El diario de Transilvania

Posts Tagged ‘Mèxico’

San Frutos

In Urbe on 18 decembrie 2009 at 1:10 am

George Krause

En la tercera capilla se venera a San Frutos. Lo identifican los pies descalzos, la cabeza tonsurada, el cuerpo regordete, la escarcela vacía, la mirada de muchos días sin comer. Sobre todo, los libros ocultos bajo el manto. Para descubrirlos hace falta observarlo con cuidado. Nadie que pase frente a él con prisa los advertirá.

Es fama antigua que protege a quienes, en grado de necesidad extrema, se ven precisados a seguir su ejemplo y sustraen, con grave riesgo de sus personas y de su fama, libros que no pueden pagar. Se recomienda, en tales ocasiones, ofrecer al santo un novenario que se cumplirá de rodillas, sosteniendo con los brazos abiertos el fruto de su intercesión. Admite ofrendas, siempre que sean impresas, y un modo eficaz de propiciar su gracia es olvidar algún texto piadoso en el altar.

Mucho se discutió, en el pasado, qué libros esconde. Una vieja opinión, irreverente y deliciosa, sostiene que están en blanco, porque San Frutos no sabía leer.

Felipe Garrido

El testamento

In Urbe on 14 decembrie 2009 at 1:16 am

Paul Cezanne

Si algunos exponentes de nuestra familia padecían una verbosidad morbosa, otros se mostraban lacónicos casi hasta el mutismo. Estos últimos ejemplos personificaba el tío Leopoldo, a quien tocó buena dosis de sinrazón no ajena a todos los que llevamos el mismo apellido. Casó sin éxito, y a partir de su estruendoso fracaso como amante, dio por desentrañar los secretos laberintos. Gracias a sus estudios y averiguaciones descubrió que en Oaxaca existía uno – modelo excepcional – al que se llegaba por un camino difícilmente accesible.

Nadie supo de qué ni cómo vivió Leopoldo; pero laborioso, con la paciencia reservada a los cenobitas, emprendió el viaje y la tarea de redactar un libro sobre el misterio del alma humana. Lo dividió en tres partes. Al principiar la primera escribió con una caligrafía firme y decidida: Deseo aprender. Después de veinte años incorrumptibles, puso estas palabras: Prosigo mi intento. Para los últimos días de su vida sólo quiso agregar otra tercera, rotunda frase repetida también de manera oral hasta la muerte: No pude. Y nos heredó el manuscrito. Así lo constataban sus disposiciones testamentarias.

Beatriz Espejo

Tao

In Urbe on 12 decembrie 2009 at 1:11 am

Francois Dolmetsch

A las diez, preocupada, Mamá piensa en su hija: la ve bailar y retorcerse como una loca por quién sabe qué antros y para qué hombres. Como en Babilonia. Seguro se les desnuda: seguro se les entrega y les hace movimientos lascivos y quién sabe qué otras cosas horrendas…

A las diez, preocupada, la hija piensa en Mamá: la ve bailar y retorcerse como una loca por el salón del culto. ¿Y para qué? Choca con la pared que da al taller mecánico, con la otra pared, cae al piso junto a quién sabe quién. Seguro canta, o grita: seguro está convencida de que se entrega al Señor…

Alberto Chimal

Fin de fiesta

In Creatură on 25 septembrie 2009 at 1:59 am

Alexander Binder

Alexander Binder

La fiesta había terminado. Él la acompañó en la vereda, hasta que apareció un taxi.

La despidió con un beso casto, sin atreverse a más, como de costumbre. Ella le dio un abrazo tierno y ortodoxo, se tragó una pregunta, la habitual, y subió al auto.

Al cerrar la puerta, el alma de él tomó impulso y saltó hacia el asiento de atrás. El alma de ella hizo un esfuerzo y se lanzó a la vereda.

El taxi se alejó. Él se fue desalmado, pero acompañado.

No hay nada que hacerle; las almas siempre tienen más coraje que sus dueños

Gabriela Villano

El quinto dragón

In Cultura on 3 septembrie 2009 at 10:23 am

CvrQuinDragon[1]El Quinto Dragón
 Paulina Aguilar Gutiérrez
Literatura Juvenil Fantástica
 México
Premio Nacional de Novela Juvenil Fenal – Norma 2009

 ¿ Qué harías si todo lo que escribieras se hiciera realidad? Cuando Abi llega a Puerto Esmeralda no logra recordar quién es ni de dónde viene, pero la abuela, a quien todos en el pueblo catalogan de “bruja”, la adopta como su nieta y le da un nombre. Abi se acostumbra a la abuela, a las calurosas tardes en las Islas, a las mágicas leyendas de los kichéh y a los juegos con sus amigos Matilde y Sebastián; pero sus días tranquilos terminan con la llegada de Jan y el descubrimiento de un don fantástico que le revelará su verdadera esencia. Ahora Abi y Jan tendrán que descubrir hasta dónde están ligadas sus existencias.

