El diario de Transilvania

Posts Tagged ‘Colombia’

Amantes

In Sexualitate on 2 decembrie 2009 at 1:06 am

Ludwig Hoffenreich

El hombre y la mujer, enloquecidos, se devoraron en la oscuridad. Poco antes del mediodía, distraída y sin prisa, la camarera corrió las cortinas, recogió las prendas desparramadas por el cuarto y las depositó en el bote de los desperdicios. Luego cambió las sábanas.

Triunfo Arciniegas

El callejón de los ciegos

In Urbe on 25 noiembrie 2009 at 1:40 am

Wilhelm-Freddie

Una pareja de ciegos hace el amor de pie, en el callejón. El hombre se afana detrás de la mujer, como si tratara de coronar una montaña, sus dedos resbalan en la tierra del deseo. Paso en silencio. Tropiezo con un bulto, tal vez su equipaje de vagabundos. Los ciegos se detienen un instante, giran la cabeza como pájaros y en mi delirio creo que sus ojos alumbran como tizones. Luego reanudan su asunto. Acosado por los gemidos, me alejo.

Triunfo Arciniegas

Poética

In Cultura on 6 noiembrie 2009 at 1:02 am

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Misha Gordin

Los hombres, en cuatro patas, ladraban a la luna mientras los perros le escribían poemas. Sobra agregar que ni los perros entendían los ladridos ni los hombres los poemas. Batían la cola ante el papel que el amo les sacudía como un trozo de carne, corrían alrededor y acezaban, ladraban. Amarrados a un árbol, veían en la ventana el perfil inclinado del perro que escribía.

Triunfo Arciniegas



Secretos

In Urbe on 18 septembrie 2009 at 1:27 am

Alo Mahdavi

Ali Mahdavi

Esconde los secretos en un cofre de plata debajo de la almohada. Su boca desconoce la infidencia, el reclamo y la súplica. Toda su vida reposa en el cofre como una rata asustada. Ella, que nunca saboreó el aroma de los hombres dormidos ni la algarabía de los bares ni la desnuda luna de las brujas del bosque, duerme con un ojo abierto como todo dueño de un tesoro. Sueña que abren el cofre y riegan en la plaza con descaro sus pobres secretos: deseos, humillaciones, pequeñas venganzas. Nada sucede, sin embargo. Cada mañana la mujer despierta para comprobar que el cofre sigue intacto. Sólo después de su muerte alguien lo abre y encuentra nada más que un puñado de polvo.

Triunfo Arciniegas

Niebla

In Urbe on 1 septembrie 2009 at 1:40 am

Henri Cartier-Bresson

Abrí mi casa a los extraños. Llegaban apartando la niebla con las manos, aturdidos, perseguidos por un hilo de sangre. No averigüé sus nombres, sus historias, sus gestos. Sólo requerían de una cama para pasar la noche, de una taza de café para emprender el día. Unos caían rendidos, lastimados por los accidentes del camino o el acoso de una bala reciente. Otros, sentados, temerosos, esperaron el alba junto a la puerta como si fuese un tren que podría pasar de largo o como si consideraran la última noche en su país una estación equivocada. Dijeron adiós, los ojos ya en tierra ajena, el rostro todavía tiznado por la sombra. Unos se voltearon para arrojarme una moneda. Otros prometieron un presente. La mayoría nunca regresó.

Triunfo Arciniegas

La comunión

In Urbe on 25 august 2009 at 1:38 am

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Andres Serrano

Matías estaba feliz porque iba a celebrar su primera comunión. La noche anterior pasó la mayor parte del tiempo en vela, pensando en la hostia y en cómo era posible que un cuerpo tan grande como el de Cristo cupiera en ella.

Amaneció. Con rapidez y con torpeza se duchó y se vistió. Llegó a la iglesia del brazo de sus papás. No podía concentrarse en la santa misa, él sólo esperaba el momento de tan anhelada comunión.

Hizo la fila. “Este es el cuerpo de Cristo”, dijo el cura. Tomó la hostia, y al comerla Cristo se hizo carne. Era tan grande que Matías se atragantó, se asfixió y murió.

Debió ascender al cielo, porque en su interior llevaba el cuerpo de Cristo.

