El diario de Transilvania

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El angel y el vampiro

In Vampire on 3 noiembrie 2009 at 1:28 am

Xenia Garciax

Xenia García

Pasé la vida entre vampiros y ángeles

libando con paciencia los unos mi energía

los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:

al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego

y en el tránsito hacia el cenit, perdido.

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,

el timbre de su voz me subyugaba,

la miel de su sonrisa me encendía,

y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro

y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.

Leopoldo Alas

 

¡Pobres vampiros!

In Urbe on 27 octombrie 2009 at 1:31 am

Yuma Touko

Yuma Touko

¡Pobres vampiros!
Hambre, y luz que quema.
Sueñan de día.

La ve de lejos,
Y se acerca a ella
Quiere atacarla.

Sola en la noche,
Sin luz. Frio y miedo.
Nadie la espera.

Ella no grita.
El la abraza fuerte.
Besa su cuello.

No es nuevo en eso,
ni ella la primera
a la que mate.

No tiene prisa.
Primero el deseo,
luego la muerte.

Ella esta quieta,
muda, sin defenderse.
El se sorprende.

Toda victima
Chilla, o pide perdón,
O lloriquea.

Mira sus ojos,
Ella también le mira,
Y le sonríe.

¡Pobres vampiros!
Ella tenía hambre.
Ahora ya no.

Jordi Cebrián

Maneras de hacer

In Creatură on 24 octombrie 2009 at 1:43 am

Killnoir Killnoir

Abro la puerta y los muertos están allí, esperándome. Uno a uno les dibujo en la frente el signo que aprendí hace tiempo, cuando los continentes tenían otras formas. Les doy órdenes, observo sus miradas vacías y sus colmillos amenazadores. Finalmente les enseño la fotografía. Salen fuera, a la oscuridad.

Se que no es bonito, ni caballeroso, ni acorde con los días que hemos disfrutado, pero la vida no es justa, ni la muerte. Habría sin duda mejores maneras de dejarlo, pero al fin y al cabo tú tampoco eres humana. Miro la foto y sé que te encontrarán, querida.

Jordi Cebrián

Elecciones

In Justitie on 21 iunie 2009 at 1:47 am

von Heidi Wittwer

Heidi Wittwer

E

Votamos entre los vecinos de escalera para elegir al próximo presidente. El del segundo afirmó haber ganado, pues la mayoría de pisos votaron por él. Pero el del tercero argumentaba que teniendo en cuenta los residentes de cada piso, las personas que confiaban en él eran más, así que se proclamó también vencedor. Las dos chicas del ático, que no habían votado, dijeron disentir del sistema y declararon su piso autogestionado. La viejecita del cuarto propuso ilegalizarlas y prohibirles usar el ascensor. Por el bien de la escalera, daré un golpe de mano y asumiré la presidencia por la fuerza.

z

Jordi Cebrián

Habla Drácula

In Vampire on 27 mai 2009 at 1:16 am

Edvard Munch


Nadie conoce como el vampiro la alegría de la noche. El día es un espejismo, una perturbación atmosférica: la noche es un complejo y rico estado de ánimo. Paladeo hasta el fondo, hasta el estremecido límite, el júbilo secreto de la noche. ¿Habéis pensado que en el día sólo se ven sombras, bultos que interceptan con su opacidad la luz, mientras que en la noche sólo se ven fulgores, destellos que desmienten la tiniebla? El objetivo del día es oscuro, lo opaco, mientras que la noche sólo sabe de resplandores. Pero sabe también que es la oscuridad lo que permite fijarse realmente en la luz y no en los bultos alumbrados por ella, lo mismo que yo sé que es la muerte perennemente padecida lo que faculta para dejarse fascinar plenamente por la vida. Para vivir algo más intenso, más refinado, más sabroso que el discreto sopor de dtemores y obligaciones llamado habitualmente vida, es imprescindible estar muerto y bien muerto. La muerte es el único interés de la vida, el único aliño que sazona su insipidez. Pero normalmente se nos procura con excesiva generosidad: los hombres viven tan obsesionados por la riqueza pavorosa de la muerte que apenas tienen tiempo para fijarse en la vida, lo mismo que el exceso de luz diurna les ciega para todo lo que no sean sombras y borrones. Pasan su tiempo – lo matan, para ser exactos – tratando de alejar de sí la muerte, previniéndola, combatiéndola o infligiéndola a los demás, viendo morir a los suyos, compadeciéndoles, envidiándoles, calculando el tiempo que les falta para quedarse del todo sin tiempo. No es raro que sólo imaginen verdadera vida después de la muerte, sea gozada personalmente en un más allá o sea disfrutada por bienaventuradas generaciones futuras. Pero como el cielo es increíble y el futuro incierto, la vida aplazada no alcanza verosimilitud. Y, sin embargo, aciertan al menos en una cosa, en que para vivir hay que estar convenientemente muerto…