Paulina Aguilar es una joven escritora mexicana de 26 años, originaria de la ciudad de León, Guanajuato, que ha obtenido el primer Premio Nacional de Literatura para Jóvenes FeNal Norma 2009, con su novela El quinto dragón. La obra y la autora han suscitado inmediato entusiasmo en el ambiente de la literatura infantil y juvenil mexicana. Esta novela tiene una sólida estructura en la que las voces de los personajes van tejiendo una magnífica historia que salta de la realidad a la fantasía. En palabras de Francisco Hinojosa “es una magnífica novela que se lee de corrido”. “Una historia de amor fantástica, una fantástica historia de amor”.

De una escritora mexicana para el mundo El quinto dragón será distribuido en varios países de Latinoamérica. Para seguir la trayectoria de ésta que se antoja una fulgurante novela, el blog de su autora, llamado El sueño de mi pluma en: elquintodragon.blogspot.com

Plaza

In Sexualitate on 18 august 2009 at 1:27 am

Rodrigo Nuñez 1

Rodrigo Nuñez

Me escapé de mi casa para encontrarla en la Square del Jardín Rojo. Ella viene de su tarde de sal, de gracia mojada por los Budas y yo de mi imperio de trabajos, esa granja que me nombra sin domingo. Un viento vibraba la canción antes de mirarla fijamente. Estamos de pie como la guardia. Nos emocionamos al reconocernos, con la cálida obviedad que tienen las mujeres de jugar en el espacio con sus ojos. Al tocarme, señala que hoy existo bajo el suéter, pone piel en el llanto de la piel. Pruebo con mi boca su lengua tan viva en mi silencio, diferente al de un soldado cuando marcha, es un instante quieto que permanece ardido, en el amor que nos prohíben y nos damos. La fatiga del cuerpo cauteloso tiembla en China, bajo el sol que sufre en mí, en esta plaza.


(Dos chicas fueron obligadas a hacer trabajo voluntario para su comunidad durante un mes por haberse besado en público en una localidad pequeña de China, además de haber sido obligadas a asistir a un psicólgo y ser separadas entre sí en los cursos de la universidad. La notica carece de fuente oficial, pero viaja por las calles de mi barrio, de boca en boca)

Mónica Melo

Baby H.P.

In Urbe on 28 iulie 2009 at 1:22 am

Paul Klee

Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña. El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares. De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica. Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares. El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu, puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico. Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo, de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía. Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P. atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos explicativos que se obsequian en cada aparato. El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P. Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.

Juan José Arreola

Lágrima

In Creatură on 28 iunie 2009 at 2:09 pm

Bryan Baugh

Bryan Baugh

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El desolado aullido del lobo transformó la silueta de la luna.

José Víctor Martínez Gil

Apuntes sobre la supervivencia de los vampiros

In Vampire on 4 iunie 2009 at 1:33 am

Michael Walton

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Sin duda un problema importante que aparece en todo ser animado es el de la supervivencia. Muchas teorías se han escrito al respecto y mucho se escribe aún. Cada especie busca formas novedosas para perpetuarse: así ha surgido la evolución, una evolución cada vez más compleja y avanzada. De cualquier manera, se trata de una simple lucha por la existencia y al efectuarla aparece un cambio. Según Darwin, en la batalla por sobrevivir y acomodarse al medio ambiente sólo triunfan los mejor dotados y las especies que subsisten heredan a su descendencia las características de la mutación y éstas se acentúan a través de las generaciones exitosas. Tal vez el caso más curioso sea el de los vampiros. Desde que aparecieron sobre la Tierra han sido brutalmente perseguidos (como los hechiceros y las brujas). El temor que inspiran sus actos, sus aficiones gastronómicas y sus deseos eróticos, trocan el miedo en odio mortal: por siglos han sido buscados con finalidades de exterminio.

