El diario de Transilvania

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Creación

In Editorial on 30 ianuarie 2009 at 1:54 am

Shiva Nataraja

En el principio, este universo no era sino el Yo en la forma de un hombre. Miró a su alrededor y no vio nada excepto a sí mismo. Por tanto, su primer grito fue «Soy Yo», y así surgió el concepto Yo. Esta es la razón por la que, incluso hoy, cuando nos llaman, primero contestamos: «Soy yo» y después damos el otro nombre que tenemos…

Tuvo miedo. Por eso la gente no se siente feliz cuando está sola. Pensó: No hay nada aquí excepto yo mismo, ¿de qué tengo miedo? Y el miedo desapareció. Pues ¿de qué podría tener miedo? El miedo solo se refiere a un segundo.

Se sintió infeliz. Por eso no sentimos placer cuando estamos solos. Quiso un compañero. Se agrandó hasta ser del tamaño de un hombre y una mujer abrazados. Este Yo se dividió a sí mismo en dos partes y así fueron un hombre y una mujer. Por tanto, como afirma el sabio Yajnavalkya, este cuerpo, por él mismo, es como la mitad de un guisante partido. Esa es la razón por la que, en verdad, este espacio lo llena una mujer.

El hombre abrazó a la mujer y así surgió la humanidad.

Ella reflexionó: « ¿Cómo puede él unirse conmigo, que he surgido de él? ¡Me ocultaré! » Ella se convirtió en vaca, él en toro y se unió con ella, y así surgió el ganado. Ella se convirtió en yegua, él en semental; ella en burra, él en burro y se unió con ella, y así surgieron los animales de pezuña dura. Ella se convirtió en cabra, él en un macho cabrío; ella en oveja, él en carnero y se unió con ella, y así nacieron las cabras y las ovejas. Y así crearon todo lo que existe en parejas hasta las hormigas.

Entonces él supo: «Yo soy la creación, porque he generado el mundo entero » Por lo tanto fue llamado Creación.

El que comprende esto se convierte, él mismo, en creador en esta creación.

Brihad Āraniaka Upanishád

El paraíso de la canción

In Cultura on 12 decembrie 2008 at 1:11 am

Sabzi

Ahangar era un extraordinario forjador de espadas que vivía en uno de los remotos valles orientales de Afganistán. En tiempos de paz construía arados de acero, herraba caballos y, sobre todo, cantaba.

La gente de los valles escuchaban con ilusión las canciones de Ahangar, a quien se conoce con nombres diferentes en distintas partes de Asia Central. Venían a escuchar sus canciones desde las selvas de nogales gigantes, desde la nevada Hindu-Kush, desde Qataghan y Badakhshan, desde Khanabad y Kunar, desde Herat y Paghman.

Sobre todo venían a escuchar la canción de las canciones, que era la canción de Ahangar sobre el Valle del Paraíso.

Esta canción era muy pegadiza y tenía un extraña cadencia, y, sobre todo, contaba una historia tan extraña que la gente creía conocer el remoto Valle del Paraíso del que hablaba. A menudo le pedían que la cantara cuando no le apetecía, y él se negaba. A veces le preguntaban si el Valle era auténticamente real, y Ahangar sólo podía responder:

El Valle de la Canción es tan real como pueda serlo la misma realidad.”

Pero, ¿cómo lo sabes?”, le preguntaban, “¿has estado allí alguna vez?”

No de una forma corriente”, respondía Ahangar.

Para Ahangar y para casi todas las personas que le escuchaban, el Valle de la Canción era, sin embargo, real, tan real como pueda serlo la misma realidad.

Aisha, una doncella del lugar de la que estaba enamorado, dudaba que existiera tal sitio. También lo dudaba Hasan, un fanfarrón y temible espadachín que había jurado casarse con Aisha y que no perdía ocasión para reírse del herrero.

Un día, cuando los aldeanos estaban sentados en silencio alrededor de Ahangar, que acababa de contarles un cuento, Hasan dijo.