Tengo resuelto satisfactoriamente el problema que les aflige, como también a mi me afligió un día. He logrado que la vida sea mi único objetivo, mi única obsesión: a mí la vida me acecha y me calma como a ellos la muerte. Y no la vida laboriosa y pacificada del armónico futuro ni las arpas y nubes de insulsos paraísos dogmáticos: no, mi vida, mi maravillosa y plena vida, es la que prometen los pechos desnudos de las doncellas, la que vibra de riesgo y aventura, la que se afirma en el poder o en el terror, la que se cifra en la cálida sangre. Vida presente aquí y ahora, para siempre, sin límites. He tenido que pagar por ella, porque todo tiene un precio, pero no he sido defraudado en mi inversión. Estoy muerto, desde luego: ¿qué otro medio hay para gozar plenamente de la vida como algo positivo, no como un atropellado sueño que se nos escapa? Desde este lado de la muerte, la vida presenta toda su riqueza maravillosa, la sutileza desconcertante de sus experiencias, los prohibidos goces que el temor de la muerte hurta a los mortales. ¡Yo cabalgo el viento, soy señor de los lobos y de las tormentas, alimento con las mujeres más bellas pasiones que la luz del día ni siquiera puede soñar! Cierta noche, aquel inofensivo idiota al que alojé en mi castillo transilvano me vio descender cabeza abajo, como una monstruosa araña, por la inaccesible pared de mi torreón… Es el emblema de mi destino que más me agrada. Recuerdo con nosalgia y cierto fastidio mi viaje a la puritana Inglaterra: fueron aquellos absurdos personajes, el estúpido Jonathan Harker, el sombrío místico Van Helsing, las gazmoñas Lucy Westenra y Mina Murray, quienes crearon la fábula hiperbólica de mi maldad infernal. En Transilvania, un pueblo sabio y por tanto fatalista sabe que el mal es uno de los rostros inevitables de toda grandeza; pero los ingleses se pasman ante él como un escándalo e incluso una descortesía. Por lo visto esperaban que un Inmortal acatase discretamente los preceptos de la moral victoriana… ¡cuando ni siquiera los respetaban las figuras auténticamente nobles de esa época! Nunca entendieron en dónde residía mi peculiaridad: desde aquella brumosa jornada en que llegué al puerto de Whitby en mi barco tripulado por cadáveres, empezaron a inventarme una personalidad que tenía algo de Jack el Destripador y algo de Oscar Wilde, una suerte de Aleister Crowley fantasmal…

Sus códigos están bien para esa temerosa luz en la que se ven obligados a vivir los condenados a la muerte. Pero en mi tiniebla deslumbrante no hay lugar más que para la pasión. El día es ataúd, pero la noche trae el deseo y la aurora regalará sangre. Sólo yo, el muerto, el inmortal, podría contaros qué entrega deliciosa es la vida. Sólo yo, el rey de la noche.

Fernando Savater

Malena es nombre de Tango

In Societate on 10 martie 2009 at 1:35 am

Dou

Verás, papá, este verano voy a cumplir diecisiete años…– intentaba improvisar, pero él echó una ojeada a su reloj y, como de costumbre, no me dejó terminar.

__Uno, si quieres dinero, no hay dinero, no sé en qué coño os lo gastáis. Dos, si te quieres ir en julio a Inglaterra a mejorar tu inglés, me parece muy bien, y a ver si convences a tu hermana para que se vaya contigo, estoy deseando que me dejéis en paz de una vez. Tres, si vas a suspender más de dos asignaturas, este verano te quedas estudiando en Madrid, lo siento. Cuatro, si te quieres sacar el carnet de conducir, te compro un coche en cuanto cumplas dieciocho, con la condición de que, a partir de ahora, seas tú la que pasee a tu madre. Cinco, si te has hecho del Partido Comunista, estás automáticamente desheredada desde este mismo momento. Seis, si lo que quieres es casarte, te lo prohíbo porque eres muy joven y harías una tontería. Siete, si insistes a pesar de todo, porque estás segura de haber encontrado el amor de tu vida y si no te dejo casarte te suicidarás, primero me negaré aunque posiblemente, dentro de un año, o a lo mejor hasta dos, termine apoyándote sólo para perderte de vista. Ocho, si has tenido la sensatez, que lo dudo, de buscarte un novio que te convenga aquí en Madrid, puede subir a casa cuando quiera, preferiblemente en mis ausencias. Nueve, si lo que pretendes es llegar más tarde por las noches, no te dejo, las once y media ya están bien para dos micos como vosotras. Y diez, si quieres tomar la píldora, me parece cojonudo, pero que no se entere tu madre.