Pero los vampiros pudieron escapar a las cacerías. ¿Cuál es el secreto? Muy sencillo. La mayoría de ellos tenían facultades miméticas y aun transformistas. Por ejemplo, podían cambiar de un estado a otro, convertirse en humo o en mamífero quiróptero. Y si eran capaces de tales actos, también lo serían para adquirir formas más sutiles que les permitieran imponerse a sus perseguidores. Así, decidieron modificarse radicalmente en cuanto a sustancia, peso, estructura, y se hicieron mosquitos. Ahora los vampiros permanecen victoriosos ante los cuerpos inermes de sus enemigos tradicionales: los hombres, que en efecto han inventado muchísimos productos para eliminarlos sin lograr resultados positivos, pues los mosquitos se reproducen por miles y miles (con ciertos requisitos climáticos). Y su principal triunfo es que el ser humano no se ha percatado de la metamorfosis; además, finalmente, no le importa perder unas cuantas difuntas gotas de sangre, mientras que al vampiro, dadas sus proporciones actuales, no sólo le bastan sino que hasta lo engordan.

René Avilés Fabila

Las sirenas o la libre empresa

In Urbe on 15 aprilie 2009 at 1:44 am


Cierto balneario hubo de adquirir, para fines estrictamente propagandísticos, un lote de sirenas. Traídas en peceras anchas y altas, las distribuyeron por todas las piscinas. Para que no extrañaran su lugar de origen, también se compraron pececillos dorados, caballos de mar y uno que otro tritón. El siguiente paso fue ahondar las albercas y colocar un letrero luminoso que con descaro anuncia a las bellas y sugestivas sirenas e indica tarifas.

Ninguno nada por admirarlas. Su belleza es elocuente. Pero como lanzan al viento su voz que encanta a los humanos hasta cultivarlos y hacerles olvidar a la mujer y a los hijos, es indispensable tener dos o tres salvavidas -cuyos oídos están tapados con cera dulce- dispuestos a evitar que alguna persona se ahogue al arrojarse tras ellas.

La clientela, masculina en su totalidad, abarrota las piscinas desde entonces. Los balnearios cercanos, sin recursos económicos suficientes para contrarrestar la hábil propaganda, tuvieron que cerrar por quiebra, ya que sus albercas se habían secado de soledad.

(El pez grande se traga sin remedio al pequeño.)

Rene Avilés Fabila

La mujer ligera

In Sexualitate on 7 aprilie 2009 at 1:26 am

Catherine Abel

La conoció en un bar y en el hotel le arrancó la blusa provocativa, la falda entallada, los zapatos de tacón alto, las medias de seda, los ligueros, las pulseras y los collares, el corsé, el maquillaje, y al quitarle los lentes negros se quedó completamente solo.

Marcial Fernández


La ley de la herencia

In Justitie on 25 februarie 2009 at 6:01 am

Moni Litmanovitch

Durante más de diez años habíamos vivido sin problemas en este edificio habitado por empleados gubernamentales o profesores de escuela como yo hasta que un día en el terreno baldío que se ve desde la ventana de nuestro piso apareció una vieja y esquelética mendiga despiojándose al sol y como nos dios lástima le llevábamos por las noches mi mujer o yo las sobras de nuestra comida a aquel lugar de muebles despanzurrados y maquinarias paralíticas y latas herrumbrosas y ratas furtivas y la mendiga se arrojaba al plato de cartón apenas lo poníamos en el suelo y devoraba el contenido lanzando temerosas miradas a un lado y a otro como si alguien fuese a robarla pero al poco tiempo ya no se resignaba a esperarnos y poco después de caer la noche la oíamos subir la escalera con sus pies pesados y tocaba a nuestra puerta y gemía larga y rítmicamente si tardábamos en abrir y presentarle lo que sin duda ya consideraba un obligado tributo y así una noche tras otra y a veces nos hundíamos en la habitación más retirada conteniendo el aliento y mi mujer apretándose temblorosa contra mi pecho mientras la mendiga permanecía allá junto a la puerta del departamento lloriqueando sin pausa y mecánicamente de modo que como temíamos el escándalo de los vecinos, terminábamos saliendo y dándole la pitanza bajando los ojos ante los suyos resentidos o irónicos y ella se alejaba envolviendo el plato en su raída y remendada y sucia capa bajo cuyo peso se inclinaba y así inexorablemente por no sabemos cuánto tiempo hasta que los vecinos que ya se quejaban mucho ante nosotros hicieron que la policía se llevara a la mendiga y con algun remordimiento nos sentimos exentos de aquella servidumbre sin prever que una semana después se presentaría un hombre con aspecto de pulcro burócrata que decía venir de cierta Sociedad y nos entregó una caja con unos sucios andrajos que fácilmente reconocimos sobretodo por la remendada caja y nos hizo firmar un recibo informándonos de que éramos depositarios de esos bienes y no lo entendimos del todo sino hasta unos días después cuando mi mujer se asomó a la ventana y lanzó un grito y empezó a llorar y yo me asomé y allí en el terreno baldío había otra mendiga tal vez menos vieja y menos flaca enteramente desnuda y rascándose las costras y mirando hacia nuestra ventana y entonces comprendimos que había que bajar llevando mi mujer el plato de sobras y yo la caja con los andrajos y que no serviría de nada cambiarse de casa ni de colonia ni de ciudad ni tal vez de país.