Si crees que ese valle es tan real y está, como dices, más allá de aquellas montañas de Sangan donde se levanta la neblina azul, ¿por qué no intentas encontrarlo?”

No sería adecuado, es lo único que sé”, respondió Ahangar.

¡Tú no sabes lo que es conveniente saber y no sabes lo que no quieres saber!”, gritó Hasan.

Ahora, amigo mío, te propongo una prueba. Tú amas a Aisha, pero ella no confía en ti. No tiene fe en ese absurdo Valle tuyo. Nunca podrás casarte con ella, porque cuando no hay confianza entre marido y mujer, éstos no son felices y sucede toda clase de desgracias.”

¿Esperas que vaya al valle, entonces?”, preguntó Ahangar.

Sí”, contestaron al unísono Hasan y todos los presentes.

Si voy y regreso sano y salvo, ¿aceptará Aisha casarse conmigo?”, preguntó Ahangra.

Sí”, murmuró Aisha.

Asi que Ahangar, habiendo recogido algunas moras pasas y un pedazo de pan, partió para las lejanas montañas.

Subió y subió hasta que llegó a un muro que rodeaba toda la cordillera. Tras haber escalado sus escarpadas laderas, encontró otro muro, aún más escarpado que el primero. Después de éste hubo un tercero, luego un cuarto y, finalmente, un quinto muro.

Al bajar por la otra ladera, Ahangar descubrió que estaba en un valle sorprendentemente parecido al suyo.

La gente salió a darle la bienvenida, y cuando él los vio, se dio cuenta de que había sucedido algo muy extraño.

Meses después, Ahangar el Herrero, caminando como un anciano, llegó cojeando a su pueblo natal y se dirigió a su humilde cabaña. Como se difundió por el campo la noticia de su regreso, la gente se reunió frente a su casa para escuchar cuáles habían sido sus aventuras.

Hasan el espadachín, hablando en nombre de todos, llamó a Ahangar a la ventana.

Todos quedaron boquiabiertos cuando vieron lo viejo que se había vuelto.

Bueno, Maestro Ahangar, ¿conseguiste llegar al Valle del Paraíso?”

Llegué”

¿Y cómo es?”

Ahangar, buscando las palabras, miró a la gente reunida con un cansancio y una desesperación que jamás había sentido antes. Por fin dijo:

Escalé y escalé. Cuando parecía que ya no podía haber vida humana en un lugar tan desolado, y después de muchas dificultades y desilusiones, llegué a un valle. Era un valle exactamente igual que éste en el que vivimos. Y luego me encontré con sus habitantes. Aquellas personas no son sólo personas como nosotros: son las mismas personas. Para cada Hasan, cada Aisha, cada Ahangar, para cada uno de los que aquí estamos, hay otro exactamente igual en aquel valle.

Ellos son copias y reflejos de nosotros. Pero ocurre que somos nosotros los que somos sus copias y reflejos: nosotros, los que estamos aquí, somos sus dobles.”

Todos pensaron que Ahangar había enloquecido a causa de sus privaciones, y Aisha se casó con Hasan el espadachín. Ahangar envejeció rápidamente y murió. Y todo el mundo, todos los que habían escuchado esta historia de labios de Ahangar, primero perdieron la alegría de vivir, después envejecieron y murieron, porque sintieron que algo irremediable y sobre lo que no tenían control iba a suceder, y por eso perdieron el interés en la vida misma.

Sólo una vez cada mil años una persona conoce este secreto. Cuando lo conoce, experimenta un cambio. Cuando cuenta a los demás la pura realidad, éstos se debilitan y mueren.

La gente piensa que un suceso así es una catástrofe, y por eso no deben saber nada sobre él, ya que no pueden entender (tal es la naturaleza de su vida ordinaria) que tienen más de una personalidad, más de una esperanza, más de una oportunidad… allá arriba, en el Paraíso de la Canción de Ahangar, el magnífico herrero.

Idries Shah