Almudena Grandes

Huracanes

In Societate on 1 februarie 2009 at 1:24 am

whilhelm-scholzWilhelm Scholz

No, Cristina no ha llegado todavía. La arrastró un huracán ya va para tres meses y de momento no ha vuelto. No es que temamos especialmente por ella, porque se conoce bien los huracanes y estamos seguros de que cuando se canse, volverá. Lo que temo es que a éste le coja afición, como le ocurrió a madre, que después de irse con todos los que pasaban por aquí, ya de mayor, se largó con uno y nunca más quiso saber de nosotros. A mí, que siempre he sido una incomprendida, me dio por los hombres y ya ve usted, aquí me tiene, en el Texaco Girĺs y esperando a Cristina, que, como le digo, tiene que estar al llegar.

Manuel Moya


 

Noticias antes de tiempo

In International on 4 ianuarie 2009 at 11:23 am

Andre Kertesz

Un influyente matutino de Bruselas publicó, a lo largo de tres meses y a ritmo de una por día, una serie de breves informaciones de índole local -siempre arrinconadas en la página ocho-, que al momento de la salida del diario aún no habían ocurrido pero que se cumplían inexorablemente a las seis de la tarde, para salir a la mañana siguiente en los otros periódicos de Bélgica. El fenómeno fue detectado por un ex maestro de escuela que presentó una demanda acusando al director del matutino de “promover hechos desgraciados y/o delictuosos”. Para que estas noticias se realizasen había sido necesario -alegaba el demandante- que alguien allegado a la redacción cometiera el incendio, el secuestro, el robo o el crimen allí profetizados. Nada pudo probarse en tribunales. el director se negó con terquedad a revelar cómo obtenía dichas “primicias”, amparándose en la “confidencialidad de sus fuentes”. El juez fijó, no obstante, una multa abultada contra el matutino por haber divulgado “noticias antes de tiempo”.

Eduardo Berti.

La última mujer

In Sexualitate on 17 octombrie 2008 at 2:25 am

Andrey Vahrushew

Ella sentía tanto pudor que evitaba desvestirse en su presencia. Un pudor desmedido, observó él. Un pudor que ocultaba, se diría, algún misterio. Por fin le dio la espalda, se quitó la blusa y volteó enseñándole unos senos puntiagudos, aunque cruzando los brazos a la altura del abdomen. “¿Ves?”, le dijo sin mirarlo. “Ningún hombre vio antes esto”, y le mostró en consecuencia su asombroso cuerpo sin ombligo.

Cuando nací -contó-, no hizo falta cortar el cordón umbilical. Tiraron de él y mi ombligo se arrancó, limpio y entero, del vientre. Mi padre me puso Eva, como la primera mujer que, al nacer de la costilla de Adán, también carecía de un ombligo. Mi madre se sobresaltó y, en un arranque de superstición, exclamó que si la primera mujer había nacido sin ombligo, ahora yo podía muy bien ser la última. Los médicos rieron de buena gana;aun así, hasta que en el ala contraria no nació la siguiente niña, una incertidumbre (no sé si exagerada) reinó en aquel hospital”.

El escuchó en silencio su relato y se rió de la misma forma que los médicos parteros. Luego recorrió con la lengua el vientre liso. Y la amó como si en efecto fuera la última mujer en la tierra.

Eduardo Berti.

Santuario

In Sexualitate on 15 octombrie 2008 at 1:03 am

Manuel Alvarez Bravo

Después de discutir con el recepcionista por no ofrecerle la habitación 301 alegando que ya estaba ocupada, Genaro Campanilla abandonó el hotel en un claro estado nervioso y cruzó la calle para entrar en el de enfrente. Allí tuvo más suerte y consiguió la ansiada llave que le abrió la puerta a la felicidad.

A la noche siguiente, sobre la misma hora, la escena se repetía en un hotel al otro lado de la ciudad. El conserje le alargó la llave 301 extrañado de que no hiciera caso a sus advertencias de que precisamente el baño de ese cuarto no funcionaba bien.