Josè de la Colina

Combates

In Sexualitate on 23 februarie 2009 at 1:58 am

Metin Demiralay

No olvide usted, señora, la noche en que nuestras almas lucharon cuerpo a cuerpo.

Juan José Arreola.

Pequeña novela policiaca

In Justitie on 22 februarie 2009 at 1:38 am

christophe-huet

Christophe Huet

__¿ Estoy llamando a la comisaría?

Por favor, señor oficial, envíe una patrulla a mi domicilio. Hace un rato mi marido escuchó un ruido en la sala, fue a investigar y se topó con un asaltante. Desde hace una hora luchan cuerpo a cuerpo, cada uno por su vida. Han despertado al vecindario y a mí no me dejan dormir.

Eduardo Osorio

El rio de los sueños

In Sexualitate on 12 februarie 2009 at 1:12 am

Emmet Gowin

Yo, por ejemplo, misántropo, hosco, jorobado, pudrible, inocuo, exhibicionista, inmodesto, siempre desabrido o descortés o gris o tímido según lo torpe de la metáfora, a veces erotómano, y por si fuera poco, mexicano, duermo poco y mal desde hace muchos meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas o listadas, una manta eléctrica o al aire libre, según el clima, pero eso sí, ferozmente abrazado a mi esposa, a flote sobre el río de los sueños.

Gustavo Sainz

 

El canto de las sirenas

In Creatură on 20 ianuarie 2009 at 1:23 am

John William Waterhouse

Cuando llegué a la isla creí que las sirenas me esperaban desde siempre. Yo, que huía de mí, de una mujer, de los días de fracaso que caían en mi sangre como la luna en el mar, buscaba perderme en la espesura de su canto. ¿La causa? -preguntarán-. Fue desde aquella mañana de invierno cuando supe que el amor era un engaño de la sangre; cuando supe que la ternura o la piedad eran dos fieras inútiles en las selvas del hombre. Por eso quise perderme; por eso quise escuchar su canto, que aun siendo el más dulce, el más hondo, será para mí, de todos modos, un pretexto más para la tristeza. Yo quiero oírlo, ya…

Estoy cruelmente satisfecho. Me doy cuenta que incluso en la destrucción se puede hallar la felicidad. Sonrío al recordar el pasado, aunque en esa sonrisa -no hay remedio- haya el signo de la derrota. Pero qué importa, ¡bah!, me muero de tristeza y rencor.

Miro el atardecer: los dientes blanquísimos de las olas, las nubes que empiezan a calcinar con sus dedos las ramas del horizonte. ¿Las voces? ¿Las voces? ¡No se oyen ya las voces! Grito desesperadamente. El barco pasa.

Lloroso, impotente, lo evidencio: las sirenas no cantaron para mí…

Marco Antonio Campos


Problemas del infierno

In International on 13 ianuarie 2009 at 2:12 am

Bosch

Una vez cada cien mil años los demonios autorizan ochenta suicidios en el infierno. Nadie sabe quiénes serán los elegidos, y todos los habitantes bullen en adulación para los torturadores, intrigas y mala fe entre los torturados. El sector radical de los ángeles ha hecho pública su protesta a fin de que Dios, en Su Infinita Bondad, presione a los demonios. Porque no está bien que a la tortura de la infinitud se añada el castigo mediante la esperanza.

José Emilio Pacheco

La verdad

In International on 9 ianuarie 2009 at 1:21 am

S.L. Grace

Los Llollo decían siempre lo contrario de lo que pensaban, de tal suerte que los peores enemigos se saludaban con alegría; los amantes no dejaban de decirse adiós; los generales ordenaban cargar cuando el ejército debía retirarse; las madres amonestaban a los hijos más obedientes. Siempre. Pero viajeros de todas las regiones iban hasta los Llollo para oírlos hablar, vivir de ese modo tan extraño, y acaso uno de ellos, un mercader o un contador de cuentos, les enseñó a mentir (arte que les era desconocido y aun impensable).