Amparo Agudelo

Hermano loco

In Creatură on 30 iulie 2009 at 8:41 am

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Killnoir

Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo.

- Es horrible lo que piensan y escriben – exclamó.

- No todos – dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las palabras que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender.

- ¿Dónde está ese santo?

- En el cielo.

- ¿En el cielo hay lobos?

El ermitaño no pudo contestar.

- ¿Y tú que haces? – preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba.

- Y cuando mueras ¿irás al cielo?- preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal.

- Hago lo que puedo por merecer el cielo – dijo apaciblemente el ermitaño.

- Si fueras mártir, ¿irías al cielo?

- En el cielo están todos los mártires.

El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus mandíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.

Manuel Mejía Vallejo

Mala noche

In Justitie on 27 martie 2009 at 1:55 am

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Ash Sivils

Cuando tropecé con la cabeza de Rita pensé lo bueno que sería matarse todos los días. Yo vi cuando la degollaron. Un puñal salió de la oscuridad y de un solo tajo le dejó la cabeza colgando de un grito. Creí que la muerta había sido yo, la maldita Rita murió con un vestido que me había robado y no sé cómo diablos se lo acomodó en su montón de carnes. Fui a buscar la cabeza que había pateado. Hinchada como un balón había rodado un par de metros hasta unas canecas, pero un camino de sangre aún la unía a su cuerpo.

No me mires así, Rita. Yo no te maté. Ganas no me faltaron pero yo sabía que ibas a acabar mal. Mírate no más. Gorda, ensangrentada, con un vestido robado y haciendo fila en el infierno con la cabeza bajo el brazo.Qué vergüenza.

Llevo horas esperando a la policía. Tuve que romper una vitrina para que la alarma los alertara, pero con todo y eso no aparecen. Nadie que se respete anda por aquí en la oscuridad. No quiero abandonar a Rita porque a mi regreso los perros y los mendigos ya se la habrán disputado. No sé si acompañar su cuerpo o su cabeza. No me atrevo a tocarla. Con pataditas cortas trato de acercarlos. Este es el panorama, una cabeza boca arriba, un cuerpo para abajo, una alarma inútil y loca, y la eterna llovizna con la que condenaron a esta maldita ciudad.

Siento envidia de ti, Rita. Ya saliste de esto. No fue muy decente tu final, pero ya terminaste. ¿Qué le voy a decir a la policía? ¿Que fue una sombra la que te mató? ¿Que tu cabeza siguió gritando mientras rodaba? ¿Que por qué si nos odiábamos estoy aquí salvándote de la rapiña? Que le pregunten a la luna que estaba llena. Ella lo vio todo. ¿Que la luna no puede hablar? Una cosa es que no hable pero otra muy distinta es que no vea. ¿Que por qué rompí el vidrio, que por qué estoy aquí? Mira en la que me estás metiendo, Rita. Si yo hubiera tenido tu suerte y tú me hubieras encontrado, estoy segura de que no me acompañarías. Te habrías puesto a esculcar en mi cartera y a maltratar mis muñecas para sacarme las pulseras. Eso fue lo que nos diferenció grandísima hija de puta, tu baja cama y mi cuna de algodón. Pero no nos engañemos. No es mi nobleza la que me obliga a presenciar este bochornoso espectáculo. Ya te lo dije, quisiera estar en tu lugar, quisiera saber cómo es ese pavoroso trance.

Con otro par de pataditas acomodé la cabeza al lado del cuerpo. Me hubiera gustado levantarla para que tuviera un vista panorámica de su muerte.

Así te queda más fácil mirarte. Ahora dime, qué ves, qué se siente. Dime Rita, qué sientes, cómo te ves. !Habla gorda inmunda! ¡No ves que me estoy mojando! Ahora que llueve puedo llorar tranquila. Rita no lo notará. Las sombras comienzan a acecharme. No estoy sola, por lo menos cien miserables almas me acompañan. Se mueven con la misma agilidad de las ratas y con su misma intención. No se ven pero se sienten. Se deslizan como fantasmas vivos. Mi llanto es una carnada mortal pero el cuadro de Rita los mantiene a raya. Otro cigarrillo mojado, otro cigarrillo perdido. Quiero que me trague la tierra.

Jorge Franco Ramos.