Meses más tarde, ya en otro país, Genaro Campanilla seguía persiguiendo ese número de habitación entre los miles de hoteles en los que todavía no había pernoctado. Cada noche uno, nunca dos veces el mismo. Y como un drogadicto que necesitara de su dosis diaria no se tranquilizaba hasta traspasar el umbral del dormitorio condecorado con esa insignia.

Era Diciembre y llovía cuando aquella noche, tras recorrer los escasos hoteles que contaba el pueblo en el que se encontraba y comprobar, o bien que no tenían ese número de habitación o bien que ya estaba ocupada –aún así intentó sobornar al huésped para que se la cediera-, decidió recorrer bajo la tormenta los tres cientos kilómetros que le separaban de la ciudad más cercana.

Al abrir la puerta totalmente empapado y con la cara descompuesta, la imagen nebulosa de una bella mujer que estaba llorando, le miró y le dijo: – Creía que ya no vendrías.

Ginés Cutillas

El equilibrio del mundo

In Editorial on 13 octombrie 2008 at 1:23 am

Dorothea Lange

Del único hijo que estaba seguro era del pelirrojo. A los otros dos no los había visto en mi vida. Tras mucho pensar, llegué a la conclusión de que al salir del hipermercado, con la confusión del gentío, me los habían cambiado. No me importó. Los cuidé durante tres años, confiando que otros harían lo mismo con los míos. Hasta el día del parque de atracciones, que con tanto crío me cambiaron al pelirrojo y al mayor de los extraños por una niña y un mulatillo. A éstos los crié durante casi diez años pero un día, al volver de la universidad me llegaron transformados. La chica por un joven que hablaba inglés y el que más tiempo había pasado conmigo por otro con gafas que parecía autista. Aún así, y pensando que la vida era esto, consentí pagarles los estudios hasta el final.

El día que se casaba el inglés, los padrinos –que iban a ser su pseudohermanos- fueron sustituidos por dos chicas gemelas. Nada feas a decir verdad.

Ahora, ya en el lecho de muerte, espero cada vez que se abre la puerta de la habitación y entran tres jóvenes extraños, que sean mis hijos, los de verdad, los primeros, para poder despedirme de ellos y de este mundo que ya no entiendo.

Gines Cutillas

El crimen del espejo

In Justitie on 9 octombrie 2008 at 1:50 am
En la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.

El que la mató le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.

Yo grité. Vinieron los guardias.

Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias diciendo:

__ Este ha sido.

Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.

En la casa no había rastro de nada y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.

Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en las fotografías de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…

___Vean ustedes– dije a los guardias– Vean… El asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

Ramón Gómez de la Serna

El último fantasma

In Creatură on 1 octombrie 2008 at 1:51 am

Francis Bacon

No hace ni un par de días que liquidé al último fantasma. Tres meses para acabar con un solo fantasma, lo sé, no es lo que podríamos considerar un éxito, pero si tenemos en cuenta que muchos de nuestros más competentes profesionales habían fracasado en el intento y que nadie daba un solo duro por mí, comprenderán que me sienta cuando menos orgulloso. Se trataba de un fantasma astuto, discreto, escurridizo, que gustaba volver tarumbas a sus perseguidores.

Informado de los antecedentes, me lo tomé con calma y, tras sopesarlo mucho, planteé mi propia estrategia, que consistía mayormente en ser yo quien tomase la iniciativa, no corriendo tras él, no poniendo trampas por las habitaciones, ni minas en el jardín, como habían hecho mis predecesores. Determiné, pues, una táctica de desgaste, de nervios, de hacer continuamente lo contrario de lo que se esperaba de alguien como yo.

Confieso, sin embargo, que no sé hasta dónde me corresponde el exclusivo éxito de la operación.

Lo maté mientras me ejercitaba en la ballesta, un arma que según todas las estadísticas ha sido relegada en el abatimiento de fantasmas. Comprendan mi estupor al ver que la flecha se detenía súbitamente en el aire, que al instante se formaba un charco de sangre en el césped.

Sólo tras observar con más detenimiento el charco me persuadí de que aquella flecha tal vez no había dado en su blanco por azar.

También -pensé-, también los fantasmas se suicidan.

Manuel Moya.

De nuestros lectores

In Urbe on 30 septembrie 2008 at 9:36 am

Monté una yegua y tuvimos un centauro

xAloe Azid.