Por lo que empezaron a decir lo que pensaban; a decir lo que no pensaban a sabiendas de que nadie les creería, y a hablar también con intenciones rectas, pero sin que nadie les diera crédito. Terminaron por mezclar lo que pensaban y lo que no en el discurso, en la acción y hasta en el pensamiento; así se volvieron iguales al resto de los pueblos del mundo, y se dispersaron, pues unos a otros, se dice, ya no podían comprenderse.

Alberto Chimal

Conversación con lirios

In International on 18 decembrie 2008 at 1:33 am

Sabzy

Los desperdicios se amontonan desmesuradamente por las noches. Durante el sueño, el escriba del rey asirio Asurbanipal conversa con lirios amarillentos, más verosímiles quizás que los lirios vistos en la ahora lejana choza de su padre.

Ajeno por completo a la saga mítica que lo inmortalizará en la historia de los hombres, el habitante de la biblioteca del rey cree sentirse extraviado en aquel jardín de flores monótonas que son, a su vez, curiosas máquinas parlantes.

-Ellos, sin recobrar las fuerzas, morirían con la cabeza hacia abajo- advierte uno que a veces rebuzna-.

-Pero los otros, llegaban a los confines de la tierra -contestó de improviso el de al lado-, olvidando que eran legiones de Su Señor, y a él se debían.

-Como nosotros, en otro orden de cosas- dijo el primero con desgano, remedando el graznido de un pájaro insoportable.

En uno de los ángulos menos visibles del jardín, como desprendiéndose de entre las ortigas y alguna que otra raíz seca, a plena luz de media mañana, un lirio dotado de una presencia singular que iba del sueño a la vigilia y viceversa, le recordó: “No hay diferencias entre el escriba y el rey”, aludiendo con demasiada certeza a los festines anuales en que ambos intercambiaban sus roles por unas pocas horas.

-Jamás encontrarás lo que buscas por destino -le contestó una voz grave que planeaba sobre las flores-, para agregar después como una maldición, la pregunta más desnuda: “¿dónde estás?”

Fue entonces cuando el escriba de Asurbanipal entendió que la duda era también posible en el sueño, ese sumidero de los dioses, y que subía, dentro de la sangre, como una enredadera iluminada hasta asfixiarlo.

Manuel Lozano

Un hada en mis sueños

In Creatură on 18 decembrie 2008 at 1:27 am

Helmut Newton

En mi sueño, esa hermosa mujer, alta y esbelta, de sedoso cabello negro, misteriosa, acepta mi conversación. Hablamos de pintura. Al poco tiempo hacemos el amor. Luego, en un edificio extraño, bajamos por unas escaleras eléctricas muy largas. Avanza más rápido que yo. En la medida en que se aleja de mí presiento peligro y trato de alcanzarla. Entre nosotros hay dos jóvenes, uno saca el revólver y le dispara; la mujer cae al suelo e inútilmente trato de auxiliarla. El otro tipo también la balea. La sostengo en mis brazos y veo cómo desaparecen los criminales. Al despertar sé que ella me amaba y la echo de menos, necesito verla. No quiero averiguar por qué la mataron, tampoco siento ningún deseo de venganza. Tan sólo aguardo con ansiedad las noches para dormir y estar en posibilidades de soñar con la enigmática mujer, evitar que la asesinen y de tal forma extender nuestra pasión, que fue violenta y que fue dulce.

Rene Avilés Fabila

El mal actor de sus emociones

In Justitie on 16 decembrie 2008 at 1:24 am

Marc Chagall

Y llegó a la montaña donde moraba el anciano. Sus pies estaban ensangrentados de los guijarros del camino, y empeñado el fulgor de sus ojos por el desaliento y el cansancio.

__ Señor, siete años ha que vine a pedirte consejo. Los varones de los más remotos países alababan tu santidad y tu sabiduría. Lleno de fe escuché tus palabras: “ Oye tu propio corazón, y el amor que tengas a tus hermanos no los celes”. Y desde entonces no encubría mis pasiones a los hombres. Mi corazón fue para ellos como guija en agua clara. Mas la gracia de Dios no descendió sobre mi. Las muestras de amor que hice a mis hermanos las tuvieron por fingimiento. Y he aquí que la soledad obscureció mi camino.

