan silenciosa.

A pesar de su invariable belleza, el tiempo infligió a Erzébet algunos de los signos vulgares de su transcurrir. Hacia 1610, Darvulia había desaparecido misteriosamente, y Erzébet, que frisaba la cincuentena, se lamentó ante su nueva hechicera de la ineficacia de los baños de sangre. En verdad, más que lamentarse amenazó con matarla si no detenía inmediatamente la propagación de las excecradas señales de la vejez. La hechicera dedujo que esa ineficacia era causada por la utilización de sangre plebeya. Aseguró –o auguró– que, trocando la tonalidad, empleando sangre azul en vez de roja, la vejez se alejaría corrida y avergonzada. Así se inició la caza de hijas de gentilhombres. Para atraerlas, las secuaces de Erzébet argumentaban que la Dama de Csejthe, sola en su desolado castillo, no se resignaba a su soledad. ¿Y cómo abolir la soledad? Llenando los sobríos recintos con niñas de buenas familias a las que, en pago de su alegre compañía, les daría lecciones de buen tono, les enseñaría cómo comportarse exquisitamente en sociedad. Dos semanas después, de las veinticinco “alumnas” que corrieron a aristocratizarse no quedaban sino dos: una murió poco después, exangüe; la otra logró suicidarse.

Alejandra Pizarnik

El espejo de la melancolía

In Vampire on 18 octombrie 2009 at 3:03 pm

Killnoir Killnoir

...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma…Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o -sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. Y a propósito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en su ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles, son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.

Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía el mal del siglo XVI: la melancolía.

Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa incercia. Èste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.

Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

Alejandra Pizarnik

Magia negra

In Vampire on 17 octombrie 2009 at 1:43 am

Dieter AppeltDieter Appelt

La mayor obsesión de Erzébet había sido siempre alejar a cualquier precio la vejez. Su total adhesión a la magia negra tenía que dar por resultado la intacta y perpetua conservación de su “divino tesoro”. Las hierbas mágicas, los ensalmos, los amuletos, y aún los baños de sangre, poseían, para la condesa, una función medicinal: inmovilizar su belleza para que fuera eternamente comme un rêve de pierre. Siempre vivió rodeada de talismanes. En sus años de crimen se resolvió por un talismán único que contenía un viejo y sucio pergamino en donde estaba escrita, con tinta especial, una plegaria destinada a su uso particular. Lo llevaba junto a su corazón, bajo sus lujosos vestidos, y en medio de alguna fiesta lo tocaba subrepticiamente. Traduzco la plegaria:

Isten, ayúdame; y tú también, nube que todo lo puede. Protégeme a mí, Erzébet, y dame una larga vida. Oh nube, estoy en peligro. Envíame noventa gatos, pues tú eres la suprema soberana de los gatos. Ordénales que se reúnan viniendo de todos los lugares donde moran, de las montañas, de las aguas, de los ríos, del agua de los techos y del agua de los océanos. Diles que vengan rápido a morder el corazón de… y también el corazón de… y el de… Que desgarren y muerdan también el corazón de Megyery el Rojo. Y guarda a Erzébet de todo mal.

Los espacios eran para inscribir los nombres de los corazones que habrían de ser mordidos.

Fue en 1604 que Erzébet quedó viuda y que conoció a Darvulia. Este personaje era, exactamente, la hechicera del bosque, la que nos asustaba desde los libros para niños. Viejísima, colérica, siempre rodeada de gatos negros, Darvulia correspondió a la fascinación que ejercía en Erzébet pues en los ojos de la bella encontraba una nueva versión de los poderes maléficos encerrados en los venenos de la selva y la nefasta insensibilidad de la luna. La magia negra de Darvulia se inscribió en el negro silencio de la condesa: la inició en los juegos más crueles; le enseño a mirar morir y el sentido de mirar morir; la animó a buscar la muerte y la sangre en un sentido literal, esto es: a quererlas por sí mismas, sin temor.

Alejandra Pizarnik

Un marido guerrero

In Vampire on 16 octombrie 2009 at 1:33 am

En 1575, a los 15 años de edad, Erzébet se casó con Ferencz Nadasdy, guerrero de extraordinario valor. Este coeur simple nunca se enteró de que la dama que despertaba en él un cierto amor mezclado de temor era un monstruo. Se le allegaba durante las treguas bélicas impregnado del olor de los caballos y de la sangre derramada –aún no habían arraigado las normas de higiene–, lo cual emocionaba activamente a la delicada Erzébet, siempre vestida con ricas telas y perfumada con lujosas esencias.

Un día en que paseaban por los jardines del castillo, Nadasdy vio a una niña desnuda amarrada a un árbol; untada con miel, moscas y hormigas la recorrían y ella sollozaba. La condesa le explicó que la niña estaba expiando el robo de un fruto. Nadasdy rió candorosamente, como si le hubieran contado una broma.

El guerrero no admitía ser importunado con historias que relacionaban a su mujer con mordeduras, agujas, etc. Grave error: ya de recién casada, durante esas crisis cuya fórmula era el secreto de los Báthory, Erzébet pinchaba a sus sirvientas con largas agujas; y cuando, vencida por sus terribles jaquecas, debía quedarse en cama, les mordía los hombros y masticaba los trozos de carne que había podido extraer. Mágicamente, los alaridos de las muchachas le calmaban los dolores.

Pero estos son juegos de niños –o de niñas. Lo cierto es que en vida de su esposo no llegó al crimen.

Alejandra Pizarnik

La fuerza de un nombre

In Vampire on 15 octombrie 2009 at 1:02 am

AphostolAphostol

El nombre Báthory –en cuya fuerza Erzébeth creía como en la de un extraordinario talismán– fue ilustre desde los comienzos de Hungría. No es casual que el escudo familiar ostentara los dientes del lobo, pues los Báthory eran crueles, temerarios y lujuriosos. Los numerosos casamientos entre parientes cercanos colaboraron, tal vez, en la aparición de enfermedades e inclinaciones hereditarias: epilepsia, gota, lujuria. Es probable que Erzébeth fuera epiléptica ya que le sobrevenían crisis de posesión tan imprevistas como sus terribles dolores de ojos y sus jaquecas (que conjuraba posándose una paloma herida pero viva sobre la frente).

Los parientes de la condesa no demerecían la fama de su linaje. Su tío Istvan, por ejemplo, estaba tan loco que confundía el verano con el invierno, haciéndose arrastrar en trineo por las ardientes arenas que para él eran caminos nevados; o su primo Gábor, cuya pasión incestuosa fue correspondida por su hermana. Pero la más simpática era la célebre tía Klara. Tuvo cuatro maridos (los dos primeros fueron asesinados por ella) y murió de su propia muerte folletinesca: un bajá la capturó en compañía de su amante de turno: el infortunado fue luego asado en una parrilla. En cuanto a ella, fue violada –si se puede emplear este verbo a su respecto– por toda la guarnición turca. Pero no murió por ello, al contrario, sino porque sus secuestradores –tal vez exhaustos de violarla– la apuñalaron. Solía recoger a sus amantes por los caminos de Hungría y no le disgustaba arrojarse sobre algún lecho en donde, precísamente, acababa de derribar a una de sus doncellas.

Cuando la condesa llegó a la cuarentena, los Báthory se habían ido apagando y consumiendo por obra de la locura y de las numerosas muertes sucesivas. Se volvieron casi sensatos, perdiendo por ello el interés que suscitaban en Erzébeth. Cabe advertir que, al volverse la suerte contra ella, los Báthory, si bien no la ayudaron, tampoco le reprocharon nada.

