El diario de Transilvania

Posts Tagged ‘Reino Unido’

La tentación

In Cultura on 9 octombrie 2009 at 1:47 am

Dominic Byrne

Antes de ser librero, el jeque Ahmad no tenía otra ocupación que participar en las ceremonias religiosas llamadas zikrs, que consisten en la repetición coral de los nombres y atributos de Dios. Pertenecía entonces a la orden de los derviches sadiyeh, famosos por devorar serpientes vivas, y se dice que fue uno de los devoradores de serpientes, pero que no se atuvo a manjares de digestión tan fácil. Una noche, durante una reunión de derviches de la orden, en la que su jeque estaba presente, Ahmad cayó en un frenesí religioso, tomó una pantalla de vidrio que rodeaba a un candelero puesto en el suelo, y se comió un pedazo considerable. El jeque y los demás derviches, mirándolo asombrados, lo reprendieron por haber infringido las reglas de la orden, ya que comer vidrio no era uno de los milagros que les estaban permitidos, y lo expulsaron inmediatamente. Ingresó entonces en la orden de los ahmediyeh y como ellos tampoco comían vidrio resolvió no volver a hacerlo. Sin embargo, poco después, en una reunión, cayó de nuevo en un frenesí y, precipitándose sobre la araña, sacó una de las lamparitas de vidrio y se comió la mitad, tragando asimismo el aceite y el agua que contenía. Lo llevaron ante su jeque, para que éste lo juzgara, pero como juró que jamás volvería a comer vidrio, ni lo castigaron ni lo expulsaron. A pesar de su juramento, no tardó en ceder a la tentación y comió una lámpara. Otro derviche quiso imitarlo, pero se atragantó con un pedazo grande de vidrio, entre el paladar y la lengua, y a Ahmed le costó mucho sacárselo.

Edward William Lane

El príncipe y el mago

In Creatură on 10 iulie 2009 at 5:47 am

Mathew Huron

Mathew Hurón

Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos en tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.

Pero un día el príncipe se escapó de palacio. Y llegó al país vecino. Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas. Y, en esas islas extrañas, criaturas a las que no se atrevió a dar su nombre. Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:

__ Eso que hay ahí, ¿son islas de verdad?

__ Claro que son islas de verdad – dijo el hombre de traje de etiqueta.

__ ¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?

__ Son todas ellas princesas auténticas.

__ Entonces, ¡también Dios existe! – exclamó el príncipe.

__ Yo soy Dios – repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.

El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.

__ De modo que has regresado – le dijo su padre, el rey.

__ He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios – le dijo el príncipe en son de reproche.

El rey no se conmovió en absoluto.

__ Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni Dios de verdad.

__ ¡Yo lo he visto!

__ Dime cómo iba vestido Dios

__ Dios iba vestido con traje de etiqueta.

__ ¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?

El príncipe recordó que, efectivamente, así era. El rey sonrió.

__ Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.

Al oir esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.

__ Mi padre el rey me ha dicho – dijo el joven príncipe con indignación – quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora se que eso no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.

El hombre de la playa sonrió.

__ Eres tú, muchacho, quién está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.

El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.

__ Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?

El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.

__ Si, hijo mío, no soy más que un simple mago.

__ Entonces, el hombre de la playa era Dios.

__ El hombre de la playa era otro mago.

__ Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.

__ No hay ninguna verdad más allá de la magia – dijo el rey.

El príncipe se quedó muy triste.

__ Me suicidaré – dijo.

El rey hizo que por arte de magia apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció. Recordó las bellas aunque irreales islas y las bellas aunque irreales princesas.

__ Muy bien – dijo -. No puedo soportarlo.

__ Lo ves, hijo – dijo el rey – También tú empiezas a ser mago.


John Fowles

La paradoja de Tristam Shandy

In Cultura on 10 iunie 2009 at 1:53 am

Joel-Peter Witkin 2

Joel Peter-Witkin

Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera apartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de años.

Bertrand Russell

La puerta

In Creatură on 3 martie 2009 at 5:49 am

__ ¡Qué extraño! – dijo la muchacha, avanzando cautelosamente -. ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

__ Dios mío! – dijo el hombre – Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

__ A los dos, no. A uno solo – dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció.

I.A. Ireland

Para evitar el infierno

In Justitie on 7 februarie 2009 at 1:45 pm

Sebastiao Salgado

Brocklehurst: ¿Sabes dónde van los malos después de morir?