El ermitaño le besó tres veces en la frente; una leve sonrisa alumbró su semblante, y dijo:

__ Encubre a tus hermanos el amor que les tengas y disimula tus pasiones entre los hombres, porque eres, hijo mío, un mal actor de tus emociones.

Julio Torri

La elefantasma

In Creatură on 30 noiembrie 2008 at 1:55 am

Deambula por los circos que tanta gloria le dieron. Sus orejas, semejantes al celofán en transparencia, son enormes al igual que la trompa balanceante con la cual va recogiendo memorias y recuerdos: ya sea de la ocasión en que hizo la danza de los siete velos en el Ringling, ya de la vez de su salto a doble altura desde un trapecio del Barnum; ya del fatídico, último resbalón que dio en la cuerda floja del Atayde.

A la elefantasma no le molestan las nuevas generaciones que tratan de emularla con torpeza. Ella simplemente les observa desde una grada -siempre de tipo preferente- y meneando la cabeza desaprueba un titubeo, un error en el ritmo de la rutina, un movimiento innecesario.

Saciada una vez que está de memorias, lo único que la estrella sigue deplorando con añoranza, y antojo cada vez menor, es que los cacahuates carezcan de ánima.

Luis Felipe Hernández

Historias urbanas

In Urbe on 7 noiembrie 2008 at 1:37 am

Yasumasa Yaganisawa

Lo vio pasar en un vagón de metro y supo que era el hombre de su vida. Imaginó hablar, cenar, ir al cine, acostarse con él, vivir juntos y dejó de interesarle

Beatriz Pérez-Moreno

El otro mundo

In Urbe on 1 noiembrie 2008 at 1:15 am
josef-koudelka.jpg

Josef Koudelka

Homenaje a Otto Weininger. Al rayo del sol, la sarna es insoportable. Me quedaré aquí en la sombra, al pie de este muro que amenaza derrumbarse.

Como buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra. La seguí con celo entrañable. A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte. Ni siquiera el callejón sin salida donde soñaba atraparla. Todavía hoy, con la nariz carcomida, reconstruí uno de esos itinerarios absurdos en los que ella iba dejando, aquí y allá, sus perfumadas tarjetas de visita.

No he vuelto a verla. Estoy casi ciego por la pitaña. Pero de vez en cuando vienen los malintencionados a decirme que en este o en aquel arrabal anda volcando embelesada los tachos de basura, pegándose con perros grandes, desproporcionados.

Siento entonces la ilusión de una rabia y quiero morder al primero que pase y entregarme a las brigadas sanitarias. O arrojarme en mitad de la calle a cualquier fuerza aplastante. ( Algunas noches, por cumplir, ladro a la luna ).

Y me quedo aquí, roñoso. Con mi lomo de lima. Al pie de este muro cuya frescura socavo lentamente. Rascándome, rascándome…

Juan José Arreola.

El veredicto

In Creatură on 21 octombrie 2008 at 1:29 am

Brassai

La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.

__ No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?

__ No señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.

__ Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.

__ ¿Verdad que usted es el cobrador?

__ Sí– le dije resuelto a todo–, pero hablaremos hoy de otra cosa.

Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:

__ Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:

__ ¡ Qué fraude! Vas a condenarte por eso.

Pero el Diablo, que nos oia dijo:

__ No, se salvará

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Alfonso Reyes

Patrimonio de la humanidad está deprimida

In Creatură on 3 octombrie 2008 at 1:55 am

Alvin Langdon


La esfinge de Tebas.   La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa asi desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único de su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos ingenuos, que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando van a visitarla a su morada, durante el fin de semana.

Rene Aviles Fabila

La musa

In Creatură on 25 septembrie 2008 at 1:11 am

Alex Kazachok

La musa ya despliega sus alas de vampiro.

Su boca, una ventosa voraz, aplica al cuello

Del joven sacerdote, y el purpurino sello

Se ensancha mientras arde su amor en un suspiro

A cambio de su sangre, la musa lo alimenta

Con esa leche amarga que fluye de sus senos:

Dos péndulos albinos, dos péndulos obscenos

Que tienen un relente de cuerpo que fermenta

Entre los muslos grises, de vellos erizados,

Como gusanos fofos colgando de una ojiva

En torno de la vulva destilan su saliva

Infecta siete falos rojizos y atrofiados

Las alas membranosas repliéganse y acaba

El himeneo oscuro del joven con la harpía

Entonces los cuadernos se llenan de poesía

Que a la razón disuelve, que a la virtud socava.

Emiliano Gonzalez