Alejandra Pizarnik

Torturas clásicas

In Vampire on 14 octombrie 2009 at 1:56 am

Francis Bacon Francis Bacon

Salvo algunas inferencias barrocas –tales como la “Virgen de hierro”, la muerte por agua o la jaula– la condesa adhería a un estilo de torturar monótonamente clásico que se podría resumir así: Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes –su edad oscilaba entre los 12 y los 18 años– y se las arrastraba a la sala de torturas en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel del cuerpo se desgarraba y las muchachas se transformaban en llagas tumefactas; les aplicaban los atizadores enrojecidos al fuego; les cortaban los dedos con tijeras o cizallas; les punzaban las llagas; les practicaban incisiones con navajas (si la condesa se fatigaba de oír gritos les cosían la boca; si alguna joven se desvanecía demasiado pronto se la auxiliaba haciendo arder entre sus piernas papel embebido en aceite). La sangre manaba como un geiser y el vestido blanco de la dama nocturna se volvía rojo. Y tanto, que debía ir a su aposento y cambiarlo por otro (¿en qué pensaría durante esa breve interrupción?). También los muros y el techo se teñían de rojo. No siempre la dama permanecía ociosa en tanto los demás se afanaban y trabajaban en torno a ella. A veces colaboraba, y entonces, con gran ímpetu, arrancaba la carne –en los lugares más sensibles– mediante pequeñas pinzas de plata, hundía agujas, cortaba la piel de entre los dedos, aplicaba a las plantas de los pies cucharas y planchas enrojecidas al fuego, fustigaba (en el curso de un viaje ordenó que mantuvieran de pie a una muchacha que acababa de morir y continuó fustigándola aunque estaba muerta); también hizo morir a varias con agua helada (un invento de su hechicera Darvulia consistía en sumergir a una muchacha en agua fría y dejarla en remojo toda la noche). En fin, cuando se enfermaba las hacía traer a su lecho y las mordía. Durante sus crisis eróticas, escapaban de sus labios palabras procaces destinadas a las supliciadas. Imprecaciones soeces y gritos de loba eran sus formas expresivas mientras recorría, enardecida, el tenebroso recinto. Pero nada era más espantoso que su risa. (Resumo: el castillo medieval; la sala de torturas; las tiernas muchachas; las viejas y horrendas sirvientas; la hermosa alucinada riendo desde su maldito éxtasis provocado por el sufrimiento ajeno.) …sus últimas palabras, antes de deslizarse en el desfallecimiento concluyente, eran: “Más, todavía más, más fuerte!”

No siempre el día era inocente, la noche culpable. Sucedía que jóvenes costureras aportaban, durante las horas diurnas, vestidos para la condesa, y esto era ocasión de numerosas escenas de crueldad. Infaliblemente, Dorkó hallaba defectos en la confección de las prendas y seleccionaba a dos o tres cupables (en ese momento los ojos lóbregos de la condesa se ponían a relucir). Los castigos a las costureritas –y a las jóvenes sirvientas en general– admitían variantes. Si la condesa estaba en uno de sus excepcionales días de bondad, Dorkó se limitaba a desnudar a las culpables que continuaban trabajando desnudas, bajo la mirada de la condesa, en los aposentos llenos de gatos negros. Las muchachas sobrellevaban con penoso asombro esta condena indolora pues nunca hubieran creído en su posibilidad real. Oscuramente, debían de sentirse terriblemente humilladas pues su desnudez las ingresaba en una suerte de tiempo animal realzado por la presencia “humana” de la condesa perfectamente vestida que las contemplaba. Esta escena me llevó a pensar en la Muerte –la de las viejas alegorías; la protagonista de la Danza de la Muerte. Desnudar es propio de la Muerte. También lo es la incesante contemplación de las criaturas por ella desposeídas. Pero hay más: el desfallecimiento sexual nos obliga a gestos y expresiones del morir (jadeos y estertores como de agonía; lamentos y quejidos arrancados por el paroxismo). Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzébet Báthory necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo. Pero, ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta cómo y dónde quiere. Sí, y además es una definición posible de la condesa Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte? Volvemos a las costureritas y a las sirvientas. Si Erzébet amanecía irascible, no se conformaba con cuadros vivos, sino que: A la que había robado una moneda le pagaba con la misma moneda… enrojecida al fuego, que la niña debía apretar dentro de su mano. A la que había conversado mucho en horas de trabajo, la misma condesa le cosía la boca o, contrariamente, le abría la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban. También empleaba el atizador, con el que quemaba, al azar, mejillas, senos, lenguas… Cuando los castigos eran ejecutados en el aposento de Erzébet, se hacía necesario, por la noche, esparcir grandes cantidades de ceniza en derredor del lecho para que la noble dama atravesara sin dificultad las vastas charcas de sangre.

Alejandra Pizarnik

La jaula mortal

In Vampire on 13 octombrie 2009 at 1:49 am

Borisov DmitryBorisov Dmitry

Tapizada con cuchillos y adornada con filosas puntas de acero, su tamaño admite un cuerpo humano; se la risa mediante una polea. La ceremonia de la jaula se despliega así:

La sirvienta Dorkó arrastra por los cabellos a una joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula. Aparece la “dama de éstas ruinas”, la sonámbula vestida de blanco. Lenta y silenciosa se sienta en un escabel situado debajo de la jaula.

Rojo atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder -y he aquí la gracia de la jaula-, se clava por si misma los filosos aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe impasible con los ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido blanco , ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver.

Alejandra Pizarnik

El hijo del vampiro

In Vampire on 10 octombrie 2009 at 3:01 am
Alberto Seveso

Alberto Seveso

Probablemente todos los fantasmas sabían que Duggu Van era un vampiro. No le tenían miedo pero le dejaban paso cuando él salía de su tumba a la hora precisa de medianoche y entraba al antiguo castillo en procura de su alimento favorito.

El rostro de Duggu Van no era agradable. La mucha sangre bebida desde su muerte aparente _en el 1060, a manos de un niño, nuevo David armado de una honda-puñal_ había infiltrado en su opaca piel la coloración blanda de las maderas que han estado mucho tiempo debajo del agua. Lo único vivo, en esa cara, eran los ojos. Ojos fijos en la figura de Lady Vanda, dormida como un bebé en el lecho que no conocía más que su liviano cuerpo.

Duggu Van caminaba sin hacer ruido. La mezcla de vida y muerte que informaba su corazón se resolvía en cualidades inhumanas. Vestido de azul oscuro, acompañado siempre por un silencioso séquito de perfumes rancios, el vampiro paseaba por las galerías del castillo buscando vivos depósitos de sangre. La industria frigorífica lo hubiera indignado. Lady Vanda, dormida, con una mano ante los ojos como en una premonición de peligro, semejaba un bibelot repentinamente tibio. Y también un césped propicio, o una cariátide.

Loable costumbre en Duggu Van era la de no pensar nunca antes de la acción. En la estancia y junto al lecho, desnudando con levísima carcomida mano el cuerpo de la rítmica escultura, la sed de sangre principió a ceder.

Que los vampiros se enamoren es cosa que en la leyenda permanece oculta. Si él lo hubiese meditado, su condición tradicional lo habría detenido quizá al borde del amor, limitándolo a la sangre higiénica y vital. Mas Lady Vanda no era para él una mera víctima destinada a una serie de colaciones. La belleza irrumpía de su figura ausente, batallando, en el justo medio del espacio que separaba ambos cuerpos, con hambre.

Sin tiempo de sentirse perplejo ingresó Duggu Van al amor con voracidad estrepitosa. El atroz despertar de Lady Vanda se retrasó en un segundo a sus posibilidades de defensa, y el falso sueño del desmayo hubo de entregarla, blanca luz en la noche, al amante.

Cierto que, de madrugada y antes de marcharse, el vampiro no pudo con su vocación e hizo una pequeña sangría en el hombro de la desvanecida castellana. Más tarde, al pensar en aquello, Duggu Van sostuvo para sí que las sangrías resultaban muy recomendables para los desmayados. Como en todos los seres, su pensamiento era menos noble que el acto simple.