Jane: Al infierno

Brocklehurst: ¿Y sabes lo que es el infierno?

Jane: Un abismo lleno de fuego

Brocklehurst: ¿Te gustaría caer en ese abismo y arder en él eternamente?

Jane: No, señor

Brocklehurst: ¿Y qué debes hacer para evitarlo?

Jane: Estar sana y no morir, señor.

Charlotte Bronte

El árbol del orgullo

In International on 2 februarie 2009 at 1:57 am

Milena Kertova

Si bajan a la Costa de Berbería, donde se estrecha la última cuña de los bosques entre el desierto y el gran mar sin mareas, oirán una extraña leyenda sobre un santo de los siglos oscuros. Ahí, en el límite crepuscular del continente oscuro, perduran los siglos oscuros. Sólo una vez he visitado esa costa; y aunque está enfrente de la tranquila ciudad italiana donde he vivido muchos años, la insensatez y la trasmigración de la leyenda casi no me asombraron, ante la selva en que retumbaban los leones y el oscuro desierto rojo. Dicen que el ermitaño Securis, viviendo entre árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran grandes gigantes de muchos brazos, eran los seres más inocentes y mansos; no devoraban como devoran los leones; abrían los brazos a las aves. Rogó que los soltaran de tiempo en tiempo para que anduvieran como las otras criaturas. Los árboles caminaron con las plegarias de Securis, como antes con el canto de Orfeo. Los hombres del desierto se espantaban viendo a lo lejos el paseo del monje y de su arboleda, como un maestro y sus alumnos. Los árboles tenían esa libertad bajo una estricta disciplina; debían regresar cuando sonara la campana del ermitaño y no imitar de los animales sino el movimiento, no la voracidad ni la destrucción. Pero uno de los árboles oyó una voz que no era la del monje; en la verde penumbra calurosa de una tarde, algo se había posado y le hablaba, algo que tenía la forma de un pájaro y que otra vez, en otra soledad, tuvo la forma de una serpiente. La voz acabó por apagar el susurro de las hojas, y el árbol sintió un vasto deseo de apresar a los pájaros inocentes y de hacerlos pedazos. Al fin, el tentador lo cubrió con los pájaros del orgullo, con la pompa estelar de los pavos reales. El espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol, y éste desgarró y consumió a los pájaros azules, y regresó después a la tranquila tribu de los árboles. Pero dicen que cuando vino la primavera todos los árboles dieron hojas, salvo este que dio plumas que eran estrelladas y azules. Y por esa monstruosa asimilación, el pecado se reveló.

G. K. Chesterton


¿Por qué hemos se perder todo esto?

In Editorial on 24 ianuarie 2009 at 12:04 pm

Tommy Motswai

El mundo está trastornado por el afán innovador. Todo ha de hacerse de modo nuevo. Los hombres han de ser ahorcados de modo nuevo. ¿Y en qué consiste esa mejora? Dicen que el viejo sistema atraía grandes multitudes. Pues para eso son las ejecuciones: para atraer multitudes. De otro modo, no sirven a su propósito. El sistema antiguo era muy satisfactorio para todos: al público le complacía el desfile, y el desfile reanimaba al criminal.

¿Por qué hemos de perder todo esto?

Samuel Johnson

El auténtico fantasma

In Creatură on 23 decembrie 2008 at 11:57 am

Alberto G. Baccelli

¿Habría algo más prodigioso que un auténtico fan­tasma? El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajó a las bóvedas de las iglesias y golpeó féretros. ¡Pobre Johnson! ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto? ¿No se miró siquiera a sí mismo? Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo co­deaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos, ¿qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nos­otros? ¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?

Thomas Carlyle

Arte

In Cultura on 29 noiembrie 2008 at 1:38 am

On black water...

Yuri Bonder

Combate cuerpo a cuerpo entre los vivos y los muertos. Resucitación boca a boca entre el poeta y la palabra. Bésame con el hueco de tu boca, la cueva donde las palabras se excavan, las palabras cubiertas de arena bajo el tiempo. Bésame con el hueco de tu boca y recibiré el don de lenguas.

Jeanette Winterson.