En el castillo hubo congreso de médicos y peritajes poco agradables y sesiones conjuratorias y anatemas, y además una enfermera inglesa que se llamaba Miss Wilkinson y bebía ginebra con una naturalidad emocionante. Lady Vanda estuvo largo tiempo entre la vida y la muerte. La hipótesis de una pesadilla demasiado verista quedó abatida ante determinadas comprobaciones oculares; y, además, cuando transcurrido un lapso razonable, la dama tuvo la certeza de que estaba encinta.

Puertas cerradas con Yale habían detenido las tentativas de Duggu Van. El vampiro tenía que alimentarse de niños, de ovejas, hasta de _¡horror!_ cerdos. Pero toda la sangre le parecía agua al lado de aquella de Lady Vanda. Una simple asociación , de la cual no lo libraba su carácter de vampiro, exaltaba en su recuerdo el sabor de la sangre donde había nadado, goloso, el pez de su lengua.

Inflexible su tumba en el pasaje diurno, érale preciso aguardar el canto del gallo para botar, desencajado, loco de hambre. No había vuelto a ver a Lady Vanda, pero sus pasos lo llevaban una y otra vez a la galería terminada en la redonda burla amarilla de la Yale. Duggu Van estaba sensiblemente desmejorado.

Pensaba a veces _horizontal y húmedo en su nicho de piedra_ que quizá Lady Vanda fuera a tener un hijo de él. El amor recrudecía entonces más que el hambre. Soñaba su fiebre con violaciones de cerrojos, secuestros, con la erección de una nueva tumba matrimonial de amplia capacidad. El paludismo se ensañaba en él ahora.

El hijo crecía, pausado, en Lady Vanda. Una tarde oyó Miss Wilkinson gritar a la señora. La encontró pálida, desolada. Se tocaba el vientre cubierto de raso, decía:

_Es como su padre, como su padre.

Miss Wilkinson llegó a la conclusión de que el pequeño vampiro estaba desangrando a la madre con la más refinada de las crueldades.

Cuando los médicos se enteraron hablóse de un aborto harto justificable; pero Lady Vanda se negó, volviendo la cabeza como un osito de felpa, acariciando con la diestra su vientre de raso.

_Es como su padre_ dijo_. Como su padre.

El hijo de Duggu Van crecía rápidamente. No solo ocupaba el cuerpo de Lady Vanda. Lady Vanda apenas podía hablar ya, no le quedaba sangre; si alguna tenía estaba en el cuerpo de su hijo y cuando vino el día fijado por los recuerdos para el alumbramiento, los médicos se dijeron que aquél iba a ser un alumbramiento extraño. En número de cuatro rodearon el lecho de la parturienta, aguardando que fuese la media noche del trigésimo día del noveno mes del atentado de Duggu Van.

Miss Wilkinson, en la galería, vio acercarse una sombra. No gritó porque estaba segura de que con ello no llegaría a nada. Cierto que el rostro de Duggu Van no era para provocar sonrisas. El color terroso de su cara se había transformado en un relieve uniforme y cárdeno. En vez de ojos, dos grandes interrogaciones llorosas se balanceaban debajo del cabello apelmazado.

_Es absolutamente mío_ dijo el vampiro con el lenguaje caprichoso de su secta_ y nadie puede interponerse entre su esencia y mi cariño.

Hablaba del hijo; Mis Wilkinson se calmó.

Los médicos, reunidos en un ángulo del lecho, trataban de demostrarse unos a otros que no tenían miedo. Empezaban a admitir cambios en el cuerpo de Lady Vanda. Su piel se había puesto repentinamente oscura, sus piernas se llenaban de relieves musculares, el vientre se aplanaba suavemente y, con una naturalidad que parecía casi familiar, su sexo se transformaba en el contrario. El rostro no era ya el de Lady Vanda. Las manos no eran ya las de Lady Vanda. Los médicos tenían un miedo atroz.

Entonces, cuando dieron las doce, el cuerpo de quien había sido Lady Vanda y era ahora su hijo se enderezó dulcemente en el lecho y tendió los brazos hacia la puerta abierta.

Duggu Van entró en el salón, pasó ante los médicos sin verlos, y ciñó las manos de su hijo.

Los dos, mirándose como si se conocieran desde siempre, salieron por la ventana. El lecho ligeramente arrugado, y los médicos balbuceando cosas en torno a él, contemplando sobre las mesas los instrumentos del oficio, la balanza para pesar al recién nacido, y Miss Wilkinson en la puerta, retorciéndose las manos preguntando, preguntando, preguntando.

Julio Cortázar

La condesa sangrienta

In Vampire on 10 octombrie 2009 at 1:26 am

Valentine Penrose ha recopilado documentos y relaciones acerca de un personaje real e insólito: la condesa Báthory, asesina de 650 muchachas.

Excelente poeta (su primer libro lleva un fervoroso prefacio de Paul Éluard), no ha separado su don poético de su minuciosa erudición. Sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa.

La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine Penrose se desentiende de ellas para concentrarse exclusivamente en la belleza convulsiva del personaje.

No es fácil mostrar esta suerte de belleza. Valentine Penrose, sin embargo, lo ha logrado, pues juega admirablemente con los valores estéticos de esta tenebrosa historia. Inscibe el reino subterráneo de Erzébet Báthory en la sala de torturas de su castillo medieval: allí, la siniestra hermosura de las criaturas nocturnas se resume en una silenciosa de palidez legendaria, de ojos dementes, de cabellos de color suntuoso de los cuervos.

Un conocido filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman una “sustancia silenciosa”, la de este subsuelo es maléfica. Sentada en su trono, la condesa mira torturar y oye gritar. Sus viejas y horribles sirvientas son figuras silenciosas que traen, fuego, cuchillos, agujas, atizadores; que torturan muchachas, que luego las entierran. Como el atizador o los cuchillos, esas viejas son instrumentos de una posesión. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa.

Alejandra Pizarnik

El Lugat

In Vampire on 10 septembrie 2009 at 1:55 am

Alexander Binder

Alexander Binder

El Lugat es un vampiro albanés razonablemente inofensivo. Gusta de jugar con los niños y alimentarse de los raspones que sus amigos padecen en sus juegos. No causa mayores daños.

El Adzhe

In Vampire on 3 septembrie 2009 at 1:47 am

Michael Hussar

Michael Hussar

El Adzhe mora en el corazón de los hechiceros de Ghana. En las noches, cuando el negro duerme, vuela en forma de luciérnaga para beberse la sangre de los niños, si la atrapan, abandona el cuerpo del hechicero y se convierte en un hombre de gobierno.

El pecado original

In Vampire on 12 iunie 2009 at 1:11 am

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 Heidi Wittwer

___ Acuso a Lilith de haberme chupado alma, vida y corazón, dìjole  Adán al Honorable Juez de la Creación.

La vampiresa se defendió:

___Yo sólo atendí a las características de mi naturaleza; Dios es el responsable de mi conducta.

El Señor fue llamado a declarar. En el juicio, aceptó los cargos imputados pero se declaró incompetente para revertir los hechos, pues ni siquiera la divinidad puede trastocar el espíritu de las cosas una vez creadas.

La vampiresa fue absuelta,  a los hombres se les recomendó que desarrollaran estrategias para una defensa imposible y Dios fue exilado a la tierra de los hombres blancos, en donde le ha ido muy bien.

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Apuntes sobre la supervivencia de los vampiros

In Vampire on 4 iunie 2009 at 1:33 am

Michael Walton

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Sin duda un problema importante que aparece en todo ser animado es el de la supervivencia. Muchas teorías se han escrito al respecto y mucho se escribe aún. Cada especie busca formas novedosas para perpetuarse: así ha surgido la evolución, una evolución cada vez más compleja y avanzada. De cualquier manera, se trata de una simple lucha por la existencia y al efectuarla aparece un cambio. Según Darwin, en la batalla por sobrevivir y acomodarse al medio ambiente sólo triunfan los mejor dotados y las especies que subsisten heredan a su descendencia las características de la mutación y éstas se acentúan a través de las generaciones exitosas. Tal vez el caso más curioso sea el de los vampiros. Desde que aparecieron sobre la Tierra han sido brutalmente perseguidos (como los hechiceros y las brujas). El temor que inspiran sus actos, sus aficiones gastronómicas y sus deseos eróticos, trocan el miedo en odio mortal: por siglos han sido buscados con finalidades de exterminio.

Pero los vampiros pudieron escapar a las cacerías. ¿Cuál es el secreto? Muy sencillo. La mayoría de ellos tenían facultades miméticas y aun transformistas. Por ejemplo, podían cambiar de un estado a otro, convertirse en humo o en mamífero quiróptero. Y si eran capaces de tales actos, también lo serían para adquirir formas más sutiles que les permitieran imponerse a sus perseguidores. Así, decidieron modificarse radicalmente en cuanto a sustancia, peso, estructura, y se hicieron mosquitos. Ahora los vampiros permanecen victoriosos ante los cuerpos inermes de sus enemigos tradicionales: los hombres, que en efecto han inventado muchísimos productos para eliminarlos sin lograr resultados positivos, pues los mosquitos se reproducen por miles y miles (con ciertos requisitos climáticos). Y su principal triunfo es que el ser humano no se ha percatado de la metamorfosis; además, finalmente, no le importa perder unas cuantas difuntas gotas de sangre, mientras que al vampiro, dadas sus proporciones actuales, no sólo le bastan sino que hasta lo engordan.

René Avilés Fabila

Habla Drácula

In Vampire on 27 mai 2009 at 1:16 am

Edvard Munch


Nadie conoce como el vampiro la alegría de la noche. El día es un espejismo, una perturbación atmosférica: la noche es un complejo y rico estado de ánimo. Paladeo hasta el fondo, hasta el estremecido límite, el júbilo secreto de la noche. ¿Habéis pensado que en el día sólo se ven sombras, bultos que interceptan con su opacidad la luz, mientras que en la noche sólo se ven fulgores, destellos que desmienten la tiniebla? El objetivo del día es oscuro, lo opaco, mientras que la noche sólo sabe de resplandores. Pero sabe también que es la oscuridad lo que permite fijarse realmente en la luz y no en los bultos alumbrados por ella, lo mismo que yo sé que es la muerte perennemente padecida lo que faculta para dejarse fascinar plenamente por la vida. Para vivir algo más intenso, más refinado, más sabroso que el discreto sopor de dtemores y obligaciones llamado habitualmente vida, es imprescindible estar muerto y bien muerto. La muerte es el único interés de la vida, el único aliño que sazona su insipidez. Pero normalmente se nos procura con excesiva generosidad: los hombres viven tan obsesionados por la riqueza pavorosa de la muerte que apenas tienen tiempo para fijarse en la vida, lo mismo que el exceso de luz diurna les ciega para todo lo que no sean sombras y borrones. Pasan su tiempo – lo matan, para ser exactos – tratando de alejar de sí la muerte, previniéndola, combatiéndola o infligiéndola a los demás, viendo morir a los suyos, compadeciéndoles, envidiándoles, calculando el tiempo que les falta para quedarse del todo sin tiempo. No es raro que sólo imaginen verdadera vida después de la muerte, sea gozada personalmente en un más allá o sea disfrutada por bienaventuradas generaciones futuras. Pero como el cielo es increíble y el futuro incierto, la vida aplazada no alcanza verosimilitud. Y, sin embargo, aciertan al menos en una cosa, en que para vivir hay que estar convenientemente muerto…

Tengo resuelto satisfactoriamente el problema que les aflige, como también a mi me afligió un día. He logrado que la vida sea mi único objetivo, mi única obsesión: a mí la vida me acecha y me calma como a ellos la muerte. Y no la vida laboriosa y pacificada del armónico futuro ni las arpas y nubes de insulsos paraísos dogmáticos: no, mi vida, mi maravillosa y plena vida, es la que prometen los pechos desnudos de las doncellas, la que vibra de riesgo y aventura, la que se afirma en el poder o en el terror, la que se cifra en la cálida sangre. Vida presente aquí y ahora, para siempre, sin límites. He tenido que pagar por ella, porque todo tiene un precio, pero no he sido defraudado en mi inversión. Estoy muerto, desde luego: ¿qué otro medio hay para gozar plenamente de la vida como algo positivo, no como un atropellado sueño que se nos escapa? Desde este lado de la muerte, la vida presenta toda su riqueza maravillosa, la sutileza desconcertante de sus experiencias, los prohibidos goces que el temor de la muerte hurta a los mortales. ¡Yo cabalgo el viento, soy señor de los lobos y de las tormentas, alimento con las mujeres más bellas pasiones que la luz del día ni siquiera puede soñar! Cierta noche, aquel inofensivo idiota al que alojé en mi castillo transilvano me vio descender cabeza abajo, como una monstruosa araña, por la inaccesible pared de mi torreón… Es el emblema de mi destino que más me agrada. Recuerdo con nosalgia y cierto fastidio mi viaje a la puritana Inglaterra: fueron aquellos absurdos personajes, el estúpido Jonathan Harker, el sombrío místico Van Helsing, las gazmoñas Lucy Westenra y Mina Murray, quienes crearon la fábula hiperbólica de mi maldad infernal. En Transilvania, un pueblo sabio y por tanto fatalista sabe que el mal es uno de los rostros inevitables de toda grandeza; pero los ingleses se pasman ante él como un escándalo e incluso una descortesía. Por lo visto esperaban que un Inmortal acatase discretamente los preceptos de la moral victoriana… ¡cuando ni siquiera los respetaban las figuras auténticamente nobles de esa época! Nunca entendieron en dónde residía mi peculiaridad: desde aquella brumosa jornada en que llegué al puerto de Whitby en mi barco tripulado por cadáveres, empezaron a inventarme una personalidad que tenía algo de Jack el Destripador y algo de Oscar Wilde, una suerte de Aleister Crowley fantasmal…

Sus códigos están bien para esa temerosa luz en la que se ven obligados a vivir los condenados a la muerte. Pero en mi tiniebla deslumbrante no hay lugar más que para la pasión. El día es ataúd, pero la noche trae el deseo y la aurora regalará sangre. Sólo yo, el muerto, el inmortal, podría contaros qué entrega deliciosa es la vida. Sólo yo, el rey de la noche.

Fernando Savater

Los Mer’im

In Vampire on 17 mai 2009 at 6:50 am

.jpg 1Christophe Kutner

Creados por Dios al anochecer del sexto día del principio del mundo, justo después de la aparición de Adán y Eva y desdichadamente inacabados por el respeto que Dios le debía al sábado, los mer’im drenan la vida de las mujeres solas o insatisfechas, atormentándolas con pesadillas sexuales inalcanzables. No son exclusivos de Israel. Variedades similares se han encontrado en las comunidades gitanas y eslavas, en Palestina y en la zona rumana de la Dobrudja, a veces encarnados en niños inocentes. Las víctimas de los mer’im pierden el deseo de vivir y se suman a una extrema depresión.

Los síntomas desaparecen cuando los enfermos logran realizar en vida su fantasía lujuriosa.

Evangelio

In Vampire on 9 mai 2009 at 1:40 am

Tomó, pues, el Señor Dios al vampiro y lo puso en el jardín de las delicias para que las cultivase y guardase. Y le dijo: Come, si queréis, del fruto de todos los árboles del paraíso, incluso del de la vida y de la muerte, pero abstente de tomar del árbol del bien y del mal, pues en cualquier día que comieres de él infaliblemente morirás. Y el vampiro que era un hijo bien nacido y confiaba en la sabiduría de sus padres no comió.

Más sabe el vampiro por viejo que por Dios.

Las mujeres vampiro

In Vampire on 7 mai 2009 at 1:07 am

francesca-galliani

Francesca Galliani

Las mujeres vampiro son menos peligrosas que las mujeres con sexo prehensil.

Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contra las primeras.

Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en la mayoría de los casos inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.

La imposibilidad en que se encuentren de hundirnos su lanceta en silencio, disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar nuestra inmovilidad, revoloteen un instante y nos dejan tranquilos.

Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo a utilizarlos, ya que antes de advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables, y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.

Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo, son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas operan a distancia.

Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas, que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.

Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos fetiches africanos acribillados de hierros enmohecidos. Progresivamente las descargas que ponen a prueba nuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo lleno de interrupciones y de cortocircuitos.

Oliverio Girondo

El Moroii

In Vampire on 2 martie 2009 at 1:54 am

Georg Grosz

El Moroii no tiene madre. No nace, se hace cuando un hombre común es mordido por un vampiro de oficio, dos veces en menos de siete días.

La orfandad, sin embargo, no les impide celebrarlas.

En la noche de las madres, rebaños de Moroii cruzan el cielo rumano y cada uno de ellos adopta a una madre solitaria. En el silencio del hogar, el Moroii canta los versos que dieron origen a Una, madre y tumba de todas las cosas vivas y relata cómo por amor se convirtió en Dos y de Dos en Ley, Verdad, Orden y Camino, fundamento de todos los seres que son lo que son, de acuerdo a su naturaleza y destino.

Al recordar su participación en el origen del mundo, ella es Una y es todas las madres del planeta. Es Una y es Dos y es humedad y altura y sonido y frescura lunar. El milagro de la creación se hospeda en el cuerpo de la madre y encuentra asombro en el desconsuelo y salvación en la desesperanza y nunca está sola, y nadie está sola, y nada está sola, porque el centro de la eternidad es aquí y ahora y es ella y son todas.

Cumplida su encomienda, los Moroii regresan a sus guaridas antes de la hora santa del crepúsculo, no sin antes atacar a uno que otro ciudadano trasnochado para mantener intacta la reputación.

El mito imposible

In Vampire on 28 februarie 2009 at 3:25 am

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Jason Chan

Hay quien afirma que no existimos, que somos un mito imposible, inventado para asustar al ingenuo o divertir al ocioso; hay quienes afirman que sólo somos materiales de ficción para recrear un espejismo y comprobar que la única realidad es la de los ojos. No se equivoque. Somos como el diablo, que encuentra su mayor fortaleza es hacernos creer que no existe, que es un mito, una mera invención.

Las vampiresas

In Vampire on 16 februarie 2009 at 1:06 am

11

Las vampiresas comparten una sola alma, una alma colectiva, unida con la Inteligencia Superior, también femenina. Si todas se parecen es porque todas y cada una de ellas son la misma criatura. Conociendo a una se conocen a todas. Los vampiros en cambio poseen un alma individual y particular, tan rica y variada como prósperos son los usos y costumbres de los distintos pueblos de la tierra. No obstante, hay un antídoto único y universal para contrarrestar la influencia de los vampiros—el uso adecuado de la luz, los ajos y el crucifijo, la estaca puntiaguda, etc.–.

No hay cura contra el amor de las vampiresas.

Sbenefici Benefici

In Vampire on 11 februarie 2009 at 1:49 am

Arthur Berzinsh.

Oriundo de italia, vampiro caníbal. Es un ojete

Los Obours

In Vampire on 22 ianuarie 2009 at 1:42 am

-1Ana Fagarazzi

Los Obours viven en las orillas de los pueblos pequeños, en casas deshabitadas y polvorientas. Heredan de sus padres el oficio de vampiro y el gusto por la alimentación sanguínea; de sus madres, la carne esponjosa y la habilidad de no provocar sombras. Es un vampiro sociable que busca el ardor de los hombres para alumbrarlos; en semana santa suelen pasar una temporada de cuarenta días en el infierno de donde emergen purificados y listos para confundirse entre los hombres y vivir de manera honesta.

Si se les sorprende dormidos, se les puede encerrar en una botella con ayuda de un hechicero.

Los muroni

In Vampire on 15 ianuarie 2009 at 1:27 am

Salvador Dalì

Los vampiros muroni fallecen cuando les rompen el corazón, ya con el filo de una estaca, ya por una flecha solar, ya por un amor desventurado. A diferencia de las dos primeras, reputadas como muertes gloriosas, morir de amor es un insulto a la estirpe. A los enfermos del corazón los despojan de todos sus atributos nocturnos y poco a poco adquieren costumbres humanas. Convertidos en unos meses en hombres de la calle, son sentenciados a la pena del desamor, al dolor del desencanto.

No se confunda. Si frecuenta amores fracturados, relaciones inconclusas, pasiones sin futuro, es usted la sombra de un muroni caído en desgracia.

No hay duda.

No hay remedio.

Terapia

In Vampire on 14 ianuarie 2009 at 1:46 am

ana-fagarazziAna Fagarazzi

Al curarlo de sus vampiros internos, el terapeuta le quitó también lo único que lo asemejaba a Dios.

Como cualquiera

In Vampire on 13 ianuarie 2009 at 1:16 am

Marcel Duchamp

En verdad la eternidad es mucho tiempo y con el paso de los días puede llegar a ser empalagosa, incluso para los vampiros, acostumbrados a la vida perpetua. Pero cuando aman quedan embriagados uno del otro durante tanto tiempo, extasiados e inmóviles frente al rostro amado durante tanto tiempo, alimentados uno y otro por la gracia y la devoción del otro y durante tanto tiempo, que cuando recuperan el aliento y regresan al mundo real es frecuente que hayan trascurrido doscientos o trescientos años. La inmortalidad es sólo para efectos del mito. En la práctica, viven tanto o tan poco como cualquiera.

Por qué somos invisibles

In Vampire on 10 ianuarie 2009 at 11:10 am

Bao Pham

Cuando nacemos somos seres contraídos, densos, impermeables, como cualquier otro ser vivo no iluminado. Adictos al dolor, a la miseria, a la ignorancia y la inconciencia, debemos superar el trauma de nuestro nacimiento y aprender el arte de la expansión. A medida que tomamos vuelo y crecemos, aumentamos nuestra vibración y nos damos cuenta de las cosas, adquirimos conciencia de las sombras, habitamos el espacio infinito. Impermeables, somos uno con la vida y entonces nos volvemos invisibles para los contraídos.

La naturaleza es cruel e implacable. A los que no alcanzan la liberación son exterminados.

Por eso no hay vampiros mundanos. La vida no se los permite.

Lilith

In Vampire on 24 noiembrie 2008 at 1:31 pm

Alex Kazachok

Alex Kazachok

“Porque antes de Eva fue Lilith”, se lee en un texto hebreo. Su leyenda inspiró al poeta inglés Dante Gabriel Rossetti la composición de Edén Bawer. Lilith era una serpiente; fue la primera esposa de Adán y le dio “glittering sons and radiant daughters” (hijos resplandecientes e hijas radiantes). Dios creó a Eva después; Lilith, para vengarse de la mujer humana de Adán, la instó a probar del fruto prohibido y a concebir a Caín, hermano y asesino de Abel. Tal es la forma primitiva del mito, seguida por Rossetti. A lo largo de la Edad Media, el influjo de la palabra “layil”, que en hebreo vale por “noche”, fue transformándolo. Lilith dejó de ser una serpiente para ser un espíritu nocturno. A veces es un ángel que rige la generación de los hombres; otras es demonios que asaltan a los que duermen solos o a los que andan por los caminos. En la imaginación popular suele asumir la forma de una alta mujer silenciosa, de negro pelo suelto.


Jorge Luis Borges

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Nota de la redacción: Seara, el diario de transilvania, felicita a Lilith, señora de los vampiros, por la apertura de su página Floresliterarias y eleva sus bendiciones lunares para que obtenga los éxitos que su valor merece.

El algul

In Vampire on 19 noiembrie 2008 at 1:53 am

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Carlos Huante

El algul, el vampiro árabe, es una criatura supersticiosa. Teme a los gatos blancos, evita derramar sangre en la mesa, toca siete veces siete el ataúd inmediato cuando escucha los rezos de la mezquita más cercana y lleva en la bolsa de su saco tierra de cementerio para el mal del ajo. Antes de dormirse se encomienda a su vampiro de la guarda para cerrar las puertas a la virtud y librarse de las influencias de la bondad.

Y en el principio…

In Vampire on 10 noiembrie 2008 at 10:03 am

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Giotto 

Un día le acometió la fatiga, el apego por el tedio, la desesperación. Abandonó un trabajo privilegiado y memorable, destituyó lo que consideraba valioso, dilapidó sus talentos, se hizo odiar de sus amigos, traicionó a su familia. Abandonó un país de riquezas y viajó a lugares inhóspitos y desarraigados, se convirtió en un proscrito, en un solitario, practicó con un ejército de infieles la infamia y la delación, corrompió a los sedientos de blasfemia, por elección se perdió. En la herejía olvidó a sus hermanos, renunció a la tierra que lo vio nacer; calumniado hasta las heces, eterno condenado, convicto, enfermo de cólera, ignorado en una gangrena de sombras, Dios le pregunta:
__¿Para qué vives así?

 __Para que la poesía sea, dijo el vampiro, para que la poesía sea.

 

Drácula

In Vampire on 23 octombrie 2008 at 1:34 am

Adapse

revoloteo ventana adentro

estoy aquí al lado

de tu cuello largo y blanco

con mis dientes puntiagudos

para ese coito tan rojo

vos despertás en trance

revoloteo otra vez

a media luz dos lámparas

de regreso a mi máscara

cuando entro en la sala

con la cara distinta y blanca

de ojeras verdosas

mi imagen en negativo

no se refleja en el espejo

vos soltás un grito de horror

revoloteo ventana afuera

Sebastiâo Uchoa Leite

Del manual de las buenas costumbres

In Vampire on 14 octombrie 2008 at 1:28 am

Un vampiro bien educado debe ser esquizoide por los bordes; retraído, concentrado y solitario por el centro, en los costados, emocionalmente frío, socialmente distante, absorto en sus pensamientos y sentimientos y cauteloso ante la inminencia de la intimidad con otros. Un vampiro educado bajo las normas de Carreño debe hablar poco, soñar despierto, preferir la especulación teórica a la acción práctica y utilizar la fantasía como modelo para enfrentarse a la realidad.

El Nachzeher

In Vampire on 2 octombrie 2008 at 1:51 am

Adapse

Estudiante de yoga con ambiciones de murciélago iluminado, el Nachzeher sólo ataca a los hombres mundanos, a quienes elimina a distancia durante sus meditaciones, restándoles poco a poco el fluido vital. Se reconocen fácilmente porque conservan al dormir el ojo abierto y las manos entrelazadas en el sarcófago.

Aquellos tiempos

In Vampire on 29 septembrie 2008 at 1:15 am

Edvard Munch

Procedemos de aquellos tiempos en el que los hombres comían cuando tenían hambre y bebían cuando tenían sed y por eso éramos eternos.

El vampiro

In Vampire on 24 septembrie 2008 at 1:20 am

Joel Peter Witkin

Horacio Quiroga

Sí—dijo el abogado Rhode—. Yo tuve esa causa. Es un caso, bastante raro por aquí, de vampirismo. Rogelio Castelar, un hombre hasta entonces normal fuera de algunas fantasías, fue sorprendido una noche en el cementerio arrastrando el cadáver recién enterrado de una mujer. El individuo tenía las manos destrozadas porque había removido un metro cúbico de tierra con las uñas. En el borde de la fosa yacían los restos del ataúd, recién quemado. Y como complemento macabro, un gato, sin duda forastero, yacía por allí con los riñones rotos. Como ven, nada faltaba al cuadro.

En la primera entrevista con el hombre vi que tenía que habérmelas con un fúnebre loco. Al principio se obstinó en no responderme, aunque sin dejar un instante de asentir con la cabeza a mis razonamientos. Por fin pareció hallar en mí al hombre digno de oírle. La boca le temblaba por la ansiedad de comunicarse.

¡Ah! ¡Usted me entiende!—exclamó, fijando en mí sus ojos de fiebre. Y continuó con un vértigo de que apenas puede dar idea lo que recuerdo:

¡A usted le diré todo! ¡Sí! ¿Qué cómo fue eso del ga… de la gata? ¡Yo! ¡Solamente yo!

Óigame: Cuando yo llegué.. . allá, mi mujer…

¿Dónde allá?—le interrumpí.

Allá… ¿La gata o no? ¿Entonces?… Cuando yo llegué mi mujer corrió como una loca a abrazarme. Y en seguida se desmayó. Todos se precipitaron entonces sobre mí, mirándome con ojos de locos.

¡Mi casa! ¡Se había quemado, derrumbado, hundido con todo lo que tenía dentro! ¡Ésa, ésa era mi casa! ¡Pero ella no, mi mujer mía!

Entonces un miserable devorado por la locura me sacudió el hombro, gritándome:

¿Qué hace? ¡Conteste!

Y yo le contesté:

¡Es mi mujer! ¡Mi mujer mía que se ha salvado!

Entonces se levantó un clamor:

¡No es ella! ¡Ésa no es!

Sentí que mis ojos, al bajarse a mirar lo que yo tenía entre mis brazos, querían saltarse de las órbitas ¿No era ésa María, la María de mí, y desmayada? Un golpe de sangre me encendió los ojos y de mis brazos cayó una mujer que no era María. Entonces salté sobre una barrica y dominé a todos los trabajadores. Y grité con la voz ronca:

¡Por qué! ¡Por qué!

Ni uno solo estaba peinado porque el viento les echaba a todos el pelo de costado. Y los ojos de fuera mirándome.

Entonces comencé a oír de todas partes:

Murió.

Murió aplastada.

Murió.

Gritó.

Gritó una sola vez.

Yo sentí que gritaba.

Yo también.

Murió.

La mujer de él murió aplastada.

¡Por todos los santos!—grité yo entonces retorciéndome las manos—. ¡Salvémosla, compañeros! ¡Es un deber nuestro salvarla!

Y corrimos todos. Todos corrimos con silenciosa furia a los escombros. Los ladrillos volaban, los marcos caían desescuadrados y la remoción avanzaba a saltos.

A las cuatro yo solo trabajaba. No me quedaba una uña sana, ni en mis dedos había otra cosa que escarbar. ¡Pero en mi pecho! ¡Angustia y furor de tremebunda desgracia que temblaste en mi pecho al buscar a mi María!

No quedaba sino el piano por remover. Había allí un silencio de epidemia, una enagua caída y ratas muertas. Bajo el piano tumbado, sobre el piso granate de sangre y carbón, estaba aplastada la sirvienta.

Yo la saqué al patio, donde no quedaban sino cuatro paredes silenciosas, viscosas de alquitrán y agua. El suelo resbaladizo reflejaba el cielo oscuro. Entonces cogí a la sirvienta y comencé a arrastrarla alrededor del patio.

Eran míos esos pasos. ¡Y qué pasos! ¡Un paso, otro paso otro paso!

En el hueco de una puerta—carbón y agujero, nada más—estaba acurrucada la gata de casa, que había escapado al desastre, aunque estropeada. La cuarta vez que la sirvienta y yo pasamos frente a ella, la gata lanzó un aullido de cólera.

¡Ah! ¿No era yo, entonces?, grité desesperado. ¿No fui yo el que buscó entre los escombros, la ruina y la mortaja de los marcos, un solo pedazo de mi María!

La sexta vez que pasamos delante de la gata, el animal se erizó. La séptima vez se levantó, llevando a la rastra las patas de atrás. Y nos siguió entonces así, esforzándose por mojar la lengua en el pelo engrasado de la sirvienta —¡de ella, de María, no maldito rebuscador de cadáveres!

¡Rebuscador de cadáveres!—repetí yo mirándolo—. ¡Pero entonces eso fue en el cementerio!

El vampiro se aplastó entonces el pelo mientras me miraba con sus inmensos ojos de loco.

¡Conque sabías entonces! —articuló—. ¡Conque todos lo saben y me dejan hablar una hora! ¡Ah! —rugió en un sollozo echando la cabeza atrás y deslizándose por la pared hasta caer sentado—: ¡Pero quién me dice al miserable yo, aquí, por qué en mi casa me arranqué las uñas para no salvar del alquitrán ni el pelo colgante de mi María!

No necesitaba más, como ustedes comprenden —concluyó el abogado—, para orientarme totalmente respecto del individuo. Fue internado en seguida. Hace ya dos años de esto, y anoche ha salido, perfectamente curado. . .

¿Anoche? —exclamó un hombre joven de riguroso luto—. ¿Y de noche se da de alta a los locos?

¿Por qué no? El individuo está curado, tan sano como usted y como yo. Por lo demás, si reincide, lo que es de regla en estos vampiros, a estas horas debe de estar ya en funciones. Pero estos no son asuntos míos. Buenas noches, señores.

Vrykolakas

In Vampire on 21 septembrie 2008 at 1:28 am

Iván Kramskoi

Vrykolakas: Su nombre significa aparecido. Nacen de los muertos asesinados y no vengados, cuyo crimen quedó impune. Viaja en la oscuridad y golpea las puertas de las casas acaudaladas, clamando de sus dueños justicia. Quien responde al llamado, muere. En América Latina se reproducen con muy buena salud.

El teatro ejemplar de la tristeza

In Vampire on 18 septembrie 2008 at 2:53 am

Barry McGee

María Negroni.    Un vampiro es un ser enamorado de su propio desconsuelo. Se aferra a lo perdido como a un escudo. En los laberintos del castillo abandonado del afecto, se lo ve deambular, cabizbajo y mudo y voluptuoso, sediento de una sed implacable, atormentado por la memoria de algo que acaso nunca ocurrió. Tanto Carmilla, la vampira de Sheridan Le Fanu, como el esquivo de Nosfe­ratu, lo saben bien: hay grandeza en medirse con las intemperies de lo anómalo. En la noche eterna, sufrir puede ser una patria.

Julia Kristeva (Soleil Noir: Dépression et mélancolie, 1987) atribuyó a la actividad de poetizar las mismas poses sombrías. Vio en ella una empresa hecha de enconos y gestos desesperados, reacia al duelo, que altera la pulsión de muerte y la vuelve mímesis de resurrección. ¿No viajan los grandes poemas siempre hacia lo indecible? ¿No nacen de rimar los lutos del lenguaje?

Como Nosferatu o Carmilla, los poetas son seres del abismo del tiempo (que es también el abismo de la falta de identidad), criaturas absortas, aferradas al castillo en ruinas de sus proyecciones, exasperadas por ver vivir eternamente lo que no cesa de morir. Por eso, tal vez, apenas hablan y, cuando lo hacen, balbucean interjecciones, ritmos, cosas olvidadas como si así pudieran acercar el sentido del cuerpo que los desterró y conjurar por una vez la noche inmóvil. En cada ataque amoroso vuelven a la pena como a un salvoconducto infalible, y renuevan un pacto que evoca servidumbres secretas: su parafernalia de crueldad conduce a cierta belleza oscura de imágenes fugaces. Toda contaminación supone estremecimientos y sombras vertiginosas. (Es preciso sobrevivir a la noche.) El deseo es que las palabras, como decía Holderlin, se abran como flores. En el umbral de la nominación, el poema elige, in extremis, una desgracia edificante: se yergue, desafiante y vencido, como un viudo identificado con la muerte.

La poesía, hubiera dicho Benjamin, es un teatro ejemplar de la tristeza. Una inercia que persevera, ensimismada y sorda a toda revelación, atenta sólo al mundo de los objetos y a las lentas revoluciones de Saturno. En ella, si se mira bien, lo único activo es el ataque camuflado contra el otro instalado en el yo (o viceversa), con tal de suprimir una escisión intolerable. El juego, entre impremeditado y alevoso, da sus frutos. El poema no interrumpe su ciego deambular pero es posible que algo pueda recibir, aunque más no sea un instante, de la luz residual de esa violencia.

Duelo imposible, balbuceo, efervescencia amorosa y criminal, una saga lírica regida por un voluntarioso desamparo: la melancolía también es una estética, y la sensibilidad gótica finisecular (la nuestra) acaso sea uno de sus nombres. Detrás, como antecedente, habría que enumerar lo que otros llamaron el Bizancio anglofrancés del siglo XIX, la literatura charrogne y ese culto de la belleza manchada, emparentada con la desdicha, que popularizó Baudelaire en El pintor de la vida moderna.

Todas las variantes del vampirismo, las voluptuosidades fúnebres, las alianzas entre el placer y la tumba, la flagelación, el amor lesbiano, la atracción de lo exótico y los cuentos de terror y necrofilia que conoció el fin de siglo pasado, provienen de esta concepción de la belleza, y su physique de l’amour, saturada de ruinas, caos y estatuaria, remite al mismo universo sublunar aludido por Kristeva. La poesía, en este sentido, pertenece por derecho propio a la Biblioteca del infierno.

Vincular acedia y lírica permite, por fin, algo más: redefinir el papel que le cabe a esta última en nuestro fin de milenio. Si, vista desde la tecnología y la democracia voraz de nuestro mundo de imágenes, la poesía es un género anacrónico, no lo es desde una teoría de la tristeza, en la medida en que su gesto instaura y garantiza una distancia infranqueable con una fuente que representa el origen y/o la verdad. Al obedecer a un ritmo hecho de súbitos detenimientos, cambios de dirección y nuevas inmovilizaciones, el poema actúa precisamente una imposibilidad: la de condensar significado y significante. Una y otra vez, la isla heroica de la melancolía, como la llamó Marsilio Ficino en el siglo XV, insiste en la experiencia material y fracasa. Este fracaso es espléndido y debe celebrarse porque, con él, se pone de manifiesto lo construido (lo falso) de la verdad simbólica, dando lugar a un mundo donde la jerarquía de una visión coherente de lo real no se sostiene.

Quiebre de la noción de totalidad y añoranza incurable de algo que, acaso, nunca se tuvo, son, desde siempre, marcas de lo que se sabe en estado de extinción. La poesía, acicateada por el deseo, realiza un movimiento afín: como intrigante que, en un misterio medieval, multiplicara significaciones, arma una coreografía escrituraria y, en ese decorado, escenifica una catástrofe (una epifanía mínima y fugaz), reubicándose como un arte imprescindible de la época.

Villiers de IIsle-Adam, Théophile Gautier, Mary Shelley o Renée Vivien, supieron ya a fines del siglo pasado (en su propia sociedad moribunda, transida de progreso) que la respiración asmática, como toda ostentación, tiene que ver con la carencia. Por eso, la belleza decadente de su producción, llena de emblemas, martirios, intrigas y lamentos, como la luz que ilumina en los cuadros barrocos el dibujo oscuro de la alegoría, es un efecto de opuestos. Reducido a un estado de ruina, el lenguaje ya no sirve para la comunicación pero está tanto más cerca de lo incognoscible. A la casa de la significación, por fin, se le ha volado el tejado.

Hay una vida afectiva del verbo donde éste se decanta, pasando del sonido natural al puro sonido del sentimiento. Para este verbo, el lenguaje no es más que un estado intermedio en el ciclo de su transformación, describe el trayecto que va del sonido a la música, descomponiéndose con la lentitud de los cortejos. En este verbo, hablan la melancolía y los poemas. A la manera de una enfermedad fatal, corrompen la lengua para amplificar lo eterno de lo efímero, lo ilusorio de lo verdadero. La estética es errática. No se buscan esencias, sino monogramas que cifren misterios, alguna traición, una voluptuosidad inútil, un gabinete fantástico donde un niño pueda perderse bajo la mirada de Novalis. En este verbo, el torpor se trastoca en audacia, lo banal en contemplación de lo banal, la proclamación en cosa rota. En este verbo, la tristeza se fragua a sí misma para salvarse.

Los anmalis

In Vampire on 7 septembrie 2008 at 1:31 am

Frank Auerbach

Por miedo a engendrar otro hijo desdichado Adán permaneció casto ciento treinta años. La lujuria contenida en más de un siglo de abstinencia dolorosa generó a los Anmalis, espíritus retozones que nos visitan en las noches para provocarnos nuestros mejores sueños húmedos.

Un mundo os vigila

In Vampire on 25 august 2008 at 9:03 am

Antonella Fabiani

Mientras buscamos en el cielo señales que delaten su presencia, los extraterrestres han burlado nuestras antenas y viven bajo tierra. Custodian los tesoros escondidos, presiden el gobierno de los animales subterráneos, controlan el mundo vegetal desde sus raíces, gobiernan las aguas termales, se alimentan de los muertos. Creen en un dios extraterreno al que no le guardan ninguna devoción especial pero que los cuida en silencio sin solemnidades ni templos. Cuando de acuerdo a las escrituras la historia del universo vuelva a repetirse, los habitantes del submundo saldrán de sus cavernas en el sexto día de la creación y reclamarán para sí el reino de la tierra.

La mascota de la muerte

In Vampire on 22 august 2008 at 6:46 am

Era el reparto de los dones en el paraíso terrenal. Una larga fila de animales esperaba recibir las gracias divinas. Dios le iba otorgando a cada cual lo que a su juicio correspondía. Longevidad a la tortuga, al tigre fortaleza, fecundidad a los insectos, y así con todas las criaturas del señor. El vampiro fue el último en formarse. Cuando llegó, los dones divinos se habían acabado. Por eso es feo y vive oculto y no da entrevistas. Para evitar el desprecio social, Dios le dio como reino la noche y desde entonces es la mascota de la muerte.

La pareja inverosímil

In Vampire on 19 august 2008 at 5:00 am

Bilal Zaheer

Los vampiros del valle han nacido con una cantidad limitada de palabras, por lo que han de usarlas con moderación y prudencia, so pena de quedarse un día sin habla. Es por ello que hablan lo indispensable, con frases muy cortas, escuetas.

Las vampiras de las montañas se distinguen de los animales por el milagro de la palabra. Hablan todo el día, a todas horas, para hacerle honor al milagro que los conforma.

En el principio de los tiempos, un vampiro del valle conoció y amó a una vampira de la montaña. De aquella pareja inverosímil proceden los matrimonios felices.

El Baital

In Vampire on 9 august 2008 at 9:08 am

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Harshad Dhavale

El Baital vive en las cálidas regiones de la India. Mitad hombre, mitad murciélago, representa la síntesis de los contrarios. Es decir, tiene un lado bueno y otro malo, uno claro y otro oscuro, uno grande y otro pequeño. Camina de costado, de perfil, y la suerte de los hombres depende del lado en el que se levante.

Si el Baital se levanta con el pie derecho, persevera su lado humano; entonces todo es miel sobre hojuelas: la gente que lo encuentra se gana la lotería, el empleado gana un ascenso, el amante recupera un amor imposible, el desahuciado salva una enfermedad terminal, el profano provoca milagros. Si, por el contrario, se levanta con el lado invisible, el acaudalado que se tropieza con él va a la quiebra, alguien pierde un trabajo formidable, mueren los amores infinitos, fallece un joven de manera repentina.

Vampiria

In Vampire on 5 august 2008 at 1:26 am
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Luciérnagas naranjas…

concibe la noche…

Amanece.

En este momento, en algún lugar del mundo, un estudiante representa a Shakespeare en un escenario desnudo, una gitana lee las cartas a la orilla de un mercado, una rosa crece al ras del cementerio, un hombre se enamora de otro hombre y tiene miedo, un joven labra un corazón en la corteza de un abeto.

En algún lugar del mundo, en este momento, un viejo pierde la voz y la palabra por un amor inalcanzable, una banda de jazz nostalgia el origen de los negros, un espejo roto genera maldiciones siete veces siete, una piedra cae por un abismo, un ángel pierde al niño negro de su guarda y un rumor se hace leyenda en un bar de marineros.

En este momento, en algún lugar del mundo, una familia se disgrega por la ausencia de la abuela, un niño juega a los gigantes y un gigante muere torturado, una larva se convierte en mariposa, un obrero cae de un viejo andamio y un tigre pierde la vida, asesinado.

En algún lugar del mundo, en este momento, un hombre escribe un poema para nadie, para nunca, para nada, una prostituta reza en un templo solitario a un santo inexistente, un labriego bendice la tierra con sus manos, un infame comulga en un cuarto con la muerte, un habitante de la calle ayuna en el silencio y una niña se embaraza porque nada, porque nunca, porque nadie.

En este momento, en algún lugar del mundo, una bruja ejerce el trabajo del huevo y el romero, un empleado pierde su trabajo por un hombre más joven e inexperto, una joven se entrega por pasión o por dinero, un gato pierde una vida en un incendio y una abuela baila un tango en el desierto.

En algún lugar del mundo, en este momento, alguien se encomienda a dios y al diablo por si acaso, un niño muere de hambre y dos de tedio y tres de remordimientos, un perro callejero come la basura de los ricos y una rata solitaria sobrevive con la carne de sus muertos.

Rebaños de vampiros desangran violetas…

Anochece.

En este momento la vida es como es y yo te quiero.

En algún lugar del mundo, mañana estaré muerto.

Entonces, un adolescente labrará un nombre ajeno al suyo en la corteza de otro cuerpo, la voz y la palabra renacerán al tercer día en los labios de un viejo enamorado, un gigante caído dormirá a la diestra de la gloria, el poeta encontrará fortuna porque todo, porque todos, porque siempre y una rata esclava será libre y dios y el diablo almorzarán juntos en el corazón de una prostituta y el árbol y la piedra recuperarán sus nombres olvidados o perdidos y tal vez otro habitante de la calle ayune en el silencio y dos personas vivan sin saberlo una futura historia de amor.

La vida seguirá siendo. Y entonces, en cualquier lugar del mundo, ya sea como actor, gitana, cementerio, rosa, abeto, viejo, banda, espejo, ángel, marinero, larva, andamio, tigre, templo, tierra, bruja, romero, prostituta, dios o diablo o simple historia de amor te seguiré